Las células de los organismos pluricelulares tienen que organizarse para lograr armonía en el cuerpo.

Cuando un grupo de células son semejantes y desarrollan funciones parecidas, forman un tejido, por ejemplo: las células de la piel forman un tejido llamado epitelial; su trabajo consiste en protegernos del Sol, polvo o microorganismos, así como de eliminar desechos mediante el sudor.

Las células que cubren la superficie de la hoja de una planta también forman un tejido epidérmico que las aísla del medio, las protege y les permite intercambiar sustancias con el medio ambiente en el que viven.

Además del epidérmico, en nuestro cuerpo hay muchas clases de tejidos. El tejido muscular, por ejemplo, está formado por células muy elásticas que trabajan conjuntamente para que podamos movernos, caminar o correr.

Otro tipo de tejido es el nervioso. Está formado por células especializadas que se encargan de llevar mensajes del cerebro a cada parte del cuerpo.

Los huesos también poseen células, que forman el tejido óseo.

Un grupo de tejidos que trabajan conjuntamente para desarrollar una función, forman un órgano. El estómago o el corazón son ejemplos de órganos.

Los órganos no pueden trabajar aisladamente para cumplir las funciones del organismo. El estómago aunque es muy eficiente no podría realizar solo todo el proceso digestivo, requiere de la colaboración de otros órganos.

Cuando un grupo de órganos realiza una función en común, forma a los aparatos y sistemas.

Los sistemas están formados por órganos con tejido semejante, mientras que los órganos de los aparatos tienen tejidos distintos entre sí.

El aparato digestivo está formado por la boca, faringe, esófago, estómago e intestinos, que son un grupo de órganos con tejidos particulares y distintos entre sí que se comunican y trabajan armónicamente para poder realizar su misión: la digestión y absorción de sustancias nutritivas.

El sistema óseo está formado por los huesos y todos los huesos presentan tejido óseo.

Todos los organismos pluricelulares presentan esta jerarquía de trabajo que se conoce como organización celular.

Los seres vivos de mayor complejidad en su organización celular son los mamíferos, y entre ellos está el ser humano. Se calcula que una persona tiene cerca de un trillón de células que tienen que mantenerse en constante comunicación para lograr el desarrollo del organismo completo.

En cambio, existen organismos pluricelulares que a pesar de estar formados por muchas células y realizar funciones semejantes a los de las personas, son mucho más sencillos y por tanto su número de células es menor.