Después de haber perdido la mitad del territorio nacional, los mexicanos se sentían desolados, pues además de estar desunidos, no contaban con recursos ni con una organización que les permitiera resolver sus problemas. Era necesario encontrar una forma de gobiermo y de organización social que diera nueva fuerza al país y le permitiera desarrollarse

 

 DIFERENCIAS EN RELACIÓN CON LA ORGANIZACIÓN POLÍTICA DEL PAÍS.  LA IGUALDAD ANTE LA LEY. LA PROPIEDAD PRIVADA Y LAS LIBERTADES INDIVIDUALES

Los liberales opinaban que el país debía tener una forma de gobierno federalista, en la que cada estado se gobernara por sus propias leyes, pero permaneciendo todos unidos en una federación. En esa forma, cada región del país podría desarrollarse libremente y alcanzar el progreso que permitiera a los ciudadanos gozar de todas las comodidades de la época.

     En cambio, los conservadores eran partidarios del centralismo, es decir, de que el gobierno central ejerciera las funciones y tomara todas las decisiones de las provincias. Argumentaban que durante la Colonia el país se había acostumbrado a estar bajo el mando de una autoridad fuerte y única, y que los gobiernos republicanos no habían demostrado capacidad para sacar adelante al país.

     El grupo conservador también estaba a favor de la existencia de los "fueros", esto es, los privilegios de que gozaban el clero y el ejército para ser juzgados por tribunales especiales.

Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano.     Los liberales hicieron suyas las ideas de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, donde se consideraba la igualdad de todos ante la ley como un derecho básico. Para ellos, nadie debía tener privilegios especiales, por lo que rechazaban la existencia de los fueros.

     También este grupo veía a las grandes extensiones de tierra improductiva como un obstáculo para el desarrollo político y económico del país, por lo que no estaba de acuerdo en que la Iglesia tuviera grandes propiedades, ni en la propiedad comunal de los pueblos indígenas ni en las grandes haciendas; concebía el esfuerzo personal como la única forma válida de tener riquezas y por eso sostenía que la tierra debía estar en manos de pequeños propietarios que, con base en su trabajo, contribuyeran al progreso del país.

     En cambio, para los conservadores las grandes propiedades de la Iglesia, la propiedad comunal de los pueblos, así como las grandes haciendas eran totalmente legítimas, porque las habían poseído en el pasado. Opinaban que estas propiedades garantizaban la estabilidad del país, porque los dueños de grandes terrenos buscarían que se mantuvieran la unidad y la paz, y que sólo quien poseía algo era capaz de cuidarlo; por ello consideraban que el gobierno debía estar formado por personas de reconocido prestigio y poseedores de tierras y capitales.

 

 DOS IDEÓLOGOS PRECURSORES: MORA Y ALAMÁN

Entre quienes buscaban soluciones a los problemas del México independiente destacaron dos personajes cuyas ideas fueron la base para el desarrollo de los partidos Liberal y Conservador: José María Luis Mora y Lucas Alamán.

     Ambos nacieron en el estado de Guanajuato a finales del siglo XVIII, cuando México aún dependía de España: Mora en 1794 y Alamán en 1792. Les tocó vivir los inicios y la consumación de la guerra de independencia, así como los primeros años del México independiente.

     Integrantes de familias acomodadas, los dos estudiaron y participaron activamente en la formación del México que nacía, siendo aún jóvenes.

     José María Luis Mora estudió en Querétaro y en la Ciudad de México; se ordenó sacerdote y obtuvo el título de abogado.

     Lucas Alamán estudió principalmente Mineralogía y Ciencias Naturales en México, Alemania y Francia. Ocupó importantes cargos públicos y dedicó muchos esfuerzos al progreso económico del país. Organizó el Banco de Avío, el cual otorgaba créditos a los mineros; participó en la creación de industrias textiles en Orizaba y Celaya; contribuyó al desarrollo de la ganadería, y fundó escuelas de artes y agricultura. Sostenía que la industrialización del país permitiría lograr la prosperidad. Siendo ministro de Relaciones Exteriores se opuso a la colonización de Texas y trató de fijar los límites entre México y Estados Unidos. También en ese periodo fundó el Archivo General de la Nación y el Museo de Antigüedades y de Historia Natural.

     En el aspecto político, Alamán era partidario de conservar la situación del país como en la época colonial; consideraba que el tipo de gobierno más conveniente era la monarquía; fue un gran defensor de los intereses de la Iglesia, pensaba que la religión unía a los mexicanos y que si a la Iglesia se le quitaban sus propiedades y privilegios el país caería en el desorden. Escribió varios libros de historia y de minería, en los que también plasmó sus ideales. Éstos fueron la base para la formación del partido conservador. Murió en la Ciudad de México en 1853.

     El doctor José María Luis Mora fue uno de los liberales más representativos del siglo XIX. Desde 1821 empezó a escribir sus ideas en diversas publicaciones. Fue consejero del presidente Valentín Gómez Farías y como tal intervino en la redacción de decretos y circulares que quitaban propiedades a grandes terratenientes; en otros mandaba "que los religiosos guarden recogimiento y no se mezclen en cosas políticas".

Valentín Gómez Farías     Durante el gobierno de Gómez Farías, Mora estuvo encargado de la Dirección de Instrucción Pública, desde donde criticó la enseñanza de su época, fundamentada principalmente en la memorización; él defendía el razonamiento y la teoría de que la religión y la enseñanza debían estar separadas. Redactó decretos que quitaban la educación de manos de la Iglesia y la dejaban al Estado. Por tal motivo, Mora se separó de la Iglesia e incluso dejó de ejercer como sacerdote.

     Las reformas de Mora y otras que estaba efectuando el gobierno de Gómez Farías provocaron levantamientos. Cuando Antonio López de Santa Anna volvió a la presidencia, Gómez Farías fue expulsado del país. Mora salió voluntariamente, en protesta por la política de Santa Anna. Desde Europa sostuvo correspondencia con los liberales; así, sus ideas germinaron en la mente de muchos y sirvieron de base para el ideario del Partido Liberal. Mora murió en París, en 1850.

 

 

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