En diversas partes del país hubo reuniones secretas para planear la independencia de México, pero la mayoría fueron denunciadas y sus participantes encarcelados. En la conspiración de Querétaro, participaban el corregidor de esa ciudad, Miguel Domínguez, y su esposa doña Josefa Ortiz de Domínguez, el sacerdote don Miguel Hidalgo y Costilla, los oficiales Ignacio Allende, Ignacio Aldama y Mariano Abasolo. Con el apoyo de indígenas y mestizos, pensaban derrocar al gobierno y formar uno autónomo en ausencia de Fernando VII.Principales caudillos iniciadores del movimiento de independencia. Planeaban levantarse en octubre de 1810, pero, la conspiración fue descubierta y las autoridades arrestaron a algunos de sus integrantes; sin embargo, doña Josefa logró prevenir a Hidalgo, quien con Aldama y Allende decidieron adelantarse y se levantaron en armas en la madrugada del 16 de septiembre de 1810.

ACONTECIMIENTOS CENTRALES EN LAS CAMPAÑAS DE HIDALGO Y MORELOS

El levantamiento se inició en el pueblo de Dolores, donde se encontraban emplazadas las tropas de Mariano Abasolo; el cura Hidalgo escondía algunas armas para tal propósito, y se unieron al movimiento unos 600 hombres. Los sublevados, al mando de Miguel Hidalgo, avanzaron hacia la capital de la intendencia. Al pasar por Atotonilco, Hidalgo tomó de la iglesia la imagen de la virgen de Guadalupe y la enarboló como bandera del ejército libertador. En San Miguel el Grande los insurgentes fueron apoyados por un grupo de fuerzas militares comandado por Allende; después fueron avanzando victoriosamente sobre otros poblados. En cada lugar se unían más y más personas al ejército independentista con la esperanza de mejorar su situación: 25 000 en una semana, 80 000 en un mes; no obstante, no había armas suficientes, la mayoría de los sublevados luchaba con palos, machetes, picos, palas y hondas.

Al llegar a Guanajuato, Hidalgo invitó a las autoridades locales a unirse a su lucha o bien, a rendirse pacíficamente, pero sus propuestas fueron rechazadas, se inició una batalla en la que los españoles fueron derrotados y el ejército insurgente entró en la población.

El intendente, los soldados realistas y los ricos, con sus pertenencias de más valor y con alimentos suficientes para dos meses, se encerraron en una gran bodega de granos, la Alhóndiga de Granaditas, para esperar la llegada de refuerzos. La población guanajuatense, indignada por la actitud egoísta y cobarde tanto de su autoridad como de los ricos, se unió a los insurgentes en su ataque a la alhóndiga. Lograron entrar, según se cuenta, gracias a la participación de Juan José Martínez, El Pípila, quien protegido con una gran losa en la espalda, llegó hasta la puerta de madera para incendiarla.

Los victoriosos combatientes, enardecidos, saquearon casas, comercios y agredieron a los españoles, lo cual desacreditó la lucha. Ante esto, Hidalgo decretó la pena de muerte para quien saqueara o matara.

En esa ciudad, Hidalgo organizó su ejército y nombró un ayuntamiento para que la gobernara, luego avanzó hacia Valladolid (hoy Morelia), que se rindió para evitar los desmanes de Guanajuato y fue tomada por los insurrectos. Aquí Hidalgo publicó un decreto que abolía la esclavitud en toda la provincia. Allí también se unieron al ejército insurgente dos regimientos, y don José María Morelos se presentó ante Hidalgo para ofrecerle sus servicios e incorporarse a la lucha. Este último comisionó a Morelos para que levantase en armas el sur del país y tomara el puerto de Acapulco, punto vital de la economía colonial.

De Valladolid las fuerzas revolucionarias avanzaron a Zitácuaro y luego a Toluca, que fue tomada por el ejército insurgente, de ahí se dirigieron a la Ciudad de México.

Al tener a la vista la capital, en el monte de las Cruces, el ejército realista salió al encuentro de los insurgentes, se libró una gran batalla la cual fue ganada por los insurrectos y abrió la posibilidad de avanzar hacia la capital.

Por razones que muchos historiadores aún discuten, Hidalgo decidió no proseguir hasta la Ciudad de México y retrocedió hacia Valladolid; Ignacio Allende no aprobó esta decisión y fue el principio de la división entre los jefes insurgentes.

Mientras tanto el movimiento independentista se había extendido por todo el país; se produjeron levantamientos en el norte, había provincias tomadas por los insurgentes y tropas realistas que se habían unido a la insurrección. En el sur se inició la actividad de Morelos. Por otra parte la ciudad de Guadalajara estaba en poder del insurgente José Antonio Torres y otros lugares del occidente también estaban en armas.

El ejército virreinal se enfrentó a los sublevados en la batalla de Aculco y los derrotó; los jefes insurgentes se dividieron: Hidalgo se dirigió a Valladolid y Allende a Guanajuato. Las fuerzas de Allende tuvieron un enfrentamiento con los realistas y fueron derrotados.

Hidalgo llegó a Guadalajara, después fue alcanzado por los demás jefes del movimiento. En esta ciudad decretó la abolición de la esclavitud, suprimió los monopolios estatales de la pólvora, el tabaco, los naipes así como los tributos que pagaban los indígenas.

Entonces se publicó el periódico insurgente El Despertador Americano, también se organizó el gobierno y el ejército que luchaba por la independencia. El ejército virreinal avanzó contra Guadalajara y se enfrentó a los insurgentes en la batalla de Puente de Calderón; los realistas ganaron la batalla y el ejército insurgente se retiró a Aguascalientes. Ahí decidieron que el jefe militar sería Ignacio Allende, mientras que Miguel Hidalgo y Costilla sería el jefe político.

El ejército realista recuperaba algunas de las ciudades tomadas por los independentistas. Los líderes del movimiento decidieron dirigirse a Estados Unidos para conseguir recursos; nombraron a Ignacio López Rayón jefe del movimiento mientras ellos emprendían el viaje con una parte del ejército. Pero en Coahuila los insurgentes fueron traicionados por Francisco Ignacio Elizondo, un antiguo realista que fingió unirse a la causa. Así los jefes insurgentes fueron tomados prisioneros en un lugar llamado Acatita de Baján y conducidos a Chihuahua donde fueron procesados y condenados a muerte.

Asimismo, Ignacio López Rayón organizó la Suprema Junta Gubernativa de América para unificar a los insurgentes que luchaban en las distintas partes del país y gobernar en nombre de Fernando VII. El ejército realista tomó Zitácuaro, lugar donde se reunía la junta, ésta tuvo que trasladarse a diferentes partes porque continuamente era perseguida, hasta que se dispersó.

Cuando Hidalgo y los demás jefes iniciadores del movimiento de Independencia murieron, José María Morelos ya había extendido la lucha en el sur del país.

Vicente Guerrero, caudillo insurgente que resistió en el sur los ataques de las fuerzas realistas. Organizó un ejército apoyado en los hermanos Bravo, los hermanos Galeana, Mariano Matamoros, Vicente Guerrero y otros jefes capaces y decididos.

Morelos intentó tomar el puerto de Acapulco sin conseguirlo, pero se apoderó de las ciudades de Taxco, Tecpan, Chilpancingo, Tixtla, Chilapa e Izúcar; después atacó y ocupó Cuautla, lugar en que fue sitiado por el general Félix Calleja al frente del ejército realista. Después de más de dos meses logró romper el cerco y reorganizar a sus tropas. Prosiguió su campaña militar por el sur, tomó Orizaba, Oaxaca y el 23 de abril de 1813 pudo dominar el puerto de Acapulco.

Ese mismo año Morelos organizó en Chilpancingo el Primer Congreso de Anáhuac, que redactó una Constitución, jurada el año siguiente en Apatzingán. Fue la primera Constitución de México pero no entró en vigor porque los insurgentes eran perseguidos por el ejército realista, que recibía importantes recursos de España. La Inquisición excomulgó a Morelos y a sus seguidores, y declaró a la Constitución de Apatzingán contraria a los mandamientos de la Iglesia.

En Valladolid, Morelos y su ejército fueron derrotados al igual que en la región de Puruarán, y las ciudades de Oaxaca y Acapulco fueron retomadas por los realistas.

Tratando de proteger al Congreso se dirigió, junto con sus fuerzas, hacia Tehuacán. Atacado por los realistas, finalmente fue derrotado y hecho prisionero en Tesmalaca. Luego de su traslado, Morelos fue juzgado por un tribunal militar y fusilado el 22 de diciembre de 1815.

ETAPA DE LA RESISTENCIA

Con la muerte de Morelos la lucha perdió a su caudillo más importante; a partir de entonces fue sostenida por Vicente Guerrero, Guadalupe Victoria, Nicolás Bravo, Pedro Moreno y otros. La resistencia fue ardua, por lo que los insurgentes se mantuvieron en una lucha defensiva. En forma de guerrillas se fortalecieron en cerros de difícil acceso. Como eran excelentes conocedores del terreno, en pequeños grupos se enfrentaban repentinamente a las fuerzas realistas y luego se replegaban hacia sus territorios. Esta táctica desgastó mucho al ejército realista. Estas guerrillas, formadas sobre todo por indios, mestizos y criollos, atacaban las propiedades de los ricos y causaban malestar al régimen, pero eran vistos con simpatía por la gente del pueblo.

No obstante, el virrey Juan Ruiz de Apodaca, promulgó una amnistía en 1816, para todos los rebeldes que dejaran las armas y muchos, cerca de 17 000 de los combatientes, se acogieron a ella.

En algunas ocasiones, debido a las victorias realistas junto con esa hábil política de perdón, el movimiento insurgente parecía haber sido derrotado definitivamente; sin embargo, la lucha se prolongó por el ansia de justicia de los insurgentes.

En 1817 llegó a la Nueva España Francisco Javier Mina, un español de ideas liberales que había conocido, en Europa, al sacerdote mexicano fray Servando Teresa de Mier y éste lo había convencido de luchar contra la tiranía en México.

Junto con Mina venían 300 combatientes de ideas liberales, los cuales contaban con armas y recursos que reavivaron el entusiasmo por la lucha libertaria. Mina sostuvo y ganó algunas batallas en San Luis Potosí y Zacatecas, después se unió con Pedro Moreno y Encarnación Rodríguez, jefes insurgentes que peleaban en Guanajuato. Las fuerzas unidas de estos caudillos fueron vencidas por los realistas en el rancho del Venadito; Pedro Moreno murió durante la batalla y Mina fue hecho prisionero y fusilado el 11 de noviembre de 1817.

La resistencia insurgente fue sostenida, pese a las dificultades, por Guadalupe Victoria en parte de Veracruz y por Vicente Guerrero en las montañas del sur; este último constituyó la única oposición desde mediados de 1818.

Guerrero fue un gran conocedor del terreno y de un valor temerario, lo mismo que sus hombres, como Juan del Carmen, mulato de Ometepec, en el actual estado de Guerrero, un insurgente de gran arrojo y heroísmo; participó en batallas como la de Xonacatlán y dio a la insurgencia lealtad y coraje excepcionales.

Vicente Guerrero se fortaleció en el cerro de Santiago y en la desembocadura del Balsas; venció a los realistas en Zacatula, Tamo y Tzirándaro; estableció una junta de gobierno en la hacienda de las Balsas; se apoderó de la Tierra Caliente y de Chilapa. Su lugarteniente, Pedro Alquisiras Ascencio, también combatió con éxito a los realistas. Guerrero tuvo mucha visión política y su participación en la etapa de consumación fue de gran importancia.

COMPOSICIÓN SOCIAL DE LOS EJÉRCITOS INSURGENTES

Quienes se levantaron en armas con Miguel Hidalgo difícilmente podrían llamarse un ejército. Eran unas 600 personas sin preparación militar, procedentes de las minas y del campo, deseosos de librarse de la opresión bajo la cual vivían. Mestizos, castas y, en su mayoría, indígenas armados con palos, piedras, machetes, hondas y otros implementos agrícolas. A su paso por los poblados se unieron a la rebelión más personas con las mismas características; pronto llegaron a ser cerca de 80 000 al tomar la ciudad de Guanajuato.

Un ejército tan grande requería de muchas horas para moverse, además los indígenas que se unieron a la lucha iban con sus hijos, sus escasas propiedades, sus animales y las cosas que saqueaban de los lugares por donde pasaban. Muchas de estas personas no pensaban en la independencia de la Nueva España como un fin político, sino que se levantaron con la intención de aplastar a sus explotadores y motivados por la idea de que Hidalgo les restituiría las tierras que los conquistadores habían arrebatado a sus antepasados 300 años atrás.

También se unieron al ejército insurgente regimientos comandados por criollos: los dragones, de San Miguel el Grande, Michoacán, y la Infantería Provincial. Estos regimientos habían sido formados por medio de levas, debido a la necesidad de tener un ejército permanente que estuviera preparado para defender los dominios españoles en caso de una invasión inglesa. Esta decisión armó a grupos inconformes que se unieron a la causa de la independencia, formando una mínima parte del ejército insurgente adiestrada en las artes militares, que contaba con armas de fuego y caballos.

El Generalísimo José María Morelos y Pavón También se unieron sacerdotes de parroquias humildes y con las mismas ideas de libertad, cuya influencia fue importante entre los integrantes de las huestes insurgentes.

El ejército de Morelos fue diferente del de Hidalgo, porque aquél prefería una fuerza de pocos hombres pero disciplinados, con las armas suficientes para alcanzar sus objetivos. A la causa del Generalísimo querían unirse personas humildes de muchos poblados; sin embargo, él les indicaba que era más importante su ayuda labrando la tierra para apoyar con alimentos a los que luchaban.

Las fuerzas de Morelos estuvieron formadas por rancheros de clase media, que ingresaban al ejército junto con sus peones. Su fuerza militar no llegaba a seis mil, pero guiados por su talento militar pudieron obtener victorias en sus enfrentamientos. En esta fuerza militar Morelos contaba, además de Guerrero, con Mariano Matamoros, los Bravo y los Galeana que respetaban y obedecían al Generalísimo y eran hábiles estrategas. Cuando Mariano Matamoros y Hermenegildo Galeana fueron capturados y muertos, Morelos sintió que se había quedado "sin brazos".

En la etapa de la resistencia, los insurgentes que seguían combatiendo eran personas con un gran ideal en la causa que perseguían o bien grupos de indios, mestizos y mulatos que querían vengar las humillaciones recibidas, y que muchas veces se dedicaban al saqueo más que a la lucha por la libertad.

Hubo hombres idealistas como Guadalupe Victoria y Vicente Guerrero, que sostenían enfrentamientos esporádicos con los realistas, pero cada vez eran perseguidos con más insistencia.

EFECTOS DE LA GUERRA EN LA IDENTIDAD DE LOS MEXICANOS

La llegada de los españoles al Nuevo Mundo fue el principio de una nueva cultura, de una nueva forma de pensar, la mezcla de diferentes grupos étnicos dio como resultado una nueva sociedad, sin embargo, en el territorio novohispano la dominación ejercida por los peninsulares propició una situación difícil. Los valores más importantes eran los traídos de España, los restantes subsistieron, pero no oficialmente ya que muchas veces eran despreciados.

La idea de nación no existía; la Nueva España era un territorio conquistado sujeto a muchas restricciones en favor de la Metrópoli. No era nación indígena ni nación española, pero poco a poco los grupos de españoles nacidos en México tomaron conciencia de su diferencia con los europeos. La guerra de independencia fue la circunstancia histórica que permitió a los mexicanos tomar conciencia de su nacionalidad.

Soldados del ejército de Hidalgo, cuyo origen era humilde. Si bien el movimiento iniciado por Hidalgo fue un levantamiento popular sin organización militar, hizo surgir entre los mexicanos la idea de patria, pues el 16 de septiembre de 1810 fue el momento en que los novohispanos empezaron a luchar por ser una nación y, conforme avanzó la lucha, esta idea fue afirmándose cada vez en más personas.

Al principio de la contienda hubo grupos que pensaban ofrecer la corona de la Nueva España a Fernando VII o a algún otro monarca europeo, sin embargo, también consideraron la idea de que el gobierno del nuevo país debía estar en manos de los mismos mexicanos.

Para Morelos y muchas de las personas que luchaban junto a él, México debía ser una nación independiente, gobernada por personas nacidas en este territorio. En su escrito Los territorios de Anáhuac, precisamente hace referencia a un lugar al que pretenden darle una organización y legislación propias, buscando la unión y la igualdad de todos los nacidos en estas tierras. También empieza a formarse un concepto de nación entre los grupos intelectuales que luchaban por la independencia, pero que todavía no era aplicable por las condiciones prevalecientes entre los diversos grupos sociales. El pueblo mexicano tuvo que luchar durante varias décadas para lograr un proyecto de nación totalmente propio y funcional.

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