LOS MITOS

Los hombres y las mujeres siempre han tenido la necesidad de explicarse el mundo. Por eso han inventado dioses, creado religiones que les protegen, ayudan y dan respuesta a lo que entienden, a todo lo que ignoran.

     Desde que el hombre es hombre y la mujer,  mujer, se explicaron, unos y otros, los fenómenos naturales: la salida y el ocultamiento del Sol, de la Luna, la existencia de las estrellas, la lluvia, el fuego, los animales, las plantas... y, por supuesto, la propia existencia.

      Los mitos son invenciones fabulosas sobre la creación del universo, hechos y relaciones de dioses y héroes, situados en tiempo remoto para justificar los fenómenos cíclicos naturales.

     La mitología es el conjunto de tradiciones, cuentos, leyendas y narraciones orales o escritas que se relacionan con las divinidades, el origen humano o personajes fantásticos.

     Todos los grupos humanos tienen mitos. Los pueblos prehispánicos que habitaban lo que ahora es México no son la excepción. Algunas de éstos son muy elaborados y complejos y además de contener un sentido filosófico fueron hechos con una gran calidad literaria. Es el caso del Popol Vuh, escrito por los mayas; es un texto que explica la creación del universo y, a la vez, es una muestra de su espléndida literatura.

La muerte de los muñecos de palo

...Enseguida fueron aniquilados, destruidos y deshechos los muñecos de palo y recibieron la muerte.

Una inundación fue producida por el Corazón del Cielo; un gran diluvio se formó y cayó sobre las cabezas de los muñecos de palo.

De tzite1, se hizo la carne del hombre, pero cuando la mujer fue labrada por el Creador y el Formador, se hizo de espadaña la carne de la mujer. Estos materiales quisieron el Creador y el Formador que entraran en su composición.

Pero no pensaban, no hablaban con su Creador, su Formador, que los había hecho, que los había creado. Y por esta razón fueron muertos, fueron anegados. Una resina abundante vino del cielo. El llamado Xecotcovach, águila, llegó y les vació los ojos; el murciélago vino a cortarles la cabeza, y vino el jaguar y les devoró las carnes. El tapir llegó también y les quebró y magulló los huesos y los nervios, les molió y desmoronó los huesos.

Y esto fue para castigarlos porque no habían pensado en su madre ni en su padre, el Corazón del Cielo, llamado Huracán. Y por este motivo se oscureció la faz de la Tierra y comenzó una lluvia negra, una lluvia de día, una lluvia de noche.

Llegaron entonces los animales pequeños, los animales grandes, y los palos y las piedras les golpearon las caras. Y se pusieron todos a hablar, sus tinajas, sus comales, sus platos, sus ollas, sus perros, sus piedras de moler, todos se levantaron y les golpearon las caras.

Mucho mal nos hacían, nos comían y nosotros ahora los morderemos, les dijeron sus perros y aves de corral.

Y las piedras de moler:

Éramos atormentados por ustedes; cada día, cada día, de noche, al amanecer, todo el tiempo hacían "holi, holi, huiqui, huiqui"2 nuestras caras, a causa de ustedes. Éste era el tributo que les pagábamos. Pero ahora que han dejado de ser hombres, probarán nuestras fuerzas. Moleremos y reduciremos a polvo sus carnes, les dijeron sus piedras de moler.

Y he aquí que sus perros hablaron y les dijeron:

¿Por qué no nos daban su comida? Nosotros sólo estábamos mirando y ustedes nos perseguían y nos echaban fuera. Siempre tenían listo un palo para pegarnos mientras comían. Así era como nos trataban. Nosotros no podíamos hablar. Quizás no les daremos muerte ahora; pero ¿por qué no reflexionaban, por qué no pensaban en ustedes mismos? Ahora nosotros los destruiremos, ahora probarán ustedes los dientes que hay en nuestra boca: los devoraremos, les dijeron los perros y luego les destrozaron las caras.

Y sus comales, sus ollas les hablaron así:

Dolor y sufrimiento nos causaban. Nuestra boca y nuestras caras estaban tiznadas, siempre estábamos puestos sobre el fuego y nos quemaban como si no sintiéramos dolor. Ahora probarán ustedes, los quemaremos, dijeron sus ollas, y todas les destrozaron las caras.

Las piedras del hogar, que estaban amontonadas, se arrojaron directamente desde el fuego contra sus cabezas para hacerlos sufrir.

A toda prisa corrían, desesperados (los hombres de palo); querían subirse sobre las casas y las casas se caían y los arrojaban al suelo; querían subirse sobre los árboles y los árboles los lanzaban a lo lejos; querían entrar a las cavernas y las cavernas los rechazaban.

Así fue la ruina de los hombres que habían sido creados y formados, de los hombres hechos para ser destruidos y aniquilados: a todos les fueron destrozadas las bocas y las caras.

Y dicen que la descendencia de aquéllos son los monos que existen ahora en los bosques; éstos son la muestra de aquéllos, porque de palo fue hecha su carne por el Creador y Formador.

Y por esta razón, el mono se parece al hombre, es la muestra de una generación de hombres formados que eran solamente muñecos y hechos solamente de madera.

1Tzité. Árbol que da semillas rojas parecidas a las del frijol.
Con sus ramas se hacen cercados en los campos.
2Holi, huiqui. Onomatopeya; ruido que hace la piedra
cuando se muele maíz sobre ella.

     El Popol Vuh es libro sagrado entre los mayas, pues trata del origen de los pueblos quichés. El fragmento anterior pertenece a la llamada Tercera Creación, que corresponde a los hombres de madera; antes, los dioses habían creado figuras humanas de barro, pero por carecer de pensamientos, las destruyeron. La Cuarta Creación de los dioses fue la de los hombres de maíz, raza inteligente y agradecida con su creadores.

 

 LAS LEYENDAS

La leyenda es una narración fantástica de hechos mágicos o asombrosos, que en algunas ocasiones tiene sustento histórico. Generalmente, las leyendas se transmiten de manera oral, de boca en boca y así pasan de padres a hijos y a nietos, de generación en generación.

     Esas narraciones a veces sirven para explicar cosas sucedidas que, con el tiempo, se van transformando hasta ser historias fantásticas.

     En México existen incontables leyendas, en particular de la época colonial: historias de aparecidos o de fantasmas que recorren las calles; también hay historias de personas que cometieron actos indebidos y hasta crímenes, o de enamorados que murieron por envidias, celos o por defender su amor.

 

Los hijos del Sol
(Leyenda inca)

Cuentan y afirman los indios de esta tierra que los incas Cápac procedieron de esta manera:

     "Lejos, en una montaña cubierta de nieve, cuya cumbre se elevaba mucho más allá de las blancas nubes y donde no había llegado jamás ningún hombre, se extendía un lago tan grande que parecía mar. Sus aguas eran claras como el diamante más limpio y azules como el alto cielo que brillaba entre los rayos del sol.

     Alrededor del lago crecían esbeltas plantas de lustrosas hojas por toda la orilla, se veían piedras y rocas vestidas de blanda hierba.

Cada mañana, al salir Viracocha, el Sol, se asomaba al lago, se miraba en sus aguas como en un espejo y decía:

No he visto en todo el mundo un lago más bello que éste.

Una mañana, como de costumbre, contemplábase el astro en el líquido, cuando de repente, en el lugar donde se reflejaba su cara redonda y dorada, comenzó a levantarse una onda pequeñita, que poco a poco fue elevándose, hasta formar un cerro de agua azul y brillante.

Al mirar este hecho extraordinario, las plantas dejaron de conversar para poder mirar mejor; el viento, que hacía rato silbaba con su enorme boca, quedóse de repente quieto y se agazapó en el hueco de una roca, a fin de atisbar desde allí lo que pasaba; las viejísimas piedras blancas y negras que se sabían de memoria la historia íntegra del lago y conocían perfectamente la vida del Sol, la Luna y las estrellas, pero que hablaban muy pocas veces, abrieron enormemente sus oscuros ojos con pestañas y cejas de musgo y miraron aquello.

De pronto, la inmensa ola se partió por enmedio; miles de pececillos de plata saltaron hacia afuera y enseguida asomaron de entre las aguas, cogidos de las manos, un hombre y una mujer. Eran jóvenes y hermosos, sus ojos brillaban como estrellas. Iban vestidos con túnicas de tela de oro, adornadas con piedras preciosas y plumas de colores.

El mancebo se llamaba Manco-Cápac y la doncella Mama-Ocllo. Miraron a su alrededor. El lago estaba completamente tranquilo, como si nada hubiera ocurrido. Entonces empezaron a andar sobre las aguas, lo mismo que si caminasen sobre tierra firme y pronto llegaron a la orilla. Sus ropas se hallaban completamente secas. Sólo en su hermoso pelo negro temblaban miles de gotitas de agua. Al pisar la playa sacudieron sus cabelleras; las gotitas saltaron yendo a parar sobre las rocas y al caer en ellas se convirtieron en piedras preciosas.

Alzaron luego los ojos. Allá, en el cielo azul, estaba Viracocha, que miraba a sus hijos, con el rostro brillando de alegría, porque eran sus hijos y eran príncipes, los dos jóvenes nacidos tan misteriosamente.

El Sol les había dado la vida, haciéndolos salir de las aguas encantadas del lago Titicaca.

Manco-Cápac tenía en la mano derecha una vara de oro que brillaba tan vivamente como si fuera un rayo de luz; también traía consigo en una petaquilla de paja, un pájaro como halcón, llamado Indi, al que veneraban y tenían como cosa sagrada, pues transmitía su entendimiento a Manco-Cápac. Y Mama-Ocllo llevaba un huso con el que hilaba, todo el tiempo, lana de lindos colores.

El Sol había regalado a Manco-Cápac aquella vara para que fundara un gran imperio en el lugar donde lograra clavarla hasta la empuñadura. Era preciso obedecer ese mandato y los dos príncipes se echaron a andar. El joven probaba el suelo con su vara maravillosa, pero no era fácil dar con la tierra conveniente.

Durante todo el día, Manco-Cápac trabajó hasta cansarse en ir tocando el terreno y Mama-Ocllo fue a su lado hilando. Llegó la noche y ambos durmieron bajo un árbol.

Continuaron la marcha a la mañana siguiente y caminaron durante meses y meses alimentándose de los frutos del campo y bebiendo en los arroyuelos.

Andando así, llegaron una mañana muy nublada al pie de un cerro.

Subiéronlo fatigosamente y en el momento en que pisaban la cumbre asomó el sol entre las nubes y alumbró con luz vivísima todo el campo, apareció ante sus ojos el arco iris del cielo, al que llamaron guanacauri, y lo tuvieron como buena señal de que la tierra no sería destruida por el agua. Jamás habían visto un lugar más hermoso.

 ¡Oh, Manco-Cápac, dijo Mama-Ocllo, prueba tu vara en esta preciosa tierra!

Entonces, él tomó la vara y aventóla hacia el valle con tal fuerza que quedó clavada hasta la empuñadura. Descendieron los jóvenes apresuradamente y arrodillándose sobre la hierba fresca, dieron gracias a su padre por aquel hermoso suelo que les daba para vivir.

Los hombres que habitaban los lugares cercanos, al saber que habían llegado dos maravillosos príncipes, hijos del Sol, acudieron a saludarlos, formando filas interminables. Unos llevaban los mejores frutos de sus charcas; otros, las flores más bellas de sus jardines; los pastores conducían llamas blancas como la nieve, vicuñas de piel dorada como el sol y alpacas negras como la noche. La gente y los rebaños cubrían completamente el valle y llegaban hasta el horizonte.

Entonces se adelantaban los jefes de aquellos pueblos y dijeron a los príncipes:

Queremos que ustedes sean reyes.

Luego, los músicos tocaron sus instrumentos y los soldados pusieron sus lanzas y flechas a los pies de los jóvenes, en señal de sumisión. Enseguida, la multitud entusiasmada lanzó gritos que atronaban el espacio diciendo: ¡Viva el rey Manco-Cápac! ¡Viva la reina Mama-Ocllo!

Los dos aceptaron gustosos el reinado y Manco-Cápac fundó entonces el imperio de Tahantinsuyo y escogió para edificar la capital el sitio en que se había clavado la vara mágica.

Pronto comenzó toda aquella gente a construir preciosos palacios de piedra, forrados con láminas de oro y al poco tiempo habían levantado una maravillosa ciudad a la que pusieron por nombre Cuzco, que en lengua antigua significa "fértil". El emperador en persona enseñó a los hombres a labrar la tierra y la emperatriz instruyó a las mujeres en el modo de tejer preciosas telas.

Los dos jóvenes fueron reyes muy amados por su pueblo y vivieron gobernando aquel país durante muchos años.

Elaboración de una antología ilustrada

La antología consiste en una selección de diversos textos sobre un tema.

     Para elaborar una antología es necesario:

  • Elegir el tema o el género; por ejemplo: una antología de mitos y leyendas, o bien, de cuentos, de poesía, de noticias, de reportajes o crónicas.
  • Recopilar la información acerca del tema en distintas fuentes bibliográficas.
  • Seleccionar las obras o fragmentos que cubran los requisitos que, por su extensión y tema, puedan formar una sola obra.
  • Una vez seleccionados los textos, deben uniformarse bajo un mismo formato, es decir, deben copiarse y poner los títulos de un mismo tamaño y con un solo tipo de letra.
  • Ilustrar la antología, con recortes de revistas o de periódicos, con fotografías o dibujos.

     El compilador será quien seleccione y ordene los materiales que formarán la antología.

 

 

 

 

 

 

 

 

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