¿Alguna vez has escuchado el refrán "cada cabeza es un mundo"? ¿Sabes lo que significa? Pues que todos tenemos diferentes formas de pensar y vivir, y gran parte de eso se debe al medio en que crecemos y nos educamos.

     Por ejemplo, imagina que vives en un rancho donde tu familia se dedica a elaborar crema y queso, o que vives cerca de la playa y tu familia es de pescadores. ¿Tu vida sería la misma?

     Si hubieras nacido en otro lugar tu vida sería diferente; tal vez no tuvieras televisión, o no fueras al cine con frecuencia, pero probablemente disfrutarías ir a la playa y jugar con la arena cuando quisieras o jugar con tus amigos en el campo.

     Todas las entidades del país se componen de zonas urbanas y rurales. Las poblaciones rurales son más pequeñas que las urbanas y se caracterizan porque sus habitantes se dedican a las labores del campo. Las comunidades urbanas son mayores, sus habitantes se dedican principalmente al comercio y a la industria y cuentan con más y mejores servicios públicos. Por otro lado, los grupos étnicos también forman parte importante de la población de México. Se distribuyen en varias regiones y cada grupo posee su propia lengua y cultura.

 

Liliana, bruja urbana

(Fragmento)

Liliana es una bruja.
Y aunque es rubia, viste pantalones de mezclilla y escucha rock, aun así es una bruja.
Lo es aunque viva en un departamento de un edificio de varios pisos.
Lo es aunque en vez de escoba tenga aspiradora y que para hacer sus pócimas mágicas no use sapos, culebras o cosas así, sino simples pastillas para caldo.
Y es que Liliana es una bruja de ciudad.
Gómez es el gato de Liliana. Es muy fino, no se parece en nada a los gatos de los cuentos de brujas. Tiene el pelo suave, que Liliana lava con champú. Usa un abrigo de lana para no constiparse y sólo come comida enlatada porque es alérgico a todo, especialmente a los ratones.
Casi siempre, Liliana va al supermercado a comprar la comida de Gómez y las pastillas para caldo para hacer magia, mientras Gómez ve su programa favorito. Así es la vida de Liliana, normal, muy normal, tanto que casi se le olvida usar la magia, porque ¿quién necesita magia cuando tiene televisión, lavadora y horno de microondas? Pero un día ocurrió algo muy raro.
Una mañana Liliana se despertó sobresaltada por un ruido terrible.
—¡Salamandras fritas!, debe ser un terremoto. Y saltando de la cama se asomó a la calle. A un lado del edificio de Liliana unos hombres estaban construyendo con taladradoras potentísimas otro edificio de varios pisos, mientras otros martilleaban y alguien más había puesto la radio a tal volumen que atronaba aún más.
A partir de entonces a Liliana le empezaron a molestar un montón de cosas que antes no parecían importarle:
Los coches, con sus humos y bocinas, la basura tirada en la calle, las aceras levantadas y hasta las gentes con que se cruzaba le parecían muy antipáticas.
Y entonces tomó una drástica decisión:
—Gómez, toma tus cosas porque nos vamos de aquí, nos vamos al campo, de donde eran mis antepasadas, las brujas de antes.
En su coche, subieron montañas, atravesaron ríos y por fin llegaron a un bosque, que estaba lejos, muy lejos de toda ciudad.
Gómez se puso las gafas para ver de lejos. Entre los pinos se veía una silueta negra pero, no podía ser. No podía ser… aquello…
Sí, allí estaba, era una cabaña chiquitita y un poco torcida con ventanas tan grandes que era seguro que entraría un frío espantoso.
—Una casa de campo —dijo Liliana—. Una preciosa casa de campo. Mira, ¡pero si hasta tiene techo de paja!
—¿Y tendrá antena de televisión? —preguntó Gómez angustiado—. ¿Y el secador de pelo? ¿Y teléfono?
No, en realidad no tenía nada de eso, pero a Liliana no le importó porque ella era bruja y podía usar su magia para solucionar muchos problemas.

     Tú, ¿cómo encuentras tu ciudad? ¿Crees que tenga ventajas y desventajas vivir en ella?

     ¿En qué se parece el lugar donde vives al que habita Liliana?

     ¿Cómo es la ciudad que más conoces? ¿Te gusta?

     Las comunidades urbanas, o ciudades, grandes o pequeñas, tienen características que las distinguen: la población es considerablemente grande, por lo que hay más viviendas, como edificios y unidades habitacionales; la mayoría tiene parques, museos, centros de reunión para todos, centros comerciales y hospitales; también cuentan con servicios: transporte, agua potable, luz eléctrica y otros más.

     A pesar de sus muchas comodidades, las ciudades tienen sus problemas. A veces no es posible satisfacer todas las necesidades de la población, como el abasto de agua, que ya comienza a faltar en algunos lugares.

     Por otro lado, ¿Te has puesto a pensar de dónde sale eso que comes? De la tierra, claro. Pero ¿quién lo sembró? ¿Quién lo cuidó? ¿Quién lo cosechó?

     El campesino labró la tierra y cultivó plantíos de maíz, cacao, frijol y fruta. La cuidó de mala yerba, trabajó de sol a sol hasta que la cosecha estuvo lista para el mercado o la fábrica.

     De norte a sur, de costa a costa, en todo el país, el campesino observa el cielo, espera la lluvia y cuida lo que tanto te gusta comer y… bueno, también lo que no te gusta comer.

     Gran parte de la población de nuestro país, hombres, mujeres y niños, son campesinos, y su vida transcurre muy diferente a la ciudad. A continuación te presentamos el relato de un niño que vive en una zona rural del estado de Chiapas.

 

Nosotros, los tzeltales

Habitamos en el estado de Chiapas. Aun cuando nos llaman tzeltales, nosotros preferimos llamarnos winik atel, u hombres trabajadores. Nuestra lengua es el batsilk k’op, lengua verdadera o legítima.
Nuestras casas son rectangulares, tienen techos de palma, zacate o teja, de cuatro aguas, paredes de zarzo o de troncos de árbol atados y piso de tierra. Fuera de la casa se halla un temascal, de piedras y arcilla, con un hoyo para el hogar de piedras calientes.
Nuestra vestimenta es parecida a la de otras comunidades indígenas.
Para nosotros el mundo es un todo al que llamamos cielo-tierra (vinajel-balamil).
En él se desarrolla todo tipo de vida, menos la extraordinaria, como es la de los sueños, que existe en el "otro cielo tierra", que sólo los curanderos pueden ver.
Aquí en Aguacatenango siempre hay muchas cosas que hacer; algunas de ellas te las vamos a contar. Así, con tu imaginación, podrás pensar que estás aquí.

 

Hablan los niños

Donde vivo, hay una laguna muy grande y junto a ella se siembra la milpa. También se siembra chayote, chile, camote, café, tomate y maíz porque la tierra es muy buena; desde hace muchos años las mujeres la usan para hacer ollas, tazones y hasta chimeneas. También hacen figuritas de animales y las llevan a vender al mercado. El barro también lo usamos para construir las casas; muy cerca de la mía hay muchos árboles frutales. Los árboles que más me gustan son los naranjos, porque las naranjas son muy dulces y con su cáscara hacemos el dulce de calabaza.
El agua que tomamos la traemos de un ojo de agua que está a media hora de mi casa. La cargamos en un cántaro que llevamos en la espalda con un mecapal. Nos bañamos y lavamos la ropa en un río que se llama Chiquin Chitam, que quiere decir "oreja de cerdo". Cuenta la leyenda que hace muchísimos años un cerdo fue a tomar agua al río, pero como la tierra era chiclosa se quedó atrapado y allí se estancó el agua; en ese lugar se hizo una laguna con la forma de una oreja de puerco y por esa razón le pusieron ese nombre.
Los tzeltales forman una comunidad rural y pertenecen, como lo acabas de leer, a una de las comunidades indígenas de México.

     No importa si somos indígenas o mestizos, o si vivimos en la ciudad o en el campo, o si tuvimos que salir del lugar donde nacimos, lo que importa es que todos somos iguales porque todos somos seres humanos.