La evaluación es un proceso permanente, implícito dentro del fenómeno educativo y se ocupa de todas las manifestaciones de la personalidad del estudiante. No puede improvisarse, requiere planeación constante tanto en su desarrollo como en la aplicación; se basa en diferentes valoraciones realizadas a lo largo del proceso, sigue los principios que caracterizan al quehacer científico y debe responder a objetivos claros y precisos.


La evaluación en el aula

     La evaluación es un proceso complejo que va más allá de la simple medición del rendimiento o de la asignación periódica de calificaciones a los alumnos. El propósito fundamental del maestro es ayudar a formar a los alumnos en todos los aspectos, proveer un ambiente en el cual puedan adquirir una cantidad óptima de conocimientos, habilidades, destrezas y actitudes, brindar información evaluativa a los estudiantes en función de sus progresos en el programa educativo y dotarlos de los medios que les permitan discernir sobre cómo pueden mejorar su propio aprendizaje.

     Las dos formas de evaluación que revisten mayor importancia en la relación maestro-alumno son la evaluación diagnóstica y la evaluación formativa. Ocasionalmente se requiere de la evaluación sumaria pero con mucho menos frecuencia de lo que se le emplea en el modelo clásico.

 


Evaluación diagnóstica

     La evaluación diagnóstica es uno de los aspectos decisivos para que el maestro evalúe a los alumnos. El profesor necesita conocer lo que el estudiante sabe y lo que no sabe, de modo que su esfuerzo se vea dirigido hacia las partes del programa educativo, que a su juicio, son las mejores de acuerdo con sus necesidades.


¿Cuándo realizarla?

     La evaluación diagnóstica deberá llevarse a cabo al comienzo de cada año, al empezar cada unidad de información o habilidad o cuando hay un problema de aprendizaje reconocido, por ejemplo, el de un estudiante que falla en una asignatura y que no parece comprenderla.

     Debería acudirse a esta evaluación tan a menudo como las unidades mayores del currículo lo indiquen. La base de la comparación para la evaluación diagnóstica debería construirse en función de los objetivos establecidos para la unidad programática.

     Si el maestro ha determinado un número de propósitos para una unidad dada dentro del área de una materia, la evaluación diagnóstica del estudiante debería de hacerse según los objetivos que pueda y no pueda dominar.


Los instrumentos de prueba

     El maestro debe buscar o desarrollar instrumentos de prueba adecuados para el empleo en la etapa diagnóstica. Desafortunadamente, en América Latina hay muy pocos instrumentos de prueba estandarizados disponibles para propósitos de diagnóstico o formativos. El maestro se ve orillado a la difícil tarea de crear sus propios instrumentos evaluativos.

     Para los maestros y maestras, lo importante es recordar en la etapa de la evaluación diagnóstica, que el propósito de ésta no es clasificar o encasillar al estudiante, sino ayudarlo a iniciar eficazmente sus actividades académicas, determinando la presencia o ausencia de prerrequisitos de habilidades intelectuales y motrices; brindando información acerca de tendencias de aprendizaje o motivación; determinando el nivel previo de dominio del alumno en función del grado y la materia (conocimientos de entrada); analizando al alumno de acuerdo con características que sabe o piensa y que están relacionadas con modos de posibilidades de instrucción, así como determinar las causas fundamentales por las que se dificulta el proceso de aprendizaje.

 


Evaluación formativa

     Es la evaluación que ocurre durante el proceso enseñanza-aprendizaje, que retroalimenta al maestro y al estudiante sobre el progreso de éste último.

     Esta evaluación requiere que el maestro observe y registre constantemente las apreciaciones que indiquen el proceso de aprendizaje de los alumnos. Esta tarea puede simplificarse si el profesor da a conocer a sus alumnos las diferentes actividades por realizar, para que ellos mismos registren sus propios avances.


¿Cuándo realizarla?

     La evaluación formativa debería realizarse fundamentalmente en función de los objetivos establecidos para las unidades o bloques programáticos que el alumno está estudiando y sólo parcialmente en función de la actuación de otros estudiantes.

     Esta evaluación puede ser en forma de pruebas preparadas por el maestro o realizarse simplemente por la observación del estudiante a través de la realización de las actividades escolares cotidianas.

     Otro aspecto importante de la evaluación formativa es que con frecuencia provee al maestro de información sobre aquellas áreas del programa que deben mejorarse, de modo que el maestro pueda sugerir al director de la escuela o al supervisor de la zona, dónde se requieren nuevos materiales, nuevos medios, etcétera.

 


Evaluación sumaria

     La evaluación sumaria, particularmente en función de los estudiantes, deberá emplearse poco. Es necesaria y útil para tomar decisiones binarias (aprobar o desaprobar), pero la escuela no deberá depender tan sólo de mecanismos de selección, sino más bien, de procesos de formación. La evaluación sumaria puede realizarse una o dos veces al año, pero solamente precedida por una buena evaluación diagnóstica y formativa.


¿Cuándo debe realizarse?

     La evaluación sumaria tiene la función de certificar el cumplimiento de una unidad programática, a fin de semestre o del año.

     Es un auxiliar eficaz para tomar decisiones acerca del ingreso en ciertos planteles educativos cuando los solicitantes son más que las plazas disponibles, por ejemplo, el ingreso a la universidad.

     Si un estudiante es sometido a un test sumario, sin haber recibido una evaluación formativa durante el proceso enseñanza-aprendizaje, ni un diagnóstico adecuado de lo que sabe y no sabe, entonces el estudiante está indebidamente sujeto a la evaluación sumaria.

     Reconocer el carácter multidimensional de la evaluación educativa propicia la desmitificación de los exámenes y elimina el sentido de coacción y control que para los alumnos tiene este proceso. En la práctica, se requiere del trabajo conjunto de alumnos y maestros para valorar de manera continua el proceso de enseñanza-aprendizaje con el objetivo fundamental de mejorarlo.