LA CONSOLIDACIÓN DE LOS ESTADOS EUROPEOS

En el siglo XV se inició un proceso de reorganización política y territorial en Europa, que dio paso al Estado nacional moderno. El fortalecimiento de la monarquía se produce porque los reyes, aliados con los burgueses, lograron someter el poder local de los señores feudales o de la nobleza territorial, así como el del alto clero, sentando de este manera las bases del sistema político conocido como absolutismo.

Propiedades de la burguesía. Este proceso se dio porque los reyes se vieron forzados a proteger a los burgueses del reino tanto en sus actividades comerciales como en sus propiedades. A cambio, éstos pagaban impuestos que permitían al rey contratar mejores ejércitos.

Con el dinero obtenido, los monarcas compraban armas de fuego y sostenían a sus ejércitos y flotas armadas. Con la fuerza militar y económica que poseían, los reyes lograron unir a ciudades y feudos con cultura similar, ya que compartían la misma lengua, tradiciones, costumbres y creencias.

El poder militar hizo que los soberanos lucharan entre sí por territorios en Europa e impulsaron el dominio colonial en el mundo. Por esto se establecieron divisiones territoriales internas y fronteras entre las nuevas naciones.

Para administrar sus Estados, los reyes recurrieron a la burocracia, un cuerpo permanente de funcionarios a su servicio, entre cuyas tareas administrativas estaba el cálculo de impuestos y gastos; además formaron un cuerpo de diplomáticos o embajadores encargados de mantener relaciones con otros Estados nacionales.

El primer Estado nacional fue Francia, como resultado de la llamada guerra de los Cien Años (1337-1453). Inglaterra pretendía la posesión de algunos feudos que estaban en territorio francés, lo que originó la guerra entre ambos; durante el conflicto, la burguesía francesa apoyó económicamente a su rey. Esta conflagración despertó en los franceses un sentimiento de identidad y patriotismo que fortaleció y consolidó al Estado francés.

De 1455 a 1485, en Inglaterra se enfrentaron dos familias feudales: los Lancaster y los York. Al triunfo de los primeros, subió al trono Enrique VII, apoyado por los burgueses, iniciándose así la dinastía de los Tudor. Los problemas que motivaron la guerra, que se llamó de las Dos Rosas, quedaron resueltos cuando el rey contrajo matrimonio con una princesa de los York, consolidándose el Estado inglés.

España nació como Estado nacional en 1492, cuando los reyes católicos, Fernando de Aragón e Isabel de Castilla, unificaron sus reinos después de vencer y expulsar a los árabes, quienes habían dominado la península durante ochocientos años.

En Rusia, Iván III consolidó el poder y se autonombró zar de todas las Rusias en 1480, cuando logró expulsar a los mongoles, quienes, procedentes de China, dominaban muchos de los feudos en que estaba dividido ese territorio.

En Austria también se dio un proceso donde los reyes se fortalecieron como consecuencia de haber derrotado a los señores feudales y de la unificación de territorios.

EL ABSOLUTISMO

Los Tudor fueron una dinastía de reyes ingleses que gobernaron desde finales del siglo XV a principios del siglo XVII.El absolutismo fue un sistema de gobierno que se desarrolló en Europa entre los siglos XVI y XVII; se caracterizó por que los monarcas concentraban y ejercían el poder de manera unipersonal y sin límites, justificando su legitimidad en los principios del origen divino y la herencia.

La política económica de los reyes absolutistas fue, en ese sentido, proteccionista, porque se desarrolló gracias al apoyo que el Estado daba al comercio al bajar impuestos y otorgar subsidios. Se establecieron instituciones económicas y financieras para regular la circulación monetaria: la casa de moneda, casas de cambio, bancos y bolsas de valores. Mediante la burocracia, el ejército y la armada, el Estado garantizaba controlar las actividades económicas del reino, reglamentarlas y protegerlas de naciones europeas rivales.

Los monarcas absolutistas obtenían recursos económicos, en muchas ocasiones, del uso de metales preciosos como el oro y la plata, llevados de América, para las transacciones comerciales, al mismo tiempo que se impedía la salida de éstos del reino. De esa manera los reinos registraban balanzas comerciales positivas al favorecer las exportaciones y limitar las importaciones de mercancías y materias primas.

El poder de los monarcas se justificaba por la tesis del "derecho divino", esto es, que recibían el poder de Dios o lo heredaban de un rey que –a su vez- lo habían recibido de la misma forma. Quien cuestionaba esto era considerado hereje, de modo que los reyes no tenían que rendir cuentas a nadie. Se daba por hecho que las personas nacidas en el seno de una familia noble tenían ciertos derechos, lo cual originó un sistema de privilegios para las clases gobernantes.

Con la unificación de los feudos, se transformó también la vida cotidiana. Las ciudades –poco importantes en la Edad Media–, se volvieron paulatinamente centros de cultura y poder al crecer en población e importancia. En particular, fue fundamental el establecimiento de una ciudad capital donde habitaban el rey y su corte.

Un ejemplo de esto es la ciudad de Madrid, elegida por Felipe II como capital de España, la cual pasó de ser una pequeña villa a una ciudad, con palacios y templos, en pocos años. Este rey construyó en el siglo XVI uno de los edificios más famosos de España: El monasterio de San Lorenzo de El Escorial.

Otras ciudades europeas que tuvieron un gran desarrollo fueron París, Londres y los centros comerciales ubicados en los llamados Países Bajos, como Brujas y Amsterdam.

No sólo las ciudades cambiaron. Los impuestos centralizados y las monedas nacionales hicieron que los campesinos, que antes pagaban sus impuestos con mercancías o trabajo, pagaran al rey con dinero; muchos de ellos abandonaron sus tierras y buscaron medios para ganarlo en las ciudades. Este proceso dio origen a los asalariados, personas que trabajan para percibir dinero y cambiarlo por bienes.

Sin embargo, el exceso de poder real fue la causa principal de la decadencia y desaparición del absolutismo. Al periodo en que el poder de los reyes tuvo su máximo apogeo se le llama absolutismo despótico.

Fachada de construcción antigua. La estructura de la sociedad continuaba siendo desigual; la nobleza había perdido poder político, no obstante conservaba gran parte de sus privilegios. Muchos de los nobles eran altos funcionarios de las monarquías absolutas y vivían en la corte disfrutando de lujos. Su vida estaba llena de ceremonias y reglas de cortesía y reverencia. Todos estos lujos eran pagados con dinero obtenido de los impuestos cobrados al pueblo; con el tiempo, las diferencias fueron tan grandes que dieron origen a revoluciones.

Los reyes tomaron medidas que estimularon y reglamentaron la producción e introdujeron nuevas industrias. Apoyaron descubrimientos geográficos y el comercio marítimo; aceptaron préstamos de banqueros burgueses para realizar sus proyectos.

Como mecenas (patrocinadores de artistas y humanistas), alentaron el desarrollo de las ciencias y las artes. Así, entre los siglos XVI y XVIII se desarrollaron diversas tendencias artísticas: el manierismo, barroco, rococó y neoclásico, cuyas obras arquitectónicas están expresadas en palacios y residencias, catedrales y conventos. Además, se impulsó la escultura, pintura, música, danza y artes menores como la joyería, orfebrería, ebanistería y tapicería, entre otras.

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