¿Sabes qué tienen en común las imágenes de la derecha? Si las relacionas te darás cuenta de que todas pertenecen a un mismo país: México.

     En las distintas regiones que tiene nuestro país hay manifestaciones culturales con las cuales se identifica la gente que vive en ellas. Hay fiestas populares en las que se canta y se baila música particular de cada región, comida que sólo en algunas partes saben preparar, trajes regionales que se mezclaron con las vestimentas indígenas, y hasta juegos y juguetes que no encontrarás en ningún otro lado del mundo.

     Todos estos elementos forman la cultura popular de México, el lugar al que perteneces.

     Así como la forma de vestir de cada persona refleja algo de ella, el traje típico de cada región representa algo de las costumbres propias de esa región.

     El traje de la china poblana es representativo no sólo de un estado, sino de todo el país. ¿Sabes cuál es su origen? Cuentan que el nombre de china poblana se le dio a una esclava llamada Catarina de San Juan que venía de las Filipinas en la Nao de China, el cual era un barco mercante que venía desde el continente asiático a las costas mexicanas en los tiempos de la Colonia. Catarina de San Juan vivió luego en la ciudad de Puebla de los Ángeles; esta muchacha, para cubrirse, se hizo un traje con las telas que tuvo a la mano.

     Por la condición de esclava que tenía, Catarina de San Juan seguramente no se hizo un traje como el que hoy conocemos, rojo, con bordados de lentejuela, la blusa y las medias blancas, las zapatillas y el elegante rebozo bordado, pero así dice la leyenda.

     Aun sin saber el origen del nombre del traje de china poblana, hoy se le considera nacional y hace juego con el traje de charro, con los cuales una pareja baila el jarabe tapatío.

     En México existe una hermosa diversidad de trajes típicos, como el traje de Tehuana, que es uno de los que se presentan en la Guelaguetza, una linda fiesta de baile y música que se lleva a cabo en Oaxaca.

 

 

Gira, gira trompo

(Fragmento)

Jesús era un manojo de nervios. Podía sucederle lo peor, ser sorprendido por el guardián del cementerio. Porque Jesús se encontraba nada menos que en el cementerio de un pequeño pueblo de Nayarit, a punto de cometer un terrible sacrilegio: robar un pedazo de cruz de madera; lo necesitaba para hacerse un trompo invencible, y no porque la cruz estuviese bendita, sino porque las bases de las cruces en los cementerios tropicales estaban hechas de un oscuro y durísimo corazón de ébano. Además no había otra alternativa, pues el carpintero del pueblo le había dicho que ya no quedaban árboles de ésos por ahí, pues sus negros corazones habían ido a parar a las teclas de lujosos pianos estadounidenses.

Esto sucedió hace exactamente 28 años, cuando Jesús Jáuregui, hoy maestro de la Escuela de Antropología en la ciudad de México y fanático bailador de trompos, quiso tener el trompo más poderoso del mundo.

Ahora Jesús posee una interesante colección de trompos, entre los que destaca uno de ébano, lleno de cicatrices, con una pulida punta de metal —probablemente un tornillo con la cabeza tronchada—, del tamaño de un puño y cuyo origen tú ya conoces.

"Jugábamos a la cazueleja: había que empujar a golpes de trompo el de uno de tus compañeros; si le errabas, ponías el tuyo para que te lo empujaran. Teníamos que meterlo, siempre a golpes, dentro del gran círculo dibujado en la tierra, para luego sacarlo del mismo modo.

Me dan mucha pena los trompos mecánicos que se venden en las jugueterías de la ciudad. Me imagino un niño quieto y solo, sin otro placer que el de contemplar un trompo multicolor en el piso de cemento. Los de antes sí que eran trompos.

Los bailábamos sobre la tierra, en equipo, al ritmo de gritos, pullas y empujones, llenos de emoción. El que perdía colocaba su trompo en el suelo para que se lo golpearan con los otros trompos. Si era de madera frágil como la de la guayaba, por ejemplo, se partía sin remedio. No te imaginas la angustia que sentíamos, pero no podíamos ni chistar. Por eso aquel día me atreví a robar la base de la cruz, quería que el carpintero me torneara un trompo invencible."

     ¿Qué te parecieron las peripecias de don Jesús cuando era niño? ¿Y el trompo, sabes jugarlo? Así como este juego y este juguete hay otros que ya nadie los usa y se han convertido en artesanías mexicanas, como las muñecas de cartón, los caballos de madera, el balero y otros.

     La música y los bailes, la rica y variada comida, los trajes regionales, las artesanías y los juegos y juguetes constituyen una gran riqueza cultural de la cual debemos sentirnos muy orgullosos.