La práctica pedagógica y las investigaciones de fisiólogos, psicólogos y pedagogos confirman que los niños de cuatro a cinco años de edad atraviesan una etapa con características propias; es cuando se forman las premisas de su futura personalidad. Es decir, en dicha etapa se sientan las bases para el desarrollo físico, intelectual y socioafectivo del ser humano.

     En general, desde el nacimiento hasta los seis años de edad se establecen los cimientos para un crecimiento saludable y armonioso del niño. Es un período marcado por un rápido crecimiento y por cambios que son determinados por el entorno; las influencias que el niño recibe pueden ser positivas o negativas, y determinarán cómo será el futuro adulto, cómo serán las futuras generaciones y qué clase de sociedad habrá.

     La rica experiencia de trabajos educativos y diversas investigaciones coinciden en afirmar que los niños de esta edad van construyendo sus matrices de comunicación y aprendizaje a partir de una organización psicomotriz desarrollada por lo menos en cuatro ámbitos:

a) La exploración,
b) La
comunicación,
c) El
equilibrio, y
d) El
afecto.


Características específicas del niño

     Las características del niño de cuatro a cinco años, en el área física son las siguientes:

  • Cambia de ritmo cuando camina.
  • Da saltos a lo largo.
  • Se mantiene sobre una pierna con equilibrio.
  • Lanza pelotas con fuerza y las dirige a un punto.
  • Amarra moños en cintas y agujetas.
  • Traza líneas inclinadas y paralelas.
  • Inventa cuentos fantásticos.
  • Cambia de estado de ánimo.
  • Da explicaciones.
  • Escoge fácilmente alguna actividad.

     

Características del niño en el área social

  • Conoce y respeta las diversas formas de vida.
  • Brinda ayuda a otros miembros de la comunidad.
  • Conoce la historia de la comunidad.
  • Posee y practica hábitos de orden.
  • Diferencia objetos por su longitud y altitud.
  • Identifica diferentes tipos de sonido.

     

Características del niño en el área ambiental

  • Señala semejanzas y diferencias entre animales y plantas.
  • Identifica animales dañinos y benéficos para el hombre.
  • Atiende y cuida algunos animales domésticos.
  • Identifica algunas consecuencias de una mala alimentación.

     

Los niños son el "ombligo del mundo"

     El mundo de los niños de cuatro a cinco años de edad aún es muy pequeño; creen que son el centro de ese mundo, que todos los demás los ven y los escuchan, y que sienten del mismo modo que ellos. Básicamente necesitan recibir ayuda para desarrollarse en cuatro áreas principales: lenguaje (idioma), cognitivo (conceptos mentales), habilidades motrices (músculos) y conocimientos sociales (escuchar, compartir).

     Empiezan a usar símbolos básicos, como por ejemplo un corazón para representar el amor; al mismo tiempo aprenden a relacionar lo gráfico con lo real, cómo son las partes de su cuerpo y las dimensiones de lo grande y lo pequeño. Están en proceso de desarrollar niveles idiomáticos más complejos y su vocabulario aumenta a diario. Necesitan moverse y perfeccionar habilidades motrices tales como cortar y pegar; es cuando dan sus primeros pasos en la escritura y sus trazos comienzan a tener forma y dirección. También deben aprender más acerca de cómo comportarse en la escuela y con sus compañeros de clase; sobre todo necesitan saber que sus esfuerzos tienen éxito para sentirse estimulados y continuar aprendiendo. En esta etapa aprenden a compartir, a esperar su turno, pedir permiso y recoger sus cosas, lo cual es de suma importancia porque constituye la estructura intermedia entre la propia familia y la integración al medio externo que lo circunda.

     Tienen que hacer asociaciones entre categorías mentales, llamados conceptos, tales como: qué es transportación, las estaciones del año, hacer comparaciones y dar su opinión. A esta edad es cuando adquieren las habilidades necesarias para comenzar a leer y escribir. Además, es en esta etapa cuando los hábitos de estudio tales como realizar tarea en casa son inculcados y comienzan a ser parte de su vida escolar.

     Finalmente, estos niños están en proceso de aprender a compartir y llevarse bien con otros en el salón.


El sistema nervioso del niño

     Los avances de la neurociencia nos demuestran que el sistema nervioso, en tanto base de la personalidad del adulto, se forma en los primeros años de vida. Como profesionales de la educación preescolar todos los conocimientos científicos que tengamos con respecto a la importancia de esos primeros años de la vida nos ayudarán a colaborar en el aprendizaje, socialización y desarrollo del niño.

     La facultad de constituir circuitos, conexiones, entre distintas neuronas, no es algo que se conserve a lo largo de la vida. A partir de que el niño o la niña nace, incluso cuando aún está en el útero y el cerebro se empieza a formar, las posibilidades de conexión son prácticamente ilimitadas.

     Desde el nacimiento del niño hasta los seis años tiene lugar una carrera contra reloj que va disminuyendo a medida que el tiempo pasa; a partir de los 7 u 8 años las posibilidades de constituir nuevos circuitos son prácticamente nulas. De ahí la importancia de la etapa de los cuatro a los cinco años de edad.


El juego es una útil herramienta de aprendizaje

     Con frecuencia, los espacios para el niño son limitados en el seno familiar; se le prohíbe que toque determinados objetos y que se suba a ciertos lugares, como por ejemplo la cama o algún sillón, lo cual reduce sus posibilidades de experimentación. Por eso es importante que en la escuela tenga oportunidad de manipular objetos y realizar exploraciones en el espacio que lo rodea.

     Las posibilidades del desarrollo intelectual y cognoscitivo de los niños de cuatro a cinco años es incalculable, el reto para los educadores es encontrar los medios apropiados. Los viejos métodos de reforzamiento, repetición y asimilación excesiva de información han quedado en el pasado y ahora se requiere que busquemos nuevas formas de realización que tengan como base un aprendizaje activo por parte del menor y en el cual la asimilación de los conocimientos se dé en una actividad rica y dinámica, que incorpore al niño de manera activa en el mundo de los objetos y las ideas que lo rodean.

     La forma de actividad esencial de un niño y una niña sanos consiste en el juego. A través de éste toman conciencia de lo real, se involucran en la acción, elaboran su razonamiento y hacen juicios.


El juego facilita el desarrollo del niño

     A través del juego los educadores facilitamos el desarrollo del niño y le infundimos un sentido de afecto, amistad, compañerismo y ternura. También estimulamos su capacidad de observación y de investigación, lo cual crea en él una mayor autonomía.

     El juego es una actividad total; no hay nada más serio para el niño que el juego. A éste se debe, en buena parte, el desarrollo de sus facultades. Es un recurso creador tanto en el sentido físico como mental y ayuda a que se desarrollen en el niño las siguientes cualidades:

a) El ingenio,
b) La inventiva,
c) La
originalidad, y
d) La
imaginación.

     Además, el juego posee un claro valor social porque contribuye a la formación de hábitos de cooperación y ayuda, de enfrentamiento con situaciones vitales y, por lo tanto, contribuye a un conocimiento más realista del mundo. En pocas palabras es una técnica proyectiva de gran utilidad para el educador.

     El juego proporciona el contexto apropiado en el que se pueden satisfacer las necesidades educativas básicas del aprendizaje infantil. Constituye un instrumento mediador que facilita el aprendizaje. Su carácter motivador estimula al niño o niña y facilita su participación en las actividades que a priori pueden resultarle poco atractivas. La actividad lúdica es una alternativa para actividades poco estimulantes o rutinarias y permite el ensayo en una situación en la que fallar no resulta frustrante.

     Por último, conviene recordar que nuestro papel como educadores no consiste en transmitir contenidos al niño o la niña para que los aprenda como producto de esa transmisión, sino en facilitar la realización de actividades y experiencias que, conectados al máximo con las necesidades, intereses y motivaciones de los niños y las niñas, les ayuden a aprender y a desarrollarse de manera óptima.