LA ANEXIÓN DE TEXAS A ESTADOS UNIDOS Y LA DECLARACIÓN DE GUERRA DE 1847

En agosto de 1841, el general Mariano Paredes Arrillaga se rebeló en contra del gobierno de Anastasio Bustamante, pero no con el propósito de instalar un gobierno federal. Era una lucha entre los propios conservadores. El 11 de octubre, Paredes Arrillaga puso una vez más a Santa Anna en la presidencia de la república. Juntos convocaron a un Congreso constituyente, pero éste fue disuelto en 1842. Con actos arbitrarios y persecuciones por todo el país, Paredes Arrillaga y Santa Anna se convirtieron prácticamente en los dictadores del país.

Mapa de México antes de la Guerra de los Estados Unidos contra México. Haz click para agandar la imagen. Mientras tanto, el Congreso de Estados Unidos discutía la anexión de Texas, para lo cual existía el problema de la división entre norteños y sureños debido a que la esclavitud existente en el sur, no se practicaba en el norte. Los sureños querían que Texas fuera también un estado esclavista, mientras que los norteños pedían que fuera libre. Cualquiera de los bandos que lograra imponer su política en el nuevo estado ganaría más fuerza dentro de su país. Finalmente se logró un compromiso entre ambas partes y el Congreso aprobó el ingreso de Texas como estado de la Unión. Este acto, que estaba en contra de los acuerdos firmados con el gobierno mexicano, fue un duro golpe para el honor y la dignidad de nuestro país. Los estadounidenses parecían no dejar otro camino que la guerra.

Santa Anna formó una junta de notables que se encargó de hacer una nueva base constitucional, conocida como Bases Orgánicas, el 12 de julio de 1843. En ellas se declaraba a Santa Anna presidente por otro periodo más.

Conseguido lo anterior, y como ya tenía por costumbre, Santa Anna se retiró a su hacienda en Manga de Clavo, Veracruz, de donde tuvo que regresar al poco tiempo pues su antiguo aliado Paredes Arrillaga se rebeló en su contra. Contaba con apoyo en varias partes del país, y logró que Santa Anna renunciara a la presidencia, además de desterrarlo en mayo de 1845. El nuevo presidente fue José Joaquín de Herrera, quien se hizo cargo del país en los momentos críticos en que los Estados Unidos firmaban un pacto de anexión con la república de Texas. La situación en México también era peligrosa, pues las divisiones entre los conservadores amenazaban con desplomar el frágil gobierno mexicano.

LA RESISTENCIA MEXICANA Y LA DEFENSA DE LA CAPITAL

Durante su gobierno, José Joaquín de Herrera trató por todos los medios de evitar la anexión de Texas a los Estados Unidos. Se habló de reconocer al gobierno texano si firmaba un tratado en el que se comprometía a no anexarse y reconocía su frontera con México.

Diplomáticos de los dos países negociaron hasta que los estadounidenses mostraron claramente que no tenían intenciones de ceder. El presidente mexicano suspendió las negociaciones con los representantes estadounidenses, quienes parecían resueltos a buscar la guerra a toda costa.

Joaquín de Herrera pidió al Congreso mexicano que solicitara un préstamo por quince millones de pesos para financiar la defensa del país, pero sólo consiguió que los diputados desaprobaran su decisión de suspender las negociaciones con los estadounidenses. Aun así reunió un ejército de 6000 hombres mal armados y equipados, quienes fueron puestos al mando de Mariano Paredes Arrillaga.

Las fuerzas mexicanas debían combatir contra las estadounidenses que estaban acampadas en la orilla del río Nueces, en Texas, pero el ejército mexicano no llegó a su destino, pues a pesar de que existía una amenaza de invasión estadounidense a nuestro país, Paredes Arrillaga utilizó las tropas a su mando para rebelarse en contra de José Joaquín de Herrera, a quien derrotó el 14 de diciembre de 1845.

Paredes Arrillaga se hizo proclamar presidente mientras que las tropas estadounidenses atravesaban la frontera y llegaban hasta el río Bravo. Siguiendo su ejemplo el general Rafael Téllez, que había sido enviado a proteger las Californias, se rebeló en contra de Paredes Arrillaga, dejando a las Californias sin protección. El movimiento cundió y en Guadalajara el general José María Yáñez, quien actuó de acuerdo con Gómez Farías y Santa Anna, logró que el jefe de la guarnición local, Mariano Salas, se rebelara también en contra de Paredes Arrillaga.

Finalmente Mariano Salas quedó como presidente interino, pero para entonces el general estadounidense Zacarías Taylor había avanzado hasta Matamoros, Tamaulipas, con 10 000 hombres. Mientras las luchas internas se hacían más fuertes, el país entero era víctima de una invasión extranjera que en pocos meses amenazaba con llegar al centro del país.

Stephen Kearny ocupó los territorios del norte del país, hasta la Alta California. Zacarías Taylor avanzó hacia el sur y sitió Monterrey, que tomó después de una sangrienta batalla.

Resultó obvio para los estadounidenses que el territorio mexicano iba a ser muy difícil de conquistar, por lo que se decidió intentar una invasión por vía marítima hacia Veracruz, ciudad que cayó después de una heroica defensa y un intenso bombardeo en febrero de 1846. El general Winnfield Scott, al mando de un ejército bien pertrechado, desembarcó y enfiló hacia el centro del país.

Valentín Gómez Farías En la Ciudad de México las cosas iban de mal en peor. Apoyado por los liberales Santa Anna era de nuevo presidente, y como tal reunió un ejército y salió a combatir a las tropas de Taylor en Nuevo León. Tras perder una batalla en Buenavista, las tropas mexicanas se replegaron hacia el centro del país. En ausencia de Santa Anna, se hizo cargo de la administración Gómez Farías, quien aprovechó la ocasión para decretar una vez más la Reforma y la desamortización de los bienes eclesiásticos, lo que ocasionó que la Iglesia y la mayor parte de los conservadores retiraran cualquier tipo de apoyo a los ejércitos nacionales.

Mientras Santa Anna libraba la batalla de Angostura, al sur de Saltillo, en la Ciudad de México ocurrió un levantamiento de la guardia presidencial por su oposición a las reformas de Gómez Farías. Santa Anna regresó rápidamente a la Ciudad de México y eliminó políticamente a su vicepresidente. Esto le granjeó el apoyo del clero, que finalmente dio fondos para equipar un ejército que salió de nuevo a combatir a los estadounidenses que avanzaban rápidamente hacia el valle de México.

Tras una terrible batalla en Cerro Gordo, cerca de Jalapa donde el ejército mexicano huyó en desbandada, el general Winnfield Scott tenía el paso libre hacia el centro del país. Para agosto de 1846, los ejércitos estadounidenses estaban ya en el valle de México.

Tras varias escaramuzas, el ejército mexicano se retiró hacia la capital, dejando unos mil hombres al mando del general Manuel Rincón en el convento de Churubusco, al sur de la Ciudad de México. Tras una fiera resistencia el convento capituló. Los estadounidenses comenzaron un ataque a las guarniciones de la periferia de la ciudad, entre las que estaban las de Casa Mata y Molino del Rey. Scott atacó Chapultepec el 13 de septiembre, donde el general Nicolás Bravo resistió aislado con sólo 800 hombres. Días más tarde los estadounidenses irrumpieron en la ciudad.

Santa Anna intentó sitiar Puebla y fracasó, luego de lo cual fue destituido como presidente, cargo que ocupó interinamente Manuel de la Peña y Peña, quien organizó un gobierno provisional en Toluca y después trasladó a Querétaro al aparecer los invasores en el valle del Lerma. A partir de este momento resultaba obvio decir que México estaba derrotado y que toda resistencia era inútil.

TRATADOS DE GUADALUPE HIDALGO Y LA PÉRDIDA TERRITORIAL

Tropas invasoras norteamericanas en la Ciudad de México.El 16 de septiembre de 1847, al cumplirse exactamente 37 años del grito de Independencia por el cura Hidalgo, México sufrió una de las peores humillaciones de su historia: en la plaza del Zócalo de la capital del país amaneció ondeando la bandera estadounidense. Esta derrota, debida más a la desunión del país que al poderío estadounidense, sería una de las más terribles lecciones que los mexicanos hemos vivido, y que debemos asimilar para que nunca se repita.

Mientras el ejército invasor ocupaba muchas de las ciudades importantes de México, el gobierno de Peña y Peña inició conversaciones de paz con Nicholas Trist, enviado del presidente James K. Polk. Trist se reunió con Luis de la Rosa, ministro de relaciones exteriores mexicano, en un proceso de negociación que fue largo, llegando Trist a amenazar incluso con conquistar Querétaro, sede del gobierno provisional mexicano, si no se aceptaban los términos estadounidenses.

Finalmente, De la Rosa y Trist firmaron los tratados de Guadalupe-Hidalgo el 2 de febrero de 1848, por el cual se cedían a Estados Unidos Nuevo México y la Alta California, además de que se daba por terminada la guerra entre ambos gobiernos y se imponían a México otras condiciones.

En sus 23 artículos, el tratado de paz incluyó casi todos los puntos que a lo largo de las dos décadas anteriores habían normado la relación entre México y EUA.

  • El artículo 5 y los siguientes especificaban que la línea fronteriza entre los dos países sería a partir del río Bravo, con lo que pasaban a dominio estadounidense los territorios de Nuevo México, Arizona y Alta California, los cuales representaban poco más del 50% del territorio que se heredara de la antigua Nueva España.
  • Por este territorio el gobierno de los Estados Unidos se obligaba a pagar la suma de quince millones de pesos, aunque la mayor parte de esa cifra jamás llegó a las arcas del gobierno mexicano pues se utilizó para el pago de reclamaciones de ciudadanos estadounidenses en contra de México.
  • Además, otros artículos del tratado estipulaban la concesión de otros derechos, como el paso libre por determinadas zonas del país y la obligación de ambos países de detener las incursiones de los "indios bárbaros" en la nueva frontera común.

De esta forma el despojo de México quedó consumado. Estados Unidos continuó su expansión hacia el oeste y un año después California se volvió centro de atención mundial al descubrirse grandes yacimientos de oro.

En todos los territorios que quedaron bajo dominio estadounidense, la antigua población mexicana fue objeto de maltratos y despojos, a pesar de que el propio tratado lo prohibía. Con todo y eso, este fue el origen de la comunidad chicana en los Estados Unidos, cuya población aumentó con rapidez y hoy constituye una de las más importantes minorías étnicas de aquel país. Los chicanos se rebelaron varias veces en contra de los abusos de los estadounidenses, como en 1857, cuando una rebelión armada lidereada por Juan Nepomuceno "Cheno" Cortina se opuso a los despojos de tierras que había hecho el gobierno de Texas.

La guerra entre México y Estados Unidos, la primera en la historia mundial entre dos repúblicas modernas, había concluido.

La dictadura de Santa Anna y la venta de La Mesilla

Después de que los ejércitos estadounidenses abandonaron el territorio mexicano, los militares nacionales reanudaron su ya acostumbrada pugna entre liberales y conservadores. Hubo varios gobiernos de una y otra facciones que duraron poco tiempo en el poder.

En 1852 hubo una rebelión en Guadalajara con el nombre de plan del Hospicio, por el cual se desconocía al presidente Arista y se ofrecía la presidencia una vez más a Santa Anna. Arista se vio obligado a renunciar, y Santa Anna regresó de Colombia donde estaba exiliado e inició un nuevo periodo presidencial en abril de 1853. Al escoger a los miembros de su gabinete incluyó a los más destacados elementos del Partido Conservador. Se hizo dar el tratamiento de "Alteza Serenísima" y en 1853 fue nombrado dictador perpetuo, con derecho a nombrar a su sucesor. A esta parodia de monarquía presidencial se le atribuyeron las más insólitas maniobras para mantenerse en el poder, las que serían las principales causas para el estallido de una guerra civil generalizada cinco años mas tarde.

Por iniciativa de Lucas Alamán, el gobierno de Santa Anna creó una Secretaría de Fomento, Colonización, Industria y Comercio, la cual sirvió para desarrollar algunas empresas que habían estado a punto de quebrar durante la época anterior. Sin embargo, en otros campos se mostró como un auténtico dictador, implantando medidas como la censura a la prensa y restituyendo muchos de los antiguos fueros y privilegios del clero y el ejército. El dictador impuso a los habitantes de la ciudad gravámenes como el que se aplicaba por la tenencia de perros, el número de asientos en los coches, por la cantidad de ventanas en las casas, y otros igualmente absurdos. Creó un sistema parecido a una corte real, con caballeros y un complicado ceremonial. Una de las pocas cosas que trascendieron de la dictadura santannista fue el Himno Nacional Mexicano, compuesto por Francisco González Bocanegra y Jaime Nunó, en 1854.

Otro despojo más de territorio mexicano también se consumó en este periodo, aprovechando los estadounidenses que aún no existía una frontera fija entre los dos países.

En 1853 el gobernador de Nuevo México invadió el territorio de La Mesilla, que formaba parte de Chihuahua y Sonora. El estadounidense usó como pretexto que los habitantes de la zona habían pedido su protección en contra de los ataques de los "indios bárbaros". Por un momento pareció que la invasión iba ser la causa de otra sangrienta guerra, para la cual México no estaba preparado con hombres ni con dinero. El gobierno del presidente Franklin Pierce autorizó a James Gadsden, su embajador en México, a negociar con el gobierno mexicano la cesión del territorio.

Los Estados Unidos pagaron diez millones de pesos por La Mesilla.

El gobierno mexicano liberó a su homólogo estadounidense del cumplimiento del artículo XI del tratado de Guadalupe Hidalgo, que hablaba de la obligación de ambos gobiernos de evitar las incursiones de los indios en el territorio del vecino.

Se firmó el tratado de La Mesilla, también conocido como el tratado Godsden, y México perdió otro pedazo del suelo nacional.

Los días de suerte de Santa Anna pronto llegaron a su fin. El dictador, que ocupó la presidencia de México durante once veces en menos de 30 años, enfrentó una rebelión armada encabezada por los liberales. El 1º de marzo de 1854 los generales Juan Álvarez e Ignacio Comonfort proclamaron el Plan de Ayutla, por el cual se desconocía a Santa Anna y se proclamaba de nuevo la república federal. Santa Anna salió del país el 9 de agosto de 1855, abandonando el cargo de presidente que nunca más volvería a ocupar.

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