La extensión del territorio mexicano es aproximadamente de 2 millones de kilómetros cuadrados y de acuerdo con la Constitución Política de nuestro país, éste comprende los estados de la República Mexicana y el Distrito Federal; las islas que están en el mar territorial, extensión que mide 12 millas marinas, partiendo de las costas; la plataforma continental, es decir, la prolongación de las costas dentro del mar hasta 200 metros de profundidad; y el espacio aéreo que cubre el territorio mexicano. Los límites de nuestro territorio son: al norte, Estados Unidos de América; al sureste, Guatemala y Belize; al este, el golfo de México, y al oeste, está el océano Pacífico.

 

Un relato

Motita es una hermosa ardilla que vive en el hueco de un roble viejo, en el corazón de la sierra. Se pasa el día royendo bellotas secas, que le encantan. Casi nunca habla con nadie, juega sola cerca de su casa. Un día llegó hasta allí Chava, el conejo. Le llevaba una invitación para una junta, pero Motita no la quiso aceptar y muy enojada le dijo:
—Yo no necesito juntarme con nadie.
—Motita —dijo el conejo—, tenemos que resolver entre todos algunos problemas.
—Resuélvanlos ustedes.
—¡Pero tú también eres roedor! —insistió Chava.
—Yo no tengo problemas —dijo Motita, convencida de que era el único roedor decente en el bosque y se fue a dormir la siesta, pensando en aquellos borloteros que perdían el tiempo.

En la junta de discusiones y acuerdos el conejo Chava informó:
—La diabla de Motita no quiso venir ni leer siquiera la carta.
Los asistentes a la asamblea decidieron iniciar sin ella. Tenían un grave problema, el invierno sería mucho más frío que otros años y tenían poco sol.
El castor propuso:
—¡Vámonos donde haya más sol, al valle de más abajo!
Doña Meche, la vieja ardilla, protestó:
—¡No! Recuerden la reuma de mi pata izquierda, además, no podré alimentarme. No hay encinos, no tendré bellotas que comer.
La tuza propuso:
—¡Tiremos un árbol para tener un asoleadero!
Doña Pachita, la marmota, preguntó:
—¿Cuál árbol hay que cortar?
—Yo propongo el encino que está junto al roble seco —dijo Chava.
—¡No! ése no, allí vivo yo —dijo el castor.
—Entonces, el cedro que está junto al hormiguero —dijo el lirón.
—No nos conviene —aseguró el ratón—. Allí no podríamos asolearnos porque las hormigas nos picarían.
—¿Qué les parece el roble viejo? —preguntó la tuza. Como nadie se opuso, porque no les perjudicaba, se levantaron decididos a trabajar toda la tarde y hasta la noche si era necesario porque el frío los estaba congelando.
Motita estaba dormida, soñando con prados llenos de bellotas, y entonces la despertó un ruido y sintió que el roble se movía.
–¡Parece que está temblando!, ¡pero sólo es mi casa! ¿Por qué seráaaaaa...?


Al igual que el cuento, lo mismo pasa con los seres humanos. En nuestro país vivimos más de 91 millones de mexicanos. ¿Qué tendremos en común?

 

México y sus fronteras

Li-Sun es un joven profesor chino que se encuentra estudiando en México desde hace dos años. A él le gusta mucho viajar y ha recorrido varios estados de la República. Colecciona historias interesantes de los sitios que visita, para contarlas a sus alumnos.

Yo lo conocí en el Museo de Tepoztlán, cuando juntos mirábamos las máscaras de los chinelos. Como yo no sabía dónde se encontraba su país, lo marcó en el siguiente mapa.

Me dijo que pronto se irá a su país y que quisiera llevar muchas más historias. ¿Quieres ayudarlo?

Después de salir del museo, Li-Sun me compró una nieve de mango con chile y, en el atrio de la iglesia me contó la historia de San Agustín Oapan, Guerrero, que le narró Abraham Salazar.

El profesor Li-Sun inventó un rompecabezas para sus alumnos. Con él podrán conocer más sobre el país de sus amigos mexicanos. ¿Te gustaría hacer uno?

Aunque todos los seres humanos somos iguales; nuestras costumbres y tradiciones, hábitos y lengua nos distinguen unos de otros, todo esto nos identifica como mexicanos, chinos, paraguayos o nigerianos. Sin embargo, la humanidad es una gran familia dividida en países con límites que llamamos fronteras.

México forma parte de la comunidad internacional, es decir, los países del mundo decidieron organizarse para ayudarse, intercambiar productos y mantener la paz.

El profesor Li-Sun me dijo que México es amigo del mundo. Por eso decidió venir y conocerlo. A continuación ayuda a Li-Sun a conocer otras cosas de nuestro país.

México es un país muy grande que necesita de la participación de todos sus habitantes; entre todos elegimos un gobierno, que administre y organice todas las riquezas que producimos.

Lee con atención.

Cuentan los ancianos que hace un montón de años el Leopardo vivía en la selva: una selva grandísima, toda verde, con subidas y bajadas, toda llena de árboles y animales, flores y pájaros.
El Leopardo un día se puso el traje de Sultán y dijo:
–¡Yo soy el dueño de toda la selva y de todos los prados y de todos los seres vivos que habitan en ella! ¡Y de los ríos que hay en la selva, y de los peces que viven en los ríos! Un poco más lejos hay campos donde viven grandes manadas de bueyes, y yo también soy el dueño de todos esos bueyes y de los pajaritos que se posan en los cuernos de esos bueyes.
Ocurrió que un día, en una selva vecina, nació un león.
El Leopardo se puso su gorro de Sultán y fue a visitar al león. Al regresar llamó al zorro, que era su ministro, porque quería conversar con él.
El zorro le dijo:
–El león ahora es muy pequeño, pero cuando pase el tiempo le crecerá una gran melena y las garras y el rugido se le hará estruendoso, entonces se pondrá el traje de rey y se convertirá en dueño de la selva y de todo lo que hay en ella.
Los animales no estuvieron de acuerdo con que el Leopardo o el León, a quienes ni siquiera conocían, se creyeran dueños de ellos, les dijeran dónde y cómo vivir, qué comer, y además tenían que llevarles alimento y objetos para que estuvieran cómodos.
Por otro lado, el león se dio cuenta de que la selva era tan grande, que no podía estar en todos los sitios al mismo tiempo y esto hacía que los problemas tardaran en resolverse.
La temporada de lluvia fue muy intensa, los ríos se desbordaron y el agua llegó hasta los prados. Los bueyes no podían comer, ya que el pasto se encontraba bajo el agua. Los elefantes habían decidido arrancar los grandes juncos para tener más espacio para asolearse; pero entre esos árboles se encontraban los nidos de los pájaros. Entre más pasaba el tiempo, las cosas se volvían más difíciles.
El Consejo de animales ancianos se reunió y decidió hablar con el león.
Los seres humanos decidieron organizarse para convivir unos con otros. Los mexicanos, como en el relato, no quisieron que un rey se sintiera dueño de ellos, ni que les dijera lo que tenían que hacer, por eso escogieron una forma de gobierno en la cual ellos mismos eligieran a sus gobernantes y pudieran participar en la solución de los problemas y disfrutar de los beneficios del trabajo en común.

Nuestro país es una república federal porque está compuesta de estados o entidades como Yucatán, Tlaxcala, etcétera, que tienen su propio gobierno y leyes, pero al mismo tiempo forman parte de un territorio más grande, México, que tiene una ley y gobierno para todos. Todos los que habitamos en la República llevamos el apellido de mexicanos.

El gobierno federal es el gobierno de todos los mexicanos y está dividido en tres poderes: Legislativo, Ejecutivo y Judicial. El Poder Legislativo se integra por las cámaras de Senadores y de Diputados, que forman al Congreso de la Unión; éste revisa y sugiere las propuestas de leyes convenientes para México. El Poder Ejecutivo se deposita en la persona del presidente de los Estados Unidos Mexicanos y, en cada estado, en la del gobernador. Se encarga de hacer cumplir las leyes propuestas por el Congreso de la Unión. El Poder Judicial se encuentra en manos de la Suprema Corte de Justicia, es la encargada de perseguir y castigar a los delincuentes.