Santa Anna cambiaba de bando según sus propios intereses. Durante su primera presidencia estuvo respaldado por los liberales, así que también los apoyó a ellos. En su gobierno había radicales, como Valentín Gómez Farías, y otros más moderados, como José María Luis Mora. Ellos decidieron eliminar los privilegios de la Iglesia, instaurar la libertad de creencias y de expresión y, sobre todo, la división y venta de las propiedades consideradas "de manos muertas", es decir, pertenecientes a la Iglesia. También redujeron los privilegios del ejército y persiguieron a los masones escoceses. Por tal motivo los conservadores vieron amenazado su estilo de vida y por eso, con el apoyo del clero y del ejército, se entrevistaron con Santa Anna quien, al ver que esas reformas estaban generando la posibilidad de un levantamiento en todo el país, cambió de bando para permanecer en la presidencia.

Antonio López de Santa Anna.     Así, aliado otra vez a los conservadores, Santa Anna disolvió el Congreso nacional y las legislaturas estatales en mayo de 1834. A eso se le llama "autogolpe de Estado", y sería un recurso utilizado por Santa Anna muchas veces más. Con esta medida, él permanecía a la cabeza de un gobierno centralista, que nombraba a las autoridades de todas las entidades desde la Ciudad de México. Algunos estados se rebelaron y en Zacatecas se levantó el general Francisco García Salinas, quien fue derrotado por el propio Santa Anna en mayo de 1835. Como represalia, Santa Anna redujo el territorio zacatecano y creó el estado de Aguascalientes.

Las Siete Leyes

  • Crea un organismo llamado Supremo Poder Conservador, en la Ciudad de México, el cual tenía poder para vigilar a los poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial.
  • Convierte a los estados en Departamentos y sustituye a las legislaturas locales por Juntas de Notables, sujetas al poder central.

     Todos los años de lucha, desde 1810 hasta 1876, habían saturado de problemas al país.

     Como no se podían cultivar muchos campos y el gobierno no podía mantener un control sobre los precios, los comerciantes ocultaban la mercancía para venderla al precio que ellos querían. Numerosos productos dejaron de elaborarse en el país, por lo que algunas personas comenzaron a importarlas ilegalmente. El gobierno necesitaba dinero y tenía que recurrir cada vez más a préstamos, pero como estaba constantemente amenazado por las rebeliones, en lugar de usar ese dinero para solucionar los problemas económicos, empleaba gran parte de los recursos para pagar armas y sostener a los ejércitos que le ayudarían a mantenerse en el poder.

     Por otro lado, la sociedad mexicana de aquel entonces era muy similar a la de la Colonia. Los primeros gobiernos intentaron promulgar leyes que impulsaran el desarrollo de algunos grupos sociales, pero muchas veces esto no tuvo ningún éxito. A pesar de que la Constitución de 1824 proclamaba la igualdad jurídica de todos los mexicanos, en la práctica las diferencias entre pobres y ricos eran enormes.

A pesar de que la Constitución de 1824 les hacía iguales ante la ley, los indígenas siguieron estando entre los grupos más pobres y explotados.     La población indígena seguía viviendo como en tiempos de la Colonia, sujeta a las decisiones de los hacendados y empresarios criollos, mestizos y españoles, quienes una vez libres del poder español se dedicaron a luchar entre sí por controlar al gobierno. Generalmente, los españoles peninsulares y los criollos ricos se identificaban con los conservadores, y los mestizos y criollos pobres con las causas liberales. Los mestizos pobres e indígenas trabajaban muchas veces en jornadas agotadoras y muy pocos de ellos sabían leer o escribir. Muchos niños morían, ya que la atención médica era prácticamente inexistente en muchas regiones y los movimientos militares ayudaban a propagar enfermedades como la sífilis o el cólera.

 

 PROPIEDAD DE LA TIERRA Y SU DISTRIBUCIÓN EN LAS PRIMERAS DÉCADAS DE VIDA INDEPENDIENTE

Dos de las principales actividades económicas de la Nueva España eran la minería y el comercio.

     Muchas de las grandes haciendas de la época colonial habían sobrevivido a la guerra de independencia pero ahora, libres del yugo español, podían vender sus productos no sólo en México, sino también a otros países como Estados Unidos o Inglaterra. Esto contribuyó al desarrollo de cultivos como el algodón y la fibra de henequén.

     Los dueños de las grandes plantaciones y haciendas deseaban poseer más tierras para aumentar su producción y así obtener más ganancias. Algunos vieron que los pueblos indígenas y la Iglesia tenían muchas tierras fértiles, y por eso influyeron para que se decretaran leyes enfocadas a lograr la desamortización o venta pública de esas propiedades. Las tierras comunales de los indígenas, que les habían pertenecido por generaciones, fueron invadidas y traspasadas a las grandes haciendas propiedad de militares y políticos de la época.

     Junto con los desórdenes causados por las constantes rebeliones, muchos militares dueños de grandes fincas, conservadores o liberales, se dedicaron al tráfico de productos de las haciendas, lo que se convirtió en un buen negocio para los capitalistas ingleses y norteamericanos que comerciaban estos productos y en su lugar traían a México objetos de lujo y armas.

     Ante estas enormes haciendas se encontraban las pequeñas granjas y fincas que afrontaban todo tipo de problemas para sobrevivir, por ser más débiles y frágiles. Por ejemplo, si el precio de algún producto como el maíz bajaba, los pequeños propietarios no ganaban lo suficiente, y por eso muchas veces se endeudaban o tenían que vender sus propiedades a los grandes hacendados, quienes no resultaban tan afectados por los cambios de precio.

     Muchos de estos pequeños propietarios se establecieron hacia el centro y norte del país, cerca de las ciudades mineras y comerciales, con lo que su existencia se debía en gran parte a que abastecían casi exclusivamente a estos puntos de actividad económica regional.

 

 LA MINERÍA

Mientras que el campo tuvo pocos cambios, actividades como la minería registraron grandes transformaciones. Libres para comerciar y exportar sus productos a otros países y de recibir dinero para su desarrollo, la minería en México podía haber tenido un gran auge. Sin embargo, los diez años del movimiento de independencia afectaron gravemente la producción, la cual disminuyó a niveles alarmantes.

     Sin embargo, ya en la época de la primera república federal, uno de los principales impulsores de esta industria fue Lucas Alamán, quien preparó un proyecto de apoyo a la minería y, asociado con inversionistas ingleses, consiguió el aumento de la producción de plata en las minas mexicanas hasta cuatro veces más. Esto resultó en muchas ganancias para los ingleses mientras el precio de este metal precioso estuvo alto en todo el mundo.

     Para la minería mexicana, las exploraciones de los europeos en otros países llevaron al descubrimiento de grandes yacimientos de ese metal en África. Al ser más abundante en el mundo, el precio de la plata se redujo considerablemente. Además, la plata mexicana tenía precios más altos porque los costos de producción eran mayores, ya que las minas contaban con menos maquinaria. Estos factores provocaron que, para los extranjeros, el metal mexicano dejara de ser tan buen negocio, por lo que el proyecto de revitalizar la minería mexicana comenzó a ser demasiado caro. Aun así, Alamán convenció a más inversionistas ingleses de que invirtiendo en las minas de México para dotarlas de maquinaria moderna, podrían volver las grandes ganancias.

     Con todo y eso, el proyecto se vino abajo poco a poco, aunque hubo una breve época en que los precios de la plata subieron lo suficiente para conseguir nuevas inversiones. La explotación de las minas de plata mantuvo un nivel modesto durante el resto de la primera mitad del siglo XIX.

     Aun así la plata mexicana fue uno de los principales productos de exportación del país y México contribuyó a su expansión comercial en el mundo.

 

 EL COMERCIO Y LAS ADUANAS

El comercio de la Nueva España estaba controlado por la Corona española, así que no se podía comerciar con el resto del mundo. Esta situación cambiaría después de la independencia, cuando desaparecieron esos obstáculos. A partir de entonces, los mexicanos pudieron comerciar libremente con otros países, y desde los primeros años de vida independiente, nuestro país duplicó sus exportaciones.

     Al no haber comunicación entre sí o con el centro de México, muchas regiones buscaron vender sus productos directamente a otros países más cercanos o mejor comunicados. Por ejemplo, los estados del norte mantuvieron un floreciente comercio con el sur de los Estados Unidos por medio del famoso "Sendero de Santa Fe". Caravanas de mulas iban desde Chihuahua o Zacatecas hasta Santa Fe, Nuevo México, desde donde los productos se enviaban hacia Missouri o Louisiana, donde la mercancía pasaba al puerto de Nueva Orleáns y de ahí a Europa.

     El principal comercio internacional de México durante el siglo XIX se hacía a través de los puertos de Veracruz y Tampico, en el golfo de México. El gobierno mexicano dependía en gran medida del dinero que producían estas aduanas marítimas por concepto de impuestos.

     Yucatán era otro estado que tenía un gran intercambio de productos con el extranjero, en especial con la isla de Cuba, y a través de ella con la propia España.

     Algunos puertos del Pacífico también mantenían intercambio con el oriente, hacia Filipinas, donde la plata mexicana se cambiaba por toda clase de objetos, generalmente artículos de lujo.

     Por eso militares como Santa Anna procuraban siempre mantener bajo su control las aduanas marítimas de Veracruz y Tampico. Esto les facilitaba derrotar a cualquier fuerza que se apoderara de la Ciudad de México, ya que cualquier gobierno que se estableciera en nuestro país dependía en gran parte de lo que cobraba por concepto de impuestos al comercio internacional. Simplemente bastaba con interrumpir el envío de dinero al gobierno central para que éste se tambaleara por falta de recursos económicos.

 

 DISTRIBUCIÓN TERRITORIAL DE LA POBLACIÓN. DESPOBLAMIENTO DEL NORTE Y SITUACIÓN EN LAS FRONTERAS

La gente estaba distribuida de manera desigual. En el norte la densidad poblacional era tan baja que los gobiernos de la primera mitad del siglo XX pensaron en proyectos de colonización con el objeto de que dichos territorios no se perdieran y así pacificar a los llamados "indios bárbaros" que asolaban la frontera, aún sin definirse totalmente entre México y los Estados Unidos. Durante la época colonial, algunas bandas de estas naciones indígenas se dedicaron al saqueo de las colonias españolas del norte. La Corona española les denominaba "indios bárbaros del norte" y estableció un sistema de bases militares, conocidas como "presidios" para evitar sus incursiones. Después de la independencia, los diferentes gobiernos descuidaron los presidios y los indígenas asolaron la región una vez más.

División política de México durante la primera mitad del siglo XIX.

     El sureste se encontraba separado casi totalmente del resto del territorio nacional, ya que las comunicaciones con esta región eran casi exclusivamente por mar. En la península yucateca, los españoles, criollos y mestizos mantuvieron una dominación brutal sobre los indígenas mayas, los cuales se levantaron en contra de sus opresores durante la llamada "guerra de castas", que ocurrió en 1847.

     La región con más habitantes de México durante el siglo XIX fue la centro-sur, donde se encontraban las ciudades más grandes como Puebla, Guadalajara y, desde luego, la Ciudad de México. Aquí se concentraba el comercio y las instituciones políticas más importantes del país.

     El sur se encontraba también mal comunicado. Ahí, algunas regiones como Chiapas aún no tenían una frontera definida con Guatemala, especialmente en la región del Soconusco, la cual fue anexada a México hasta 1842. Por otro lado, los ingleses se habían establecido hacía varias décadas en Belize, desde donde hacían comercio de contrabando con Yucatán y Chiapas.

 

 

 

 

 

 

 

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