PARTICIPACIÓN. LOS VALORES CÍVICOS Y LA FORMACIÓN CIUDADANA

La tolerancia, la cooperación y la responsabilidad son algunas de las actitudes que favorecen una convivencia social armónica, también existen mecanismos para trasmitirlas y hacerlas valer.

     Uno de ellos son las normas de comportamiento, las cuales existen para guiar el comportamiento individual y grupal de una colectividad; sin ellas, se genera desorden porque cada cual actúa según sus propios deseos, aspiraciones e intereses, sin importar los del resto del grupo. Por ello, a lo largo de la historia de la humanidad, se han establecido leyes para regular la conducta de los individuos y garantizar la convivencia cordial y el bienestar colectivo.

     Así, dentro de cada familia existen normas de comportamiento, como: asearse antes de sentarse a comer, no gritar ni provocar alborotos dentro de casa y cumplir con ciertos deberes, entre otras. Estas normas hacen posible la convivencia y la satisfacción de las necesidades del grupo familiar. El no cumplirlas acarrea sanciones, las cuales son diferentes en cada familia.

     En muchas ocasiones no se recibe una sanción legal o administrativa cuando no se actúa conforme a las normas sociales de comportamiento; por ejemplo: por no ayudar a cruzar la calle a un invidente no es motivo de cárcel o multa. Sin embargo, quien actúa así es mal visto o, incluso, rechazado, por el grupo o los grupos a los que pertenece.

   También existen las normas de comportamiento jurídicas, es decir las leyes, que regulan los deberes y obligaciones entre individuos y entre éstos y las autoridades, y además establecen los límites de la acción del gobierno. Su utilidad consiste en evitar que los individuos hagan daño a los demás.

     Una característica de las leyes es que indican de forma precisa las sanciones para el infractor, por lo cual existen autoridades e instituciones encargadas de vigilar su cumplimiento. Algunas normas jurídicas son: pagar impuestos, respetar las señales de tránsito y respetar la integridad física y la propiedad terceros, entre otras.

     El orden y la paz entre los individuos no son resultado del azar o de fuerzas sobrenaturales, sino de la necesidad que tienen los humanos de vivir en sociedad. Todos saben que hay cosas permitidas y otras prohibidas.

     El cumplimiento de las leyes se debe además del temor a una sanción a que existe algo que impulsa al individuo a comportarse de manera respetuosa en sociedad: los valores cívicos. Éstos tienen que ver con la forma de relacionarse con otros; sin embargo, a diferencia de las leyes y de otras normas de comportamiento, los valores cívicos permiten actuar correctamente en sociedad porque el convencimiento de que así debe ser y no porque una ley lo mande u otra norma lo indique.

     Los valores cívicos al igual que las normas de comportamiento son transmitidos de generación en generación a través de la educación. Gracias a ello, los seres humanos distinguen lo apropiado de lo incorrecto y anticipan las consecuencias de sus actos, de esta forma pueden participar responsablemente en la búsqueda del bienestar colectivo.

     En una convivencia sana los integrantes del grupo reconocen la importancia de que la libertad, la igualdad, la equidad, la justicia, el respeto, la tolerancia, la solidaridad, y la responsabilidad normen sus actos y relaciones. Por ello, la opinión y la participación de todos son necesarias para decidir y actuar en bien del interés colectivo.

     Cuando se habla de democracia, no sólo se hace referencia a una forma de gobierno en la cual los ciudadanos intervienen en la construcción de un presente y un futuro su país, estado o municipio, también se alude a una forma de vida que se puede promover en la familia, en la escuela y en los demás grupos en los que se participa.

 

 LIBERTAD

A diferencia del resto de los animales, los seres humanos tienen la facultad de elegir e inclusive inventar su forma de vida. Pueden optar por lo que les parece conveniente frente a lo presuntamente inadecuado. Sin embargo, el hacer uso de la libertad implica responsabilidades personales y ante los demás.

     La libertad es uno de los valores más importantes de la democracia y consiste en poder actuar por convicción propia, sin interferencias ni amenazas; por ejemplo: todo ciudadano es libre de votar por el partido político que prefiera, de trabajar en tal o cual empleo, de formar o no una familia, etc. Es decir, la libertad es la posibilidad de elegir entre diversas opciones sin estar sujeto a sanciones, amenazas o impedimentos. Para ejercer la libertad es necesario pensar de manera crítica, reflexiva e independiente, los motivos que impulsan a proceder de tal o cual forma y las consecuencias de ello.

     Si todos los miembros de una colectividad se comportaran sin importarles las consecuencias, se provocaría el caos; por ello, no puede existir una libertad absoluta. La libertad individual se limita para no afectar los derechos de los demás.

     Al hacer uso de la libertad, conlleva una responsabilidad ante las consecuencias de nuestras acciones. Se es libre de actuar, pero al mismo tiempo se es responsable de las consecuencias que pueda provocar este comportamiento. La libertad también se ve limitada por la cantidad de opciones existentes; por ejemplo: si sólo existiera una determinada marca de productos de uso doméstico, la libertad se reduciría a la decisión de comprar o no dichos artículos.

     Todo ciudadano goza de una serie de libertades establecidas en la Constitución Política.

     La libertad, empleada de forma inadecuada, puede hacer daño a quien abusa de ella y a los demás. Por eso es importante reflexionar muy bien antes de actuar; sin temor, pero con responsabilidad y respeto a los derechos de los demás. Éste es el principio fundamental de una convivencia democrática.

 

 IGUALDAD

Con frecuencia se dice que todos los seres humanos son iguales. Sin embargo, si es cierto que se tiene algún parecido, en realidad no se puede decir que son completamente iguales. De hecho, lo evidente es que cada individuo es muy distinto: hay serios y alegres, blancos y morenos, por no hablar de que unos son mujeres y otros hombres, unos niños y otros adultos, en fin, lo que salta a la vista no es la igualdad entre los seres humanos, sino las diferencias.

     La igualdad como valor para la democracia no se refiere a que todos los integrantes de una sociedad deben que ser absolutamente iguales como objetos fabricados en serie. A lo que se refiere es que, sin excepción, todos los seres humanos, sin importar las diferencias, gozan de los mismos derechos por el simple hecho de ser personas: igualdad ante la ley; igualdad para satisfacer necesidades básicas (físicas, afectivas, culturales, etc.) e igualdad de oportunidades.

     En la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos se reconoce la igualdad como una garantía individual:

     En el Artículo 1° se establece que todo individuo goza de las garantías que otorga la Constitución.

     El Artículo 4° decreta que los miembros de todos los grupos indígenas que existen en el país disfrutan de las mismas garantías que el resto de la población y señala que hombres y mujeres son iguales ante la ley.

     En una sociedad democrática, los individuos tienen una serie de derechos y obligaciones civiles, políticos y sociales. En ese sentido, la igualdad radica en reconocer a todos los mismos derechos y en aceptar que para poder gozar de ellos, se deben cumplir ciertas obligaciones.

     Así, no todas las personas son iguales, de hecho existen diferencias: en lo físico, en la forma de pensar y en la manera de comportarse. En lo que sí se identifican completamente, es su pertenencia al género humano y, por ello, todos gozan de los mismos derechos; nadie puede tratar de manera diferente a un hombre o a una mujer argumentando superioridad o inferioridad de raza, color, religión, grupo político o social, etcétera.

     Ninguna diferencia puede justificar superioridad sobre los demás, todos los individuos de una sociedad pueden y deben hacer valer su derecho a un trato igualitario; sin embargo, también son responsables de respetar la igualdad de los demás.

 

 EQUIDAD

Se afirma que todos los seres humanos tienen derecho a un trato igualitario, pero en realidad existen diferencias muy marcadas en las oportunidades para acceder a servicios de salud, educación, vivienda y alimentación. En el ámbito internacional, existen desigualdades económicas entre países, las cuales generan problemas sociales como hambre, pobreza, deficiente asistencia médica y educativa, entre otros.

     En México, al igual que en muchas naciones, se presentan actos de discriminación debido a la raza, la desigualdad entre la pobreza y sexos. Constantemente se escuchan noticias o se es testigo de situaciones de rechazo a indígenas, discriminación a mujeres o abuso hacia personas de escasa educación o recursos económicos.

     Por otra parte en centros educativos algunos alumnos enfrentan rechazo por formar parte de familias económicamente desfavorecidas o desintegradas; por necesitar atención especial o por ser víctimas de maltrato infantil. Evidentemente estos menores tienen mayores dificultades para poder estudiar de manera adecuada.

     Los seres humanos no siempre reciben un trato equitativo, es decir, no siempre cuentan con las mismas oportunidades para estudiar, trabajar, alimentarse y satisfacer sus necesidades.

     Lo anterior no significa que todos los hombres y mujeres se comporten de la misma forma, pues la diferencia es lo que enriquece a la humanidad. La equidad se refiere a que cada uno obtenga lo que le corresponda conforme a sus necesidades, esfuerzo o trabajo. Al mismo tiempo todo individuo aspira a recibir lo que le corresponde de los bienes del grupo al que pertenece.

 

 JUSTICIA

A lo largo de la vida, se tienen diferentes actitudes hacia los demás: aceptación, rechazo, indiferencia, afecto, etc. Es frecuente preguntarse si las acciones y formas de pensar personales están en lo correcto y, la verdad, casi siempre se tienen dudas acerca de ello; es decir, no se está completamente seguro de una actuación completamente justa.

     La palabra justicia es empleada frecuentemente, sin embargo, se emplea de modos distintos. A continuación se presentan tres ejemplos de lo que los seres humanos han considerado justo en diferentes etapas de la historia:

  • En 1792 a.C., Hammurabi (1800-1750 a.C.), uno de los monarcas de Mesopotamia, mandó inscribir sobre una piedra un gran código con las leyes vigentes de su tiempo. Una de las principales características de éste era la forma de aplicar la justicia en casos de crimen. La legislación criminal se basaba en la "Ley del Talión": Si un hombre destruye el ojo de otro hombre, se le destruirá a él el ojo; si un hombre arranca el diente a otro hombre de su misma categoría, se le arrancará el diente a él.
  • El Corán (libro sagrado de los musulmanes) otorgaba a los hombres el derecho de castigar a las esposas adúlteras. En caso de adulterio planteaba que, cualquiera que acusara de este delito a una mujer, debía presentar cuatro testigos, prueba suficiente para condenarla a sentencias tan severas como la muerte.
  • En la actualidad, en algunas comunidades indígenas del estado de Chiapas existe una aplicación de la justicia muy peculiar; por ejemplo: si un individuo mata a otro el castigo consiste en que si el muerto era casado y tenía hijos, el asesino debe mantener de por vida a la viuda y a los hijos.

     En síntesis, la aplicación de la justicia varía con el tiempo y con las sociedades, pero, en todos los casos, se basa en leyes o preceptos válidos para un determinado grupo social; por ello, el concepto de justicia se refleja en el conjunto de leyes que una sociedad ha establecido para garantizar el orden y el desarrollo colectivos. La razón para hacer lo justo es que las personas se pueden reconocer como seres humanos con igualdad de derechos.

     Una sociedad como la mexicana, afectada por crisis económicas recurrentes y en la que una parte importante de la población se encuentra en condiciones de pobreza y expuesta a todo tipo de violencia, no puede pasar por alto la importancia del significado de los valores cívicos. Cada ciudadano debe participar en la construcción de una sociedad más justa y democrática. No se debe olvidar que la libertad, la igualdad y la equidad no son palabras vacías sino poderosos instrumentos de transformación.

 

 RESPETO

Suele decirse "igualdad para vivir, respeto para convivir".

     Cada ser humano posee características propias, personales; por ejemplo: de complexión gruesa o delgada; con nariz grande, pequeña o mediana; también es un rasgo distintivo la forma de hablar, caminar y de vestir; existe la propiedad privada y, también, los bienes de todos los integrantes de la sociedad; se tienen gustos, ideas y preferencias propias. En fin, cada uno es como es y tiene lo que tiene. Si alguien no respeta la forma de ser o las cosas personales, seguramente se generará un conflicto.

     Para garantizar la convivencia se han establecido una serie de normas; pero hay la llamada "regla de oro", que consiste en "no hacer a otro lo que no se quiera que le hagan a uno".

     Lo anterior significa que respetar a los demás es la base para ser respetados. El respeto es un valor muy importante que consiste en considerar los derechos y la dignidad humana de los demás sin importar sus características físicas o su forma de pensar.

     Cada ser humano es diferente, sin embargo, tiene los mismos derechos; por ello, aceptar a los demás tal y como son es el principio para obtener de ellos aceptación y respeto.

     La diversidad en la forma de ser y de pensar de los seres humanos, brinda bienestar a la vida colectiva de las comunidades y naciones. En muchos casos, las diferencias entre los humanos son motivo de admiración y alegría. Sin embargo, la falta de respeto en ocasiones origina intolerancia y ésta provoca violencia, destrucción y muerte. Por el contrario, el intercambio y la aceptación de las diferencias, posibilita el progreso y el bienestar social.

     El respeto como valor cívico tiene un profundo significado que se refleja en el trato a los demás. En la medida en que cada persona es capaz de conocerse a sí misma y de conocer y aceptar a los demás tal y como son, será posible convivir pacíficamente.

 

 TOLERANCIA

El respeto es imprescindible para convivir de manera pacífica; sin embargo, no siempre se respeta, principalmente cuando alguien no está de acuerdo con la forma de pensar o actuar personal.

     Los pequeños y grandes conflictos de la humanidad han empezado, casi siempre, al no respetar las ideas de otros (pueblos, grupos o personas), por condenar a quienes son diferentes, por no aceptar que las diferencias son necesarias para el progreso y no reconocer que la diversidad es condición para vivir en paz con los demás y para que la humanidad pueda desarrollarse.

     A lo largo de la historia, los individuos han manifestado intolerancia hacia quienes son diferentes por su color de piel, religión, preferencias políticas, costumbres, nacionalidad o forma de pensar.

     Tolerar es aceptar a quienes son diferentes  y respetar sus opiniones, hábitos o costumbres. Es un valor de vital importancia que favorece una adecuada convivencia entre los integrantes de la sociedad.

     Las diferencias permiten el progreso, pero pueden provocar conflictos. Una manera de evitarlos es el diálogo. "Hablando se entiende la gente" dice un refrán popular. A través del diálogo es posible conocer, comprender y ponerse de acuerdo. Sin renunciar a diferencias personales, es posible tomar decisiones que beneficien a la mayoría.

     Desde luego, las ventajas de dialogar y tomar acuerdos es indiscutible. Si existe éste entre los integrantes de un grupo social, se crea la posibilidad de establecer acuerdos; por ejemplo: en clase se puede decidir quién será el jefe de grupo; en familia decidir a dónde ir de vacaciones; en la comunidad es factible llegar a acuerdos para mejorar la limpieza de las calles, etcétera.

     El reconocimiento y aceptación a los otros ayudan a formar núcleos humanos con relaciones más justas, en las que las voces de todos sean escuchadas y donde los acuerdos se respeten.

 

 SOLIDARIDAD

"La unión hace la fuerza", "dar una manita", "meter el hombro", "jalar parejo", son dichos que se emplean para referirse a la cooperación y a la solidaridad.

     Se dice que lo importante no es ganar, sino competir. Pero no es posible negar que, en la actualidad, los individuos compiten con la finalidad de ser los mejores en los deportes, el trabajo, la escuela, etcétera. La competencia proporciona, en buena medida, la motivación para mejorar; pero puede conducir al egoísmo, a la falta de cooperación o a la frustración y a olvidar que "la unión hace la fuerza".

     Todos los días se viven conflictos y situaciones en las que es necesario unir ideas, energías y responsabilidades individuales con las del resto del grupo; esto es, se necesita actuar con solidaridad.

     La solidaridad significa identificarse con otros, unirse a una causa, trabajar en equipo para satisfacer las necesidades de todos los integrantes de una colectividad y para resolver los problemas que enfrentan. Esto es un acto libre, consciente y voluntario, por ello se debe hacer de manera responsable.

     Los retos de un grupo solidario son mejorar las condiciones de vida de la comunidad, compartir los recursos y el trabajo de una manera equitativa, ayudar a los demás cuando sea necesario, así como solucionar los problemas y atender las demandas en conjunto.

     En las familias, comunidades, centros escolares y de trabajo, etc., se enfrentan diversos problemas; es posible aceptarlos y resolverlos de forma personal; pero si la gente trabaja unida, puede resolver más fácil y eficientemente las dificultades.

 

 RESPONSABILIDAD

Los seres humanos son libres de elegir su forma de ser y vivir, sin embargo, al hacer uso de esta libertad adquieren un compromiso: la responsabilidad.

     Todos hombres y mujeres gozan del derecho de actuar con libertad, pero también tienen la obligación de responder ante las consecuencias de sus acciones.

     Tal respuesta puede tener, al menos, dos facetas. La primera tiene que ver con aceptar las consecuencias de la conducta adoptada y responder ante los demás cuando quieran saber quién llevó a cabo las acciones que fueron la causa de tales o cuales efectos, ya sean buenos o malos; la segunda, consiste en ser capaz de dar razones cuando se cuestione por qué se hicieron dichas acciones.

     Si se tiene la capacidad para admitir la responsabilidad personal ante las consecuencias, entonces se ejerce de manera reflexiva la libertad.

     Por tanto, actuar con responsabilidad significa estar seguro de que lo que se hace es adecuado y no afecta a los demás.

     Es importante señalar que la responsabilidad no se asume solamente ante los otros, sino ante uno mismo, esto quiere decir que aunque no existan prohibiciones explícitas, si se considera que puede afectar a quien actúa o a otros, se deben imponer límites de manera personal ya que no puede haber reglas sociales para todo.

          En la vida social, lo importante no es el beneficio de unos cuantos sino el de la sociedad en general. Por eso, muchas veces, tomar decisiones resulta tan difícil.

     Algo similar sucede en los grupos sociales: no es adecuado obtener beneficios personales perjudicando a otros, no es democrático mejorar las condiciones de vida de algunos sacrificando a otros, así como tampoco es justo que en algunas comunidades exista la intolerancia o la irresponsabilidad y, sin embargo, existen.

 

 

 

 

 

 

 

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