El gobierno de Victoriano Huerta fue reconocido por casi todos los gobernadores de los estados, con excepción de Coahuila y Sonora, pero los asesinatos de Francisco Indalecio Madero y de José María Pino Suárez le impedían legitimar su poder. La lucha se intensificó en todo el país, ahora en contra del gobierno de Huerta, al que se consideraba un usurpador.

Huerta (al centro de la fotografía) usurpó la presidencia.     Huerta quiso estabilizar al país buscando el apoyo del Congreso, pero fracasó. Entonces persiguió a los legisladores, ordenó incluso el asesinato de Belisario Domínguez por haber pronunciado un discurso en su contra, disolvió las cámaras de diputados y senadores y pospuso indefinidamente las elecciones; se declaró él mismo presidente permanente e intentó obtener el apoyo de los rebeldes orozquistas en el norte y de los zapatistas en el centro y sur de la República. Pascual Orozco aceptó el trato y se alió con Huerta, pero Zapata no confió en él y mantuvo la rebelión agraria. Esto animó a otros a lanzarse a la lucha contra Huerta y buscar un nuevo gobierno, que fuera legitimado con un nuevo pacto social para todos los mexicanos: la Constitución.

 

 

 DEFENSA DE LA CONSTITUCIÓN Y LA REVOLUCIÓN SOCIAL

Los estados de Coahuila y Sonora no reconocieron al gobierno huertista. Venustiano Carranza, gobernador coahuilense y ex senador, desconoció a HuertaVenustiano Carranza como presidente y convocó al país a combatir al usurpador. El gobernador de Sonora, José María Maytorena, se sumó a la causa. El 26 de marzo de 1913 se firmó en la hacienda de Guadalupe, Coahuila, el plan del mismo nombre. Muchos oficiales y simpatizantes de la legalidad lo apoyaron y formaron el Ejército Constitucionalista al mando de Venustiano Carranza.

     El plan de Guadalupe preveía que, al triunfo de los constitucionalistas, Carranza ocuparía la presidencia de manera provisional mientras convocaba a elecciones, por lo que sus partidarios se referían a él como el "Primer Jefe". El plan de Guadalupe fue de gran importancia política, mas no contenía ninguna de las demandas agrarias planteadas por los zapatistas, ni los puntos pedidos por los obreros. Esto causó división entre los ejércitos revolucionarios.

     A pesar de todo, el Ejército Constitucionalista sumó a sus filas a miles de campesinos, trabajadores, pequeños propietarios, maestros y en general a gente de las clases populares, quienes veían en Carranza al sucesor legítimo de Madero. Las fuerzas constitucionalistas se dividieron en tres cuerpos militares: la División del Norte, comandada por Francisco Villa y con base en Chihuahua; el Ejército del Noroeste, en Sonora, al mando de Álvaro Obregón; y el Ejército del Noreste, en Tamaulipas y Nuevo León, al mando de Pablo González.

     Villa avanzó por el centro; Obregón por la costa del Pacífico, y Pablo González se limitó a consolidar su posición regional. A su paso por diferentes poblaciones, miles de personas se unieron al constitucionalismo. Había militares notables, como el general Felipe Ángeles, comandante de muchas de las victorias de la División del Norte; Plutarco Elías Calles, que con el tiempo llegó a ser presidente de México; Francisco J. Mújica y Manuel M. Diéguez, que formaron la representación obrera del ejército carrancista.

Los corridos sirvieron para dar a conocer los triunfos revoolucionarios.     También es importante señalar que se unieron al constitucionalismo cientos de indígenas yaquis y rarámuris, ante la promesa de obtener la devolución de sus tierras. Estos cuerpos indígenas prestaron servicios inapreciables en distintas fases de la guerra; cientos de ferrocarrileros del Pacífico, así como campesinos, contribuyeron con su vida al triunfo de la causa. Estos grupos le dieron una amplia base social que fue importante en la construcción del nuevo régimen y de la nueva Constitución, pues sus demandas sociales y económicas se integraron a las más importantes modificaciones de 1917.

La situación en México en 1913

En noviembre de 1913, Álvaro Obregón tomó Culiacán y completó su control sobre Sonora y Sinaloa. Entonces comenzó a preparar su avance sobre el centro del país.

     Por su parte, el jefe de la División del Norte, Francisco Villa, tomó poblaciones importantes del estado de Chihuahua. En septiembre de 1913 tomó la ciudad de Torreón, un nudo ferroviario que lo proveyó de municiones, equipo y pertrechos, además de darle una gran movilidad a su ejército mediante el uso de trenes militares. Usando este medio de transporte, Villa atacó la ciudad de Chihuahua, pero fue rechazado por las tropas federales; tomó Ciudad Juárez y regresó con un ejército mejor armado y equipado. Chihuahua cayó en poder de la División del Norte el 8 de diciembre de 1913. En enero de 1914 derrotó a un importante ejército huertista en la batalla de Ojinaga, y consolidó el control completo del estado.

 

 

 ORÍGENES SOCIALES Y DEMANDAS DEL MOVIMIENTO REVOLUCIONARIO

Los ejércitos revolucionarios estaban formados en su mayoría por trabajadores del campo y sus demandas se centraban en el reparto de latifundios. En épocas de la Reforma y la República restaurada, miles de hectáreas pertenecientes al clero se pusieron a la venta y fueron compradas por grandes hacendados liberales que aumentaron sus propiedades. También fueron vendidas muchas hectáreas de propiedad colectiva de pueblos indígenas, quienes se vieron obligados a trabajar en las haciendas.

     Los peones acasillados en las grandes haciendas y los campesinos libres, pero empobrecidos, fueron la base social que nutrió al movimiento zapatista, cuyas demandas fueron sintetizadas por el lema zapatista "Tierra y Libertad".

     La otra base social importante de la Revolución fueron los obreros, quienes demandaban mejores salarios, jornada laboral más corta, seguridad social para ellos y sus familias, igualdad de salario para trabajos iguales, y derecho a organizarse para luchar por mejores condiciones de vida, es decir, el derecho a sindicalizarse y el derecho de huelga.

Los campesinos eran víctimas de abusos e injusticias durante el porfiriato.     En el Porfiriato, los trabajadores habían sido sobreexplotados por los patrones, quienes constantemente amenazaban con despedir a quien protestara por los maltratos y bajos salarios. Las pocas veces en que, de manera heroica, algunos trabajadores habían declarado la huelga para demandar mejores condiciones, fueron reprimidos brutalmente por el gobierno.

     Durante las primeras etapas de la lucha armada, muchos grupos de obreros se mantuvieron neutrales. Huerta buscó su apoyo permitiendo más libertad de organización que en el régimen de Madero, pero la clase proletaria no simpatizó con el usurpador. Los obreros organizados no se sumaron ni a Huerta ni a Carranza, si bien fueron un grupo de lucha importante en etapas posteriores.

     Por último, en los ejércitos revolucionarios también militaban integrantes de la pequeña burguesía mexicana, en especial la del norte del país. Este sector estaba compuesto por maestros, pequeños propietarios, burócratas y profesionales, que se convirtieron después en oficiales del Ejército Constitucionalista, y sus demandas eran diversas, pero generalmente enfocadas a conquistas de tipo político, tales como la libertad de prensa, elecciones limpias y democráticas, no reelección, respeto a los derechos individuales, etcétera. Además, dicho sector de la sociedad consideraba estas conquistas como la base de los cambios de la nación y las colocaba en primer lugar. Muchos de los integrantes de los sectores medios cambiaron de bando varias veces durante el conflicto, demostrando con ello que su base social era débil y sus objetivos poco definidos. Las diferencias entre los grupos revolucionarios no se debían sólo a sus distintos estratos sociales: también había hondas diferencias regionales, que hacían aún más difícil la labor de construir un país nuevo.

Diversidad regional de la Revolución

México siempre ha sido un país de grandes contrastes regionales que se reflejaron en los ejércitos revolucionarios. Desde la época porfirista, el norte (que inició su desarrollo en la segunda mitad del siglo XIX) representaba una zona de relativa prosperidad en relación con el centro del país. Los campesinos norteños, por lo general, no estaban acasillados en las haciendas, sino que eran trabajadores libres que se contrataban por un salario. Los reclamos de restitución de tierras comunales, tan frecuentes en el centro del país, no eran la regla en el norte, y sí la lucha contra los terratenientes y la explotación.

Uno de los reclamos revolucionarios era aumentar la educación pública.     Mientras Emiliano Zapata y sus hombres luchaban por un reparto agrario equitativo y el respeto a las instituciones colectivas como el ejido; en el norte los villistas pensaban en una reforma agraria basada en la creación de pequeños propietarios rurales, inspirada en el modelo estadounidense.

     En los estados de Sonora y Coahuila, las autoridades civiles y militares se convirtieron en los jefes y oficiales del Ejército Constitucionalista, lo que les dio supremacía sobre los jefes de otras entidades de la República, quienes se fueron sumando más tarde a la Revolución. Ésta fue una de las razones por las que el norte del país se convirtió en cuna de la mayoría de los políticos y militares importantes de México por una gran parte del siglo XX.

La situación en 1914

El 2 de abril de 1914, las tropas de la División del Norte tomaron la ciudad de Torreón, se apoderaron de una importante red ferroviaria y de la rica región de La Laguna, y se prepararon para tomar Zacatecas, último punto fuerte del huertismo en el camino hacia el centro de México.

     Por su parte, los zapatistas rescataron Chilpancingo e Iguala de las fuerzas huertistas, las cuales comenzaron a retroceder en casi todo el territorio.

     El gobierno de Huerta se tambaleó cuando los estadounidenses desembarcaron tropas y ocuparon el puerto de Veracruz, interrumpiendo el abastecimiento de armas para el ejército federal. Esta injustificada intervención por parte del gobierno de Estados Unidos tuvo como pretexto un incidente entre marinos, pero su intención verdadera fue influir en los asuntos internos de México.

     Durante todo el periodo revolucionario, el gobierno estadounidense mantuvo la política de no reconocer a ninguna de las facciones, pero de brindar su apoyo a la que ofreciera garantías a sus intereses. Como el gobierno de Huerta no podía tener el control del país, Estados Unidos de América tomó medidas de apoyo a los constitucionalistas, como levantar el embargo a la venta de armas a México, instaurado en 1913. Esta acción benefició a los constitucionalistas, que controlaban la frontera norte.

 

 

 CARRANCISMO, VILLISMO Y ZAPATISMO

Carranza protestó enérgicamente por la intervención estadounidense en Veracruz y llamó a la unidad del país. Con esto ganó legitimidad, pero los triunfos resonantes de la División del Norte, que seguía ganando terreno hacia el centro del país, opacaban de alguna forma la figura del "Primer Jefe".

Zapaya reivindicó los derechos campesinos.     Con la toma de Torreón, la División del Norte había ganado una considerable autonomía. Rica en hombres y mejor equipada, comenzó a ser reconocida como uno de los mejores cuerpos del ejército revolucionario. La guardia de Villa, llamada "Los Dorados", fue conocida rápidamente por los soldados federales, quienes preferían rendirse a enfrentarlos. Carranza temió que ese ejército se saliera de su control, así que evitó enviar a los villistas a nuevas campañas donde pudieran destacarse. Para la toma de Zacatecas, la División del Norte estaba lista para el asalto, pero Carranza ordenó retomar Saltillo. El estado mayor de Villa, entre quienes se encontraban brillantes militares de carrera como Felipe Ángeles, consideró absurda esta orden y pidió su reconfirmación. Carranza lo hizo y días más tarde la División del Norte retomó Saltillo.

     Carranza movilizó al Ejército del Noroeste, al mando de Pánfilo Natera, para tomar Zacatecas. Villa y su estado mayor expresaron su inconformidad, pues las fuerzas de Natera, inferiores en número, se dirigían a la derrota. Carranza reconfirmó el mandato y ordenó a Villa enviar algunas compañías en apoyo de Natera. Villa renunció al comando de la División del Norte. Carranza ordenó a los oficiales elegir entre ellos a un sustituto de Villa, pero ellos desconocieron a Carranza como "Primer Jefe" y declararon libre y autónomo al ejército villista. Entonces Villa, al frente de sus hombres, en sangrienta batalla tomó Zacatecas y decidió el fin de Huerta. Los villistas se presentaron como una facción independiente, libre del control de los carrancistas.

     A mediados de 1914 había cuatro grupos armados independientes en México: carrancistas, huertistas, villistas y zapatistas. De éstos, los huertistas se batieron en retirada tras la derrota de Zacatecas, por lo que era cuestión de tiempo su caída definitiva. Los carrancistas, que enarbolaban la bandera de la legalidad y la defensa de los principios constitucionales, buscaban la estabilidad política del país y la implantación de un sistema parlamentario.

     Los ejércitos villista y zapatista tenían contingentes y líderes de la misma clase popular, con la diferencia de que los zapatistas siempre tuvieron un objetivo en mente: lograr la justicia en el campo, para lo cual elaboraron programas de lucha y reivindicaciones específicas. Los integrantes de la División del Norte, pese a su probada bravura y combatividad, carecían de un programa social definido. Algunos jefes villistas, influidos por la ideología maderista, pensaban en una nueva clase agraria, compuesta por pequeños propietarios, los cuales se desarrollarían en forma parecida a los pequeños granjeros estadounidenses.

     Estas diferencias entre las distintas facciones revolucionarias son las bases que explican la victoria de los carrancistas, la persistencia de las demandas y luchas zapatistas, y la desaparición del villismo en las décadas subsiguientes.

 

 

 

 

 

 

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