INFLUENCIA DE LA ILUSTRACIÓN Y LAS EXPERIENCIAS REVOLUCIONARIAS DE NORTEAMÉRICA Y FRANCIA

En la Nueva España estaba prohibido leer las obras de los enciclopedistas franceses, pues el gobierno las consideraba peligrosas y tenía temor de ser derrocado. Los libros de autores como Rousseau, Voltaire o Montesquieu eran quemados, su entrada a las colonias españolas era muy difícil, pero llegaban algunos de contrabando o introducidos por agentes especiales de Francia y eran leídos por los criollos en reuniones conocidas como círculos literarios que se encargaron de difundir estas ideas.

Se trató de impedir la lectura de las ideas surgidas de la revolución Francesa.     Las "ideas ilustradas", o de la Ilustración tenían el propósito de ilustrar, enseñar y hacer razonar a la gente sobre cómo debía ser la vida social y política de los seres humanos, quienes sólo por serlo, tenemos derechos que deben ser respetados: derecho a vivir, a ser libres, a elegir a nuestros gobernantes, a la igualdad social y jurídica, y a la felicidad. Estas ideas defendían la separación entre la Iglesia y el Estado, proponían que los gobiernos fueran republicanos, que la soberanía debía recaer en el pueblo y no en el gobernante, y que la sociedad podía derrocar a todo gobierno que abusara de su autoridad.

     Las ideas de la Ilustración fueron llevadas a la práctica por los habitantes de las trece colonias inglesas con gran éxito porque se independizaron de Inglaterra, eligieron un gobierno republicano y un Congreso a quien se encomendó la elaboración de las leyes; con esto crearon un país libre y soberano: Estados Unidos de América; elaboraron una Constitución que establecía la igualdad de todos los ciudadanos, excepto de los negros esclavos, y un mejor nivel de vida para los grupos explotados. La independencia de Estados Unidos demostró a las demás colonias que era posible desligarse de las metrópolis.

     La Declaración de Independencia de los Estados Unidos afirmaba entre sus postulados que todos los hombres son iguales y poseen los de la vida, la libertad y la búsqueda del propio bienestar. Estas ideas llegaron a las colonias españolas y se divulgaron entre los criollos.

     Trece años después, estas mismas ideas y las difíciles condiciones en que vivía gran parte de la población en Francia influyeron para que estallara la Revolución Francesa que derrocó al rey Luis XVI. La Asamblea Constituyente redactó la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano, documento que reúne las ideas ilustradas de igualdad, libertad y fraternidad entre los hombres y que influyó de manera importante en los movimientos de liberación de todos los pueblos del mundo, entre ellos la Nueva España.

 

 LAS GUERRAS EUROPEAS Y LOS CONFLICTOS POLÍTICOS EN ESPAÑA

Algunos monarcas europeos, ante los acontecimientos revolucionarios en Francia, sintieron temor de ser derrocados si sus súbditos seguían ese ejemplo y se enemistaron con el gobierno francés, especialmente Inglaterra, que era la enemiga tradicional de Francia.

Napoleón Bonaparte     Entonces Napoleón Bonaparte se propuso derrotar a Inglaterra, y planeó aislarla apoderándose de los puertos portugueses para impedir que comerciaran con los ingleses. Para llevar a cabo esto invadió primero España y luego manifestó su interés por dominar también a este país.

     El pueblo español, descontento con el rey Carlos IV, lo hizo abdicar en favor de su hijo, Fernando VII. Éste no pudo gobernar porque una vez realizada la invasión francesa, Napoleón nombró rey de España a su hermano José Bonaparte.

     De acuerdo con antiguas leyes españolas, en ausencia del rey sus dominios debían ser reservados hasta su regreso. Este precepto llevó a los peninsulares y criollos de Nueva España a discutir qué debía hacerse. Ante la ausencia del rey de España, los partidarios de la independencia, en especial los criollos, vieron la oportunidad de liberarse del dominio español; otros, sobre todo peninsulares, proponían la autonomía política mientras regresaba al trono el legítimo rey español.

     El ayuntamiento de la Ciudad de México, que en ese tiempo estaba formado por el síndico Francisco Primo de Verdad y Ramos, el regidor Juan Francisco Azcárate y fray Melchor de Talamantes, criollos los tres, aconsejaron la organización de una junta de gobierno encabezada por el virrey, José de Iturrigaray, para que gobernara hasta el regreso del monarca español. La idea fue vista por los peninsulares como una posibilidad de que el virreinato se independizara y ellos perdieran sus privilegios, por tanto, declararon traidor al virrey, dieron un golpe de Estado contra él y el ayuntamiento, encarcelaron a los miembros del mismo, mandaron prisionero al virrey hacia España y formaron un gobierno integrado por peninsulares contrarios a la separación.

     Esta situación produjo un clima de desconfianza en la Nueva España; los simpatizantes de la independencia se congregaban en reuniones secretas conocidas como "conspiraciones"; en éstas, si sus integrantes eran descubiertos se les consideraba traidores al rey y eran juzgados como tales.

     En 1808 hubo una conspiración en Valladolid y luego hubo otra de criollos en la iglesia de la Profesa, en la Ciudad de México. Ambas fueron descubiertas y disueltas.

 

 

 

 

 

 

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