La literatura se divide en varios géneros, como el cuento y la novela. La diferencia entre estos últimos no consiste solamente en que el cuento es breve y la novela larga. Por lo general, un cuento trata sólo un asunto y la novela puede relatar varias historias o una sola, pero con mucho más detalle. Como el cuento debe impresionarnos en menos páginas que la novela, su final suele ser sorprendente.

El cuento es la narración breve de un asunto imaginario. Sus partes son: el planteamiento, el nudo y el desenlace.

En el planteamiento se indica cuál es la situación problemática del cuento y se presenta a los personajes de la narración. También se indica el momento y el lugar de los hechos.

En el nudo la situación problemática del cuento alcanza su máxima complicación.

En el desenlace se soluciona la situación problemática. Es la parte final del cuento.

La novela es una obra literaria extensa que narra detalladamente sucesos imaginarios, pero verosímiles. La manera de ser y de pensar de los personajes de una novela se detallan de tal manera que parece que se trata de personas reales.

A continuación se presentan dos textos en los que se pueden apreciar mejor las diferencias entre ambos géneros, así como los elementos de una narración.

 

El señor que amaba a los dragones

El señor Ye amaba tanto a los dragones que los tenía tallados o en pinturas por toda su casa. Cuando de esto se enteró el verdadero Dragón Celestial se puso muy contento y voló a la Tierra; llegó a la casa del señor Ye y metió su cabeza por la puerta y su cola por la ventana. Al verlo, el señor Ye huyó despavorido, a punto de enloquecer.

Shen Buhai

 

El corsario negro

(fragmento)

Capítulo I. Los filibusteros de las islas de las tortugas

Entre las tinieblas y alzándose del mar, resonó una voz robusta que vibraba con timbre ligeramente metálico, lanzando estas amenazadoras palabras:

¡Los de la canoa! ¡Alto u os echo a pique!

Como si huyese de un grave peligro, se alejaba de la alta costa, que se delineaba confusamente sobre las aguas de color tinta, una barquilla tripulada por dos hombres, y avanzaba muy fatigosamente. Al oír la voz, ambos marineros retitaron en el acto los remos, miraron inquietos ante ellos y aguzaron la vista al descubrir una sombra que no parecía sino que hubiera surgido de improviso del seno del mar. Tenía unos cuarenta años...

 

El lobo y la cigüeña

El lobo es tan voraz que a veces traga casi enteras las pequeñas presas. Una vez se le quedó un hueso atravesado en el gaznate. Tosió, se introdujo una pata hasta el fondo de la boca, volvió a toser, pero todos sus esfuerzos fueron inútiles. El hueso seguía atravesado en el garguero.

En eso acertó a pasar por allí una cigüeña. Iba a alejarse de aquel asesino, pero éste la llamó con acento doliente.

¡Acércate, amiga mía; llegas a punto! Tengo un huesecillo atravesado en la garganta, si me lo sacas serás recompensada.

La cigueña se acercó, solícita, metió el largo pico en las fauces de la bestia y extrajo el hueso.

¡Ah, finalmente puedo respirar! exclamó el lobo dando un suspiro.

¿Y cuál es la recompensa para esta amiga que te libró del hueso?

¿Recompensa, dices? ¿Y no te parece suficiente recompensa haber sacado sana y salva tu estúpida cabeza de la boca del lobo? ¿No te parece que eres tú quien debe estarme agradecida?...

El lobo iba a seguir, pero interrumpió el discurso porque la cigüeña ya había ido a posarse sobre el techo de la choza del guardabosque. Y allí, en lo alto, se puso a meditar sobre la negra ingratitud de algunas bestias indignas. Así, la cigüeña aprendió a no confiar en los extraños.