SANTA ANNA: FIGURA POLÍTICA REPRESENTATIVA DE LA ÉPOCA

El general Antonio López de Santa Anna, uno de los personajes mexicanos más importantes del siglo XIX, fue uno de los caudillos más admirados por liberales y conservadores, quienes luchaban constantemente por ganarse su apoyo, a tal grado que las primeras décadas de vida independiente de México son a veces llamadas época de Santa Anna. Esto debido a que Santa Anna fue presidente de la república once veces.

Antonio López de Santa Anna.     Nacido en el estado de Veracruz, fue oficial del ejército realista en la provincia de Texas. Luego de varios años de combatir a los ejércitos insurgentes, Santa Anna se encontró de pronto en las filas del ejército de Iturbide, con los que permaneció hasta la consumación de la independencia. Fue uno de los generales más jóvenes del mismo y se levantó en armas contra el imperio de Iturbide. Apoyado por los antiguos independentistas, ayudó a la instalación de la primera república federal en 1824.

     Como la Corona española no reconoció a nuestro país su independencia cuando se proclamó, generó el temor de la gente a una nueva invasión, por lo que se intensificaron los esfuerzos para conseguir que la fortaleza de San Juan de Ulúa, en Veracruz, se rindiera. Esto sí ocurrió y la fortaleza cayó en manos de los mexicanos el 18 de noviembre de 1825.

     Sin embargo, ahí no terminaron los temores de una invasión, ya que muchos antiguos peninsulares aún tenían la esperanza de que esto sucediera. En 1826 se descubrió una supuesta conspiración de este grupo, lo cual generó un sentimiento antiespañol en todo México, que condujo a decretar la expulsión de todos los españoles del país, aunque esto representó un gran golpe a la economía nacional.

     Pese a esto, el gobierno del presidente Victoria no era lo suficientemente fuerte. El 25 de noviembre de 1825 su propio vicepresidente, Nicolás Bravo, se levantó en armas en su contra. Guadalupe Victoria mandó llamar a Vicente Guerrero, quien aplastó la insurrección de Bravo. Los federalistas declararon que ningún gobierno podría ser legítimo si se apoyaba en una rebelión contra el orden establecido y con esta justificación mandaron a muchos centralistas al exilio.

     No pasaría mucho tiempo antes de que los liberales tuvieran que probar en carne propia esas ideas. Para las elecciones presidenciales de 1828, los centralistas presentaron la candidatura de Manuel Gómez Pedraza, mientras que los federalistas-liberales apoyaron a su héroe del momento, Vicente Guerrero. Gómez Pedraza fue el vencedor, pero los liberales no iban a dejar las cosas así. Viendo Santa Anna que los conservadores no podrían mantener su gobierno por mucho tiempo ante los militares liberales, hizo lo que sabía hacer mejor: se adelantó a las circunstancias y desconoció el resultado de la elección.

Vicente Guerrero.     El 16 de septiembre de 1828, Santa Anna se rebeló en Jalapa en favor de la presidencia de Vicente Guerrero. Lorenzo de Zavala y el general José María Lobato ocuparon la Ciudad de México donde el pueblo, animado una vez más en contra de los españoles, saqueó el mercado "El Parián", que ocupaban principalmente comerciantes peninsulares. Este hecho, conocido como el motín de la Acordada, propició que el Congreso declarara nula la elección de Gómez Pedraza; además, se nombró presidente a Vicente Guerrero y vicepresidente a Anastasio Bustamante, un militar y político de ideas liberales.

     Una vez hecho esto, Santa Anna retornó a Veracruz con el cargo de gobernador y comandante militar de la región, y ahí esperó una vez más la oportunidad de lanzarse sobre la presidencia.

     Esa oportunidad no tardó en llegar. Con el objetivo de reconquistar México, un ejército español dirigido por el general Isidro Barradas desembarcó en las costas de Tampico, de julio a septiembre de 1829. A pesar de que Santa Anna no contaba con suficientes hombres y sus recursos y armamento eran sumamente limitados, como ocurría con todos los ejércitos mexicanos, salió a enfrentar la invasión.

     Barradas se mostró poco agresivo y esto, aunado a la siempre extraña suerte de Santa Anna, llevó a la rendición del ejército invasor. Al saberse la noticia en todo el país, Santa Anna fue elevado a la categoría de héroe nacional y su popularidad no tuvo límites. Ahora tenía tanto poder como para influir directamente en el presidente de la república.

     Durante la invasión de Barradas, el presidente Guerrero mandó movilizar al ejército y, en previsión de una invasión, colocó un gran número de fuerzas en la ciudad de Jalapa, al mando del vicepresidente Bustamante. Éste, que a pesar de tener ideas liberales estaba de acuerdo con los conservadores, se rebeló en contra de Guerrero y marchó hacia la Ciudad de México, donde entró triunfante y fue declarado presidente.

     Entre las primeras obras de Bustamante estuvo el asesinato a traición de Guerrero, así como una serie de medidas en contra de la Constitución de 1824 que, aunque no fue derogada, se nulificó por completo. El campo ahora sería propicio para que centralistas y federalistas se enfrentaran directamente en una lucha que muchas veces resultó sangrienta. En medio de ésta se encontraría la figura del general Antonio López de Santa Anna.

 

 DIFERENCIAS ENTRE CENTRALISTAS Y FEDERALISTAS

Hasta ese momento la forma de gobierno de México era una república federal, pero al llegar Anastasio Bustamente al poder, se adoptó el centralismo, que consistía en que un gobierno central, en este caso desde la Ciudad de México, tomara todas las decisiones de interés para los estados, dejando sólo algunos asuntos para ser decididos en cada región. Eso ya había sucedido durante la época de la Nueva España, en que todos en el país debían acatar las órdenes del virrey, quien representaba a la Corona española.

     Después de la independencia, muchos pensaban que esa forma de gobierno debía seguir existiendo en nuestro país, aunque ya sin la dominación española. Los centralistas contaban con el apoyo de la Iglesia y de algunos grupos de personas ricas.

     También había el intento de regresar a la época de los fueros y privilegios, donde durante la época de la colonia algunos grupos, especialmente los militares y los eclesiásticos, habían gozado de más derechos que la mayoría de la población.

     Otra cosa que defendían los centralistas era que, al ser católicos la gran mayoría de los mexicanos, no debía permitirse ninguna otra religión.

     Para luchar por todas esas causas y poder organizarse mejor, tanto centralistas como federalistas formaron una especie de grupos secretos, conocidos como logias masónicas. Estos son grupos que nacieron en Europa durante la Edad Media, compuestos por personas que se ayudan mutuamente para lograr sus propósitos. Cada uno reconoce a los otros miembros del grupo como sus hermanos. Esa unión les daba poder y capacidad suficiente para influir en muchos asuntos cotidianos.

     Las logias fueron introducidas por dos representantes extranjeros. Los conservadores o centralistas se asociaron con el llamado "Rito Escocés", apoyado por los embajadores de Francia e Inglaterra, países que tenían gran interés en México para ampliar su influencia y aprovisionarse de materias primas, a la vez que desde nuestro territorio podrían competir más directamente con el naciente comercio internacional estadounidense, que ya controlaba importantes mercados internacionales como el del algodón.

Joel R. Poinsett.     En tanto, los liberales o federalistas se hicieron miembros del llamado "Rito Yorkino", el cual fue apoyado por el embajador de Estados Unidos, Joel R. Poinsett, quien llegó a México en 1822. Poinsett tenía órdenes de su gobierno para conseguir la venta o cesión de territorio mexicano a Estados Unidos y usó la logia con ese fin. Los liberales veían en Estados Unidos un modelo a imitar en muchos sentidos, tanto en su forma de aplicar el federalismo como en su rápido desarrollo económico, por lo que inmediatamente se identificaron con el rito Yorkino y se hicieron masones. Esta relación fue frecuentemente aprovechada por Poinsett, quien intentó a toda costa cumplir su misión en México. Sus métodos fueron tan directos, que el gobierno mexicano tuvo que pedir su salida por interferir en los asuntos internos del país.

     Anastasio Bustamante llegó a la presidencia de la República encabezando a los centralistas. Sin embargo, era de un carácter tan débil que ante el temor de que se desarrollaran conspiraciones en su contra, prohibió y persiguió a las logias masónicas de ambos ritos. Esto no le sirvió de mucho, pues el 2 de enero de 1832 el siempre inquieto Santa Anna, al ver que el gobierno en manos de los conservadores no duraría mucho, se levantó otra vez en armas.

     La guerra se extendió otra vez por todo el país, hasta San Luis Potosí y Texas, donde Lorenzo de Zavala desconoció al gobierno centralista y de hecho declaró la independencia de aquel estado por vez primera. Bustamante tuvo que firmar los convenios de Zavaleta, por los cuales se comprometía a restablecer el federalismo y se proclamó a Manuel Gómez Pedraza como presidente, para que terminara el periodo presidencial que había comenzado en 1829 y que Vicente Guerrero interrumpió.

     Nuevamente los liberales estaban en el poder, más fuertes que nunca por contar con el apoyo de Santa Anna y otros militares, así que decidieron llevar hasta sus últimas consecuencias su programa de reforma general de México. Tres meses después, al expirar el periodo presidencial de Gómez Pedraza, Antonio López de Santa Anna fue declarado presidente. Sería la primera vez que ocuparía el cargo, pero no la última.

 

 

 

 

 

 

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