"Quiero que en mi país acaben las pobrezas, las enfermedades y todas las cosas que nos quitan la felicidad."

     "Yo veo maravilloso a mi país porque todos somos libres, todos tenemos algo por qué vivir, desde el más pobre hasta el más rico."

 

      Estos textos que acabas de leer fueron escritos por niños como tú. Se trata de textos que reflejan algunos de los anhelos que muchos mexicanos han tenido durante nuestra historia.

     Con objeto de lograr esos anhelos, cada pueblo debe unirse en los mismos propósitos, por eso cada país ha creado sus propias leyes con las cuales busca hacer realidad esas metas.

     Los mexicanos que vivieron en 1917 escribieron un libro donde se manifiestan esas leyes: la Constitución. En ella se presentan las formas en que nos organizamos para convivir mejor, cómo elegimos a nuestros gobernantes, y los derechos y obligaciones que tenemos como ciudadanos de México, entre otras cosas.

     Si no tuviéramos una Constitución, existiría el peligro de que cualquier país nos viniera a decir cómo debemos comportarnos y, sobre todo, no podríamos decidir lo que queremos lograr como pueblo.

     Es así que cada 5 de febrero recordamos la fecha en que nuestra actual Constitución fue dada a conocer a todo el pueblo de México.

     La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos es la ley que establece los derechos y las obligaciones de todos los que vivimos en México; ya sean mexicanos o extranjeros.

     Cada estado posee su propia constitución, exceptuando al Distrito Federal, porque es el territorio que ocupan los tres poderes de la Federación: Ejecutivo, Legislativo y Judicial, y ninguna puede estar por encima de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

     Cada uno de nosotros es único y especial. Únicamente tú tienes esa manera de sonreír; solamente a ti te crece el cabello de esa manera, nadie más tiene tus sentimientos y hay ideas que sólo a ti se te ocurren.

     Toma en cuenta que para tus papás tú eres muy importante, también para tus familiares, maestros y amigos. Aunque a veces no te lo digan, con sus actos te demuestran que te quieren y te necesitan.

     Cuando sentimos que nos quieren nos sentimos bien; de igual modo nosotros podemos hacer que quienes nos rodean se sientan felices si les demostramos nuestro cariño.

     Querernos y sentirnos bien con nosotros mismos es importante. No tienes que ser perfecto para que la gente te estime y te quiera. De hecho nadie es perfecto, de la misma manera en que nadie es completamente imperfecto.

     Para aceptar a otros primero debemos aceptarnos y querernos a nosotros mismos, con nuestras cualidades y defectos, pero claro, debemos tratar siempre de hacer un esfuerzo por ser cada día mejores hijos, compañeros, amigos, estudiantes.

     Lo que pensamos de nosotros influye en la manera en que actuamos, si pensamos que somos buenos en matemáticas, seguramente sacaremos buenas notas en esa materia. Por el contrario, si creemos, por ejemplo, que somos malos en futbol es muy probable que nunca anotemos goles aunque tengamos la oportunidad de hacerlo.

     Lee el caso de Aniceto, quien no confiaba mucho en sí mismo y mira lo que le pasó:

     —¿Cuántos son dos y dos? —preguntó el profesor.
     La clase quedó en silencio. Aniceto sumó con los dedos y le salieron cuatro, pero como nadie decía nada él también calló. ¡La pregunta debía ser dificilísima! ¡Seguro que se había equivocado!
—¿Será posible que nadie lo sepa? —exclamó extrañado el profesor.
—Cuatro —dijo entonces Aniceto muy bajito, con mucho miedo.
—¿Eh? ¿Alguien ha dicho algo por ahí?
—Cuatro —gritó el compañero de pupitre de Aniceto que era un vivales. ¡Seguro que lo había oído!
—¡Perfecto! —exclamó el profesor.
—¡Aniceto, cara de abeto! —gritó uno de los compañeros al verlo. Y todos se rieron.
     Entonces Aniceto lo vio… Vio al dragón. Tenía doce pares de ojos que miraban de manera burlona, doce bocas que al reírse lanzaban llamas de fuego. ¡Qué barbaridad! Sus compañeros de juego se habían convertido en un dragón.
—Vamos a hacer una carrera —gritó el dragón con una de sus bocas.
—Seguro que pierde Aniceto —agregó otra.
—¡A la una, a las dos y a las tres! El dragón echó a correr.
—¡Que se escapa! ¡Voy por él! —se dijo Aniceto corriendo tras él.
     Y lo hizo con tal ímpetu que las cadenas con que el dragón le había atado sus pies se rompieron. Sí, se rompieron ante su gran valor, porque eran cadenas de miedo. Aniceto alcanzó al dragón y de un soplo lo mató. En su lugar volvieron a aparecer sus compañeros que estaban corriendo, ¡y Aniceto siguió con ellos! ¿Por qué crees que Aniceto tenía miedo? ¿Por qué desapareció el dragón?

     ¿Y ganó? Bueno no, no ganó, pero llegó en tercero, que es muy buen puesto.

 

     Todas las personas somos importantes y valiosas. Nuestro valor e importancia no depende de si somos altos, simpáticos, morenos, sordos, inteligentes, ricos o pobres. Somos importantes y tenemos derecho a una serie de consideraciones por el solo hecho de existir y nacer dentro de una comunidad de seres humanos.

     Como ser humano, tienes una serie de derechos que nadie te puede quitar, ni siquiera tus papás o el presidente de México.

     ¿Comprendes la palabra derecho? Que alguien tenga derecho a algo significa que ese algo le corresponde naturalmente, sin condiciones. Los derechos de los niños surgen de lo que necesitan para crecer felices y saludables.