Las actividades de la Nueva España estuvieron controladas por la Corona española. La más favorecida fue la minería, aunque la agricultura y la ganadería también se practicaron, limitadas por los intereses comerciales de la península. El comercio estuvo estrictamente controlado por la Casa de Contratación de Sevilla y por los virreyes, si bien después de la mitad del siglo XVIII logró cierto desarrollo.

 

 LA EXPLOTACIÓN DE MATERIAS PRIMAS Y METALES PRECIOSOS

El oro y otros metales preciosos eran considerados en Europa como la verdadera base de la riqueza, por tanto, a los reyes españoles les interesaba extraer de sus colonias la mayor cantidad posible de estos metales, y para tal propósito dieron todo el apoyo posible a la explotación mineral.

     Las colonias del Nuevo Mundo eran consideradas un mercado que solamente complementaba el de España, por ello sólo debían producir los bienes que no hubiera allá y venderlos a través de la Metrópoli; no podían comerciar directamente ni siquiera con otras colonias americanas.

     El transporte de productos debía hacerse a través de las naves españolas y únicamente podían comprarse productos manufacturados provenientes de España, pero como esta nación contaba con poca industria, tenía que entregar el oro que extraía de sus colonias a cambio de mercancía.

 

 LA APROPIACIÓN DE TIERRAS POR PARTE DE LOS CONQUISTADORES Y LOS NUEVOS TIPOS DE EXPROPIACIÓN DE LA TIERRA; LA FORMACIÓN DE LA GRAN PROPIEDAD

La tierra se repartió, mediante el sistema de capitulaciones, entre quienes participaron en la conquista, y quien llevaba a cabo esta comisión era el jefe de la expedición.

     La adquisición de la tierra por donación del rey funcionó durante las primeros años de la Colonia, cuando a España le interesaba que las tierras fueran pobladas por españoles; pero cuando la colonización fue un hecho, los consejeros de la Corona española vieron en la venta de tierras una forma de aumentar los ingresos.

     Los funcionarios públicos que llegaron a la Nueva España después de 1531 se convirtieron en grandes terratenientes, pues sus sueldos les permitían comprar o apropiarse de grandes terrenos, lo cual dio origen a la integración de latifundios. Si bien hubo leyes que intentaron limitar estas actividades, no fueron cumplidas o fueron hábilmente violadas con la intervención de "prestanombres".

En las comunidades indígenas se continuaron usando los métodos de cultivo tradicionales.     Otro gran poseedor de tierras durante la época colonial fue el clero, pues recibió también donaciones y concesiones por parte de los reyes, virreyes e incluso de algunos indígenas agradecidos. Se legisló contra la enajenación de la tierra en favor de iglesias, monasterios o personas eclesiásticas, pero la utilización de terceros que luego hacían "donaciones piadosas" salvó este escollo legal y así órdenes como los dominicos y los jesuitas llegaron a poseer grandes extensiones territoriales.

 

 LA EVOLUCIÓN DE LA AGRICULTURA EN LAS COMUNIDADES INDÍGENAS

A la caída de Tenochtitlan Hernán Cortés confiscó las tierras que pertenecían a los grandes señores indígenas para repartirlas entre sus soldados, pero la propiedad comunal fue respetada y protegida por las leyes durante los primeros años de la Colonia, aunque ya para el siglo xviii casi había desaparecido.

     La propiedad agraria en las comunidades indígenas durante la Colonia tuvo las siguientes modalidades:

  • El ejido. Terreno que comprendía las tierras situadas afuera de las poblaciones indígenas y destinadas a ser trabajadas por la comunidad para que pudiesen vivir de sus productos.

"Debía comprender también los montes necesarios para que de ellos, los indios se surtiesen de leña y madera para sus usos domésticos y para la construcción de sus habitaciones; así como de agua necesaria tanto para el riego de las tierras de trabajo, como para su uso personal y de sus ganados".

     La propiedad del ejido era comunal, no podía ser vendida y solamente el pueblo tenía derecho a utilizarla.

  • El fundo legal. Terrenos para la construcción de pueblos. Por orden de Carlos V los indios debían vivir en pueblos y no diseminados por las sierras y montes. Los sitios en que debían fundarse los pueblos indígenas se otorgaban a la comunidad, no a las personas, y no podían venderse.
  • Las tierras de repartimiento. Eran las tierras que pertenecían a las familias desde antes de la fundación de los pueblos indígenas y cuya posesión se respetó; el producto de estos terrenos se dedicaba a cubrir los gastos de la comunidad. Estas tierras poco a poco fueron cayendo en poder de los encomenderos.

     En cuanto al avance en las técnicas agrícolas posteriores a la conquista, podemos mencionar instrumentos como el machete, la noria y el malacate; se introdujo, además, el arado tirado por bueyes, sin embargo, los animales eran muy caros, por lo que la mayoría de los indígenas siguieron labrando la tierra con los mismos instrumentos que usaban desde antes de la llegada de los europeos. Los productos agrícolas eran vendidos a precios bajos; en cambio, los agricultores pagaban precios altos por mercancía de la ciudad.

     Los productos que se cultivaban en las tierras indígenas eran el maíz, frijol y chile, principalmente, para el sostenimiento de las comunidades. Algunos alimentos que se cosechaban en forma tradicional fueron prohibidos o controlados para favorecer la economía de otras posesiones españolas. Un ejemplo ilustrativo fue el cacao, cuya producción se prohibió en favor de Guatemala, Guayaquil y otras colonias.

     Los europeos introdujeron el cultivo del lino, pero posteriormente fue prohibido. Lo mismo ocurrió con la morera y la cría del gusano de seda. La siembra del tabaco se restringió sólo a ciertas zonas; algunas plantas —como el olivo y la vid— estaban prohibidas en la Colonia, para favorecer la compra de aceites y vinos a España.

     Solamente el cultivo de algunos productos como la vainilla y el algodón alcanzaron importancia dentro de la agricultura, pero la siembra de la vainilla se restringía a la zona de Papantla y Misantla, Veracruz.

     La explotación de la cochinilla, insecto del nopal utilizado para teñir telas de rojo, alcanzó cierta importancia, pero su producción también estuvo reglamentada por España. La elaboración y venta del pulque fue una importante fuente de ingresos, aunque estuvo sometida al cobro de impuestos. Se introdujo el cultivo de la caña de azúcar, mas su industrialización y exportación fue prohibida.

 

 LA MINERÍA Y SUS EFECTOS ECONÓMICOS Y DEMOGRÁFICOS

La minería fue la actividad más favorecida durante la dominación española en nuestro territorio; no se hallaron grandes yacimientos de oro pero sí de plata.

     En una basta zona que va desde Taxco, en el actual estado de Guerrero, hasta los territorios de Chihuahua, se hallaron grandes vetas de plata. Legalmente el dueño de las minas era el gobierno español, pero las otorgaba a concesionarios particulares que debían enviar al rey el "quinto real". La minería alcanzó gran desarrollo en la Nueva España porque se podía contar con mano de obra muy barata. Los indígenas trabajaban en las minas por salarios muy bajos y en jornadas de doce horas diarias. Cuando no había trabajadores suficientes se recurría al sistema de repartimiento, por medio del cual los alcaldes mayores obligaban a todos los hombres de los pueblos indígenas cercanos a trabajar durante una semana en las minas de los españoles; al regresar a sus casas se encontraban hambrientos, miserables y enfermos. Otro recurso era permitir a los delincuentes trabajar en las minas, pues ahí gozaban de cierta protección.

     La minería influyó de dos formas en la demografía colonial: por un lado favoreció el surgimiento y desarrollo de grandes núcleos de población porque al descubrirse y explotarse una veta se fundaban pueblos para que vivieran los mineros y esto requería de servicios como caminos, iglesias, mercados, etc. Algunas de las ciudades que surgieron por ser centros mineros fueron Zacatecas, Taxco, Guanajuato y Pachuca.

     En contraparte, el trabajo en las minas también acabó con gran cantidad de vidas indígenas, tanto por derrumbes, explosiones y otros accidentes en el interior de las minas como por el sistema de repartimiento y por los efectos del mercurio que se empleaba para el beneficio del mineral.

     Los efectos económicos para la Colonia fueron la aparición de ricos dueños de las minas, la posibilidad de acuñar moneda para el virreinato y el nacimiento y desarrollo de hábiles artesanos orfebres y plateros. Gran cantidad de los metales obtenidos fueron enviados a España para pagar las deudas de los reyes, financiar costosas guerras y comprar productos que la Madre Patria no producía. Los valiosos metales acabaron en Inglaterra, Francia o Alemania y propiciaron la acumulación de riquezas que favorecieron el desarrollo del capitalismo.

 

 LOS MONOPOLIOS ESTATALES Y SUS CONSECUENCIAS SOBRE LA ECONOMÍA COLONIAL

La industria en la Nueva España estuvo controlada por las leyes que dictaba desde España el Real Consejo de Indias y casi todas ellas tenían un carácter prohibitivo para la Colonia. Estaba vedada la fabricación de vino, seda, aceites, etcétera.

Encomendero en un códice novohispano. La Corona española podía mantener o dar monopolios a algunos individuos o instituciones.      El comercio con la Nueva España debía hacerse forzosamente a través de España, en la Casa de Contratación de Sevilla. Los productos de la Colonia no podían ser vendidos directamente a otros países, ni a otras colonias americanas.

     El gobierno de la Nueva España era el único que podía vender el mercurio, sal, pólvora, pimienta y tabaco. Los productos estaban tan cargados de impuestos que llegaban al consumidor casi a un doscientos por ciento de su valor original, por lo tanto era más barato comprarlos a los contrabandistas.

     La política de monopolio que España siguió para favorecer su industria, a la larga fue perjudicial porque fomentó el contrabando, la salida de moneda y la piratería.

 

 

 

 

 

 

 

 

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