La organización social de los pueblos mesoamericanos permitía que algunas personas se dedicaran a trabajos manuales como cultivar la tierra o fabricar herramientas y utensilios, y otras al estudio, la observación de los fenómenos naturales y los astros. La clase sacerdotal se dedicaba al desarrollo del pensamiento, es decir a las actividades intelectuales.

     Sus observaciones astronómicas les permitió darse cuenta de los cambios periódicos de posición del Sol y de la Luna y, gracias a ellos, pudieron contar el tiempo y elaborar su calendario.

     Desde tiempos remotos habían desarrollado las matemáticas, mediante las cuales hicieron complicados cálculos con un avanzado sistema de numeración posicional vigesimal; inventaron el cero y elaboraron su calendario solar o civil.

 

 LOS SISTEMAS DE NUMERACIÓN

El sistema de numeración posicional vigesimal de los mayas era más evolucionado que el de los romanos, usado en Europa en la misma época, ya que éste no era posicional y requería más elementos que el de los mayas. Era un sistema tan avanzado como el que usamos actualmente, similar al inventado en la India y difundido por los árabes, razón por la que lo conocemos como sistema de numeración arábigo.

     No todos los sistemas de numeración son posicionales, llamados así porque cada numeral tiene diferente valor, según la posición que ocupa, como en el que nosotros usamos, donde utilizamos unidades, decenas, centenas, millares, etc. En nuestro sistema de numeración se cuenta en base 10, por eso se llama decimal; podemos hacer grupos de diez, luego grupos de decenas de diez que son las centenas, y luego decenas de centenas a las que llamamos millares.

Numeración maya.     El sistema de numeración maya era igualmente posicional, pero en vez de decimal era vigesimal, es decir, se contaba en base 20, había unidades, veintenas y "cuatrocenas".

     Los mayas podían representar cualquier cantidad con sólo tres elementos: un punto para las unidades del 1 al 4; una raya horizontal para el número 5; dos rayas horizontales para el 10 y tres para el 15. Colocando los puntos en la parte superior de las barras se completaban los números del 6 al 19. El tercer símbolo era el cero, que en los códices aparecía como un caracol y en las estelas y monumentos como una flor o parte de ella.

Las matemáticas en los pueblos del altiplano

Por las estrechas relaciones comerciales y culturales que había, el sistema de numeración olmeca, zapoteca y maya pasó a los pueblos del altiplano.

     La numeración de puntos y barras se ha encontrado en Teotihuacan y en Xochicalco, en Veracruz y en las culturas del valle de México y sus alrededores.

     Estas culturas aportaron nuevos símbolos para representar objetos celestes, y otros relacionados con el campo, el comercio y el pago de tributos.

     El sistema vigesimal utilizado por los nahuas representaba las unidades con un punto, un pequeño círculo o un dedo; la veintena con una bandera (cempoalli, que significa "una cuenta"); la siguiente potencia, 20 por 20, o sea 400, se representaba con una pluma (tzontli, cabellera); el siguiente, es decir, 8 000 se simbolizaba con una bolsa de maíz (iquipilli). El 5 se indicaba con media bandera; el 10 con un cuarto de bandera; el 100 con un cuarto de pluma, y así sucesivamente.

     El cero es un invento de los pueblos mesoamericanos. Ninguna otra cultura del mundo lo usó antes. Inscripciones en piezas arqueológicas, encontradas en Veracruz, confirman que los olmecas utilizaron el cero antes incluso que los mayas. Las inscripciones olmecas y mayas corresponden a fechas anteriores a las descubiertas en la India, la otra cultura antigua que también usó el cero.

     En Mesoamérica, las primeras inscripciones que registran el cero son la estela 2 de Chiapa de Corzo en Chiapas, correspondiente a 35 años a.C. y la de Tres Zapotes, Veracruz, de 31 a.C.

    De acuerdo con estos datos, el cero aparece en Mesoamérica entre 639 y 635 años antes que en la India. Las estelas de Petén también fueron fechadas con anterioridad.

     Los mayas representaban el cero de distintas maneras.

 

 EL CÁLCULO Y LA ASTRONOMÍA: LOS CALENDARIOS

El señorío más fuerte y poderoso a la llegada de los españoles era el de los mexicas, pero la cultura, en general, de este pueblo tuvo sus antecedentes y sus bases en otras culturas mesoamericanas como la olmeca, la teotihuacana, la mixteco-zapoteca y la maya.

     Los grupos mesoamericanos tuvieron una riqueza común: su visión del universo, su complejo sistema cronológico, que incluye la cuenta del tiempo y el método de adivinación, su escritura jeroglífica, refinada por los mayas y su gran razón de existir, que era la religión, en torno a la cual giraban todos los aspectos de su vida.

     Los olmecas constituyeron la cultura más antigua de América y ejercieron influencia en todas las culturas posteriores.

     En Mesoamérica, aunque con ligeras variantes, se utilizaron dos calendarios, uno religioso y otro civil. El calendario religioso era de 260 días y el civil, que llevaba la cuenta del año solar, de 365 días, divididos en 18 meses de 20 días (360) más cinco días considerados nefastos.

     En las construcciones olmecas se encuentran las primeras inscripciones de fechas o registro del tiempo, dos en La Venta, Tabasco y una en Tres Zapotes, Veracruz. Los olmecas conocieron los dos calendarios.

     En estos pueblos su visión del cosmos, su manera de entender la vida, los fenómenos naturales y todo lo que había en su entorno, estaba muy relacionado con su concepción del tiempo.

El Caracol u Observatorio, en Chichén-Itzá.     El calendario civil o solar de los mayas, semejante al que usamos actualmente y por tanto bastante más exacto que el juliano (empleado por los europeos en el siglo XV, momento de su llegada a América), fue un asombroso producto del desarrollo de sus conocimientos matemáticos que relacionaron con su saber científico y con sus creencias religiosas.

     Su concepto del tiempo se originó en sus observaciones del movimiento y la presencia periódica del Sol: cada día era un dios que indicaba su percepción dual de la realidad, dos principios opuestos pero complementarios e inseparables, el día y la noche; el hombre y la mujer; la vida y la muerte; la verdad y la mentira; el bien y el mal; la salud y la enfermedad. Si existe uno es porque existe el otro.

     Concibieron al universo con sus astros, constelaciones y movimiento de los planetas, como un proceso vivo que representaron matemáticamente.

     Los mayas utilizaron sus cálculos matemáticos en la agricultura para determinar longitudes, áreas y para pesar, pero sobre todo, en sus descubrimientos astronómicos y en su manera de medir el tiempo.

     Los sacerdotes-astrónomos estudiaban en escuelas especiales, tenían la magnífica costumbre de grabar sus observaciones en piedra y plasmarlas en una especie de pergaminos llamados códices; registros que permitieron avances astronómicos porque favorecieron el conocimiento de astrónomos posteriores que contaron con información de eclipses de Sol y de Luna; lunas llenas y datos de otros cuerpos y fenómenos celestes, así como la fecha en que ocurrieron. Esta fue una razón poderosa para que lograran tal perfección.

Los calendarios nahuas

El calendario azteca.Existen datos que demuestran la realización, entre los pueblos mesoamericanos, de reuniones similares a los congresos científicos modernos para favorecer el intercambio de ideas y conocimientos. Una reunión de este tipo se efectuó en Copán (Honduras), y otra en Xochicalco (Morelos). A la primera, al parecer sólo asistieron astrónomos mayas, pero a la segunda asistieron astrónomos de varias naciones de la época: mayas, teotihuacanos y mixtecos.

     Los conocimientos astronómicos de los mexicas también les permitieron usar dos calendarios, a fin de organizar el tiempo y fijar las fechas para las actividades agrícolas, para las fiestas religiosas y para las celebraciones de acontecimientos importantes de su historia. Su siglo era de 52 años, al final del cual se encendía el fuego nuevo.

 

 LA MEDICINA INDÍGENA

Los hombres del México antiguo, desde su etapa de recolectores-cazadores, sintieron la necesidad de curarse de sus enfermedades. Se dedicaron entonces a observar los efectos de plantas, animales y minerales y, a lo largo del tiempo, llegaron a conocer tan bien las propiedades curativas de algunas especies, que las cultivaron en jardines botánicos y aprendieron a clasificarlas. Su herbolaria medicinal fue otro de sus grandes aportes al mundo.

     Desafortunadamente, la nueva cultura hispana destruyó gran parte no sólo de los conocimientos relacionados con las plantas curativas, acumulados en siglos, sino de toda la cultura indígena. Fue mucho más tarde cuando España se dio cuenta de esos valiosos conocimientos y quiso rescatarlos para obtener beneficios económicos introduciendo plantas medicinales americanas al mercado europeo.

     Los mexicanos han seguido utilizando las plantas medicinales y cada día les interesa saber más de su origen y sus características.

Plantas medicinales.     En la época actual, la economía y la vida en general se internacionalizan cada vez más, y esto puede poner en peligro la supervivencia de los rasgos culturales que conforman la identidad nacional como la herbolaria y el contenido científico, filosófico y artístico de la cultura indígena.

     En la actualidad, los grandes avances de los estudios arqueológicos nos permiten saber cuáles eran las plantas curativas usadas por los hombres prehispánicos. Uno de ellos es el de los "coprolitos", materia fecal humana petrificada, en la que pueden encontrarse rastros de semillas de plantas ingeridas por el hombre. Otro es el estudio del polen de plantas encontrado en las tumbas, que permiten identificar las plantas usadas con fines rituales, acostumbradas en las ceremonias porque se creía que ponían a los hombres en contacto con los dioses. Al tomarlos se producen alucinaciones y trastornos cerebrales.

     En los frescos de Tepantitla, en la zona teotihuacana, aparecen personas en actitudes diversas que indican curaciones en la boca, masajes y aplicaciones en varias partes del cuerpo.

     Había hospitales, escuelas de medicina, parteras, hueseros, herbolarios y cirujanos, porque también practicaban la cirugía.

     El Códice De la Cruz-Badiano, realizado poco después de la Conquista, tiene una serie de dibujos que han ayudado en el conocimiento de las plantas.

     Conocieron plantas para detener hemorragias, para evitar la muerte por envenenamiento, ayudar a las mujeres durante el parto y para resguardar de frío a los niños. "Las hojas de cochitzapotl machacadas y aplicadas a los pezones de las nodrizas curan la diarrea de los infantes." Muchos medicamentos que se usan actualmente, están elaborados con sustancias derivadas de plantas y en varios países las están estudiando.

      El conocimiento de las plantas curativas no era exclusivo del ticitl o médico; los yerberos conocían sus propiedades porque necesitaban clasificarlas para su venta en los tianguis.

     Su interés por la botánica llevó a los mexicas a construir jardines en diversas regiones de Anáhuac, como en Tetzcozinco, Acatelco y otros en el reino de Nezahualcóyotl. Los jardines de Huaxtepec, Chapultepec y Atlixco surtían permanentemente a la gran Tenochtitlan de plantas medicinales y de ornato.

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