Al hablar, realizamos pausas para tomar aire. Esta acción nos permite separar las palabras y las oraciones, porque nos sería muy difícil pronunciar un discurso extenso sin las pausas requeridas para respirar. Seguramente no lograríamos terminarlo, nos faltaría aire y no cumpliríamos nuestro propósito.

     Las pausas son necesarias e indispensables en la expresión oral, como lo son los signos de puntuación en la lengua escrita; estos signos son: el punto, la coma, los dos puntos, el punto y coma, los puntos suspensivos, los signos de interrogación y admiración, etcétera.

 

 FUNCIÓN QUE CUMPLEN LOS SIGNOS DE PUNTUACIÓN EN UN TEXTO

Los signos de puntuación sirven para separar e indicar las pausas en la expresión escrita y su empleo es muy valioso, pues señalan la relación entre palabras y oraciones; además con ellos podemos manifestar algunos estados de ánimo (tristeza, alegría, temor, sorpresa). También expresamos ironía, interrogación, admiración, duda, incredulidad, incertidumbre, y otras actitudes e intenciones. Por eso es importante utilizar los signos de puntuación con cuidado y exactitud, porque sin ellos la expresión sería incompleta y no lograríamos una comunicación eficiente.

     Analicemos algunos ejemplos y observemos la importancia que tienen los signos de puntuación en la expresión escrita.

     No es lo mismo: cuando llegue Alicia nos iremos, que: ¿cuando llegue Alicia nos iremos?

     En la primera oración se afirma que cuando llegue Alicia nos iremos. En la segunda se está preguntando si nos iremos cuando llegue Alicia.

     Y si decimos: ¡cuando llegue Alicia nos iremos!… expresamos sorpresa al utilizar los signos de admiración y resignación o suspenso con los puntos suspensivos.

     En la expresión: como me esperabas, si colocamos signos de admiración: ¡cómo me esperabas!, expresamos admiración y puede ser una exclamación.

     Si escribimos: ¡cómo!, ¿me esperabas?, expresamos sorpresa e interrogación.

     Y si decimos: ¿cómo me esperabas? estamos preguntando de qué forma.

     En muchas ocasiones un punto o una coma pueden cambiar el sentido de lo que se quiere expresar. Por ejemplo:

     El jurado, culpable lo sentenció.

     El jurado culpable, lo sentenció.

     En la primera oración se expresa que el jurado sentenció como culpable a alguien; en la segunda, expresa que el culpable es el jurado y aún así lo sentenció.

Signos de puntuación en las oraciones compuestas

     Además de las conjunciones y las preposiciones, los signos de puntuación son importantes en la coordinación.

     Las oraciones coordinadas requieren, además de los nexos, un signo de puntuación que aclare la oración o sustituya al nexo.

Los signos de puntuación permiten expresar diversas emociones.

La coma (,)

En la oración yuxtapuesta, la coma se utiliza para separar elementos análogos o para suplir un verbo o un nexo. Por ejemplo:

     El Cid Campeador era un buen vasallo, don Fernando, un buen rey.

     La coma sustituye al nexo y también al verbo para no escribirlo más de una vez.

     La coma se utiliza también cuando pudiera haber confusión. Por ejemplo:

     A Pedro le gustaba el trabajo, y el ocio lo consideraba absurdo.

     En este caso la coma precisa el sentido de la oración, sin ese signo parecería que a Pedro le gustaba tanto el trabajo como el ocio.

     La coma se utiliza también antes de las preposiciones para separar elementos análogos en una serie de dos o más oraciones simples. Por ejemplo:

     Ni tú lo crees, ni yo lo creo.

     Ésta es una oración coordinada formada por dos oraciones independientes que se unen mediante una coma.

El punto y coma (;)

     El punto y coma se utiliza para relacionar aquellas oraciones en cuyo sentido hay proximidad; si sólo ponemos una coma su sentido puede prestarse a confusiones. Por ejemplo:

     La primer parte de la obra era interesante; la segunda, insípida; la tercera, francamente aburrida.

     En esta oración coordinada copulativa la coma suple al verbo y al nexo, y para que no se confundan las oraciones entre sí, se utiliza el punto y coma.

Los dos puntos (:)

Los dos puntos pueden tener función de nexos y unir oraciones. Por ejemplo:

     No dije nada malo: la verdad no es un delito.

     En esta oración compuesta, los dos puntos sustituyen la preposición pues.

     No dije nada malo, pues la verdad no es un delito.

Puntos suspensivos (…)

     Los puntos suspensivos señalan una pausa inesperada o una conclusión vaga, voluntaria, en una oración. En el caso de oraciones simples unidas en una oración compuesta, pueden señalar una elipsis (palabra que está implícita o se sobreentiende) de una de las partes de cada oración simple. Por ejemplo:

     Abrí la puerta y… ¡horror!… Un espectáculo terrible.

     En esta oración, los primeros puntos suspensivos señalan una pausa de expectación entre ambas oraciones, en tanto que el segundo signo de punto suspensivos indica la elipsis del verbo conjugado vi.

     Abrí la puerta y… ¡horror!, [vi] un espectáculo terrible.

     Éstas son las generalidades de cómo se relacionan los signos de puntuación con las oraciones simples.

    Veamos ahora el uso de los signos de puntuación (la coma, los dos puntos, el punto y coma, los puntos suspensivos, los signos de interrogación y admiración) en la siguiente lectura:

La leyenda del ombú

     Dios repartía sus dones a los árboles y éstos se adelantaban a elegir atributos de belleza.

     –Yo quiero ser fuerte –dijo el ñandubay y fue más duro que la piedra, más resistente que el hierro.

     –Mi ideal es ser saludable –exclamó el anacahuita y lo consiguió.

     A la jacaranda le concedieron la agilidad del verso temblante, lírico en la primavera cuando luce su penacho lila maravilloso. El laurel reclamó hojas oscuras y lustrosas. El espinillo se adornó con sus áureos pompones perfumados.

     La pitanga y el guarigú pidieron azucarados frutos. El ceibo se decoró de bellas flores rojas. El tala quiso rudeza india de nudos y espinas. El vivaró, elegancia; el sauce llorón, poesía; la cina-cina, transparencia; el ñapindá avaro reclamó uñas.

     La aruera, un poder misterioso para castigar a los inciviles que no le rindieran homenaje: útiles para la picana del trabajo y para arrancar una sonrisa de júbilo a los niños como armazón de la luminosa cometa.

     Después vino el ombú. Dios le preguntó:

     –¿Qué quieres ser?

     Y él le dijo:

     –Sombra para el descanso de los hombres…

     –Todos la poseen.

     –Corpulencia para ser índice en la vastedad de la llanura, para que el gaucho, desde la lejanía, sienta la emoción del hogar tibio que lo espera. Deseo que mi leña sea débil, esponjosa y frágil; que no resista a una ensambladura o a un clavo. Que se quiebre a la menor presión, que se vuelva polvo al contacto con el sol y de la lluvia.

     Dios, extrañado, le preguntó:

    –Y ¿por qué, ombú, no pides coloridas flores y sabrosos frutos? ¿Por qué no quieres tener una bella madera para fabricar la cuna del niño, la mesa de la familia, el barco para el viaje, el ataúd parra el descanso último?

     –Padre mío –contestó el ombú humildemente–, sé que una vez vino al mundo un hombre bueno que predicaba el amor, la justicia y el bien. Los demás hombres lo persiguieron, lo condenaron y lo sacrificaron en una cruz hecha con el dolor de algún hermano árbol. Aún existen soñadores en la Tierra. Déjame contento, concediéndome lo que pido. Tendré oportunidad para tener la conciencia tranquila, pensando que nunca contribuiré al crimen de asesinar a un justo.

 

 

 

 

 

 

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