Al hablar con los demás, se utilizan pausas y cambios en la entonación para darle un sentido particular a lo que se dice. Lo mismo ocurre con la palabra escrita, los signos de puntuación son fundamentales, pues sirven para que el lector entienda con claridad lo que está leyendo; por ejemplo: una coma puede cambiar completamente el sentido de una frase, no es lo mismo decir o escribir: Perdón, imposible ahorcarlo, que, Perdón imposible, ahorcarlo.

Hay expresiones que aunque estén formadas por las mismas palabras y colocadas en el mismo orden, tienen distintos significados cuando su puntuación es diferente. Cuando cambiamos los signos de puntuación, modificamos la entonación al leer y, por tanto, el sentido de la oración.

Las siguientes frases dan ejemplo de lo anterior:

María, ¿Luisa Fernanda es su hermana?

María Luisa... ¡Fernanda es su hermana!

María, Luisa, ¿Fernanda es su hermana?

En estas frases se distinguen distintos sentidos, todos dados por signos de puntuación.

Los signos de puntuación más comunes son punto (.), coma (,), punto y coma (;), dos puntos (:), puntos suspensivos (...), signos de interrogación (¿?), de admiración (¡!), paréntesis ( ), comillas (" "), guión corto (-) y guión largo o raya ().

El punto (.) se usa al final de una frase o periodo que tiene sentido completo. Se utiliza punto y seguido para separar frases independientes dentro de un mismo párrafo. El punto y aparte separa los diferentes párrafos. Al fin de cada escrito se pone punto final. Asimismo se escribe punto después de una abreviatura.

La coma (,) indica una pausa breve y sirve para indicar la división de las frases o miembros más cortos de la oración o del periodo. Se usa en toda serie de nombres, de adjetivos y de verbos, excepto en el último de la serie, que deberá ir enlazado con las conjunciones y, e, o, ni. Una forma de determinar en qué momentos es mejor el uso de la coma es a través de la lectura y la redacción.

El punto y coma (;) indica una pausa mayor que la coma; sirve para separar frases independientes entre sí, pero unidas a una idea central .

Los dos puntos (:) se usan: siempre que se citan palabras textuales; cuando a una oración sigue otra que es su consecuencia, aclaración o demostración; en exposiciones o solicitudes y después del encabezamiento de una carta.

Los puntos suspensivos (...) se utilizan cuando conviene dejar la oración incompleta o el sentido en suspenso. También se usan para expresar temor o duda y para sustituir alguna palabra o palabras en un texto que no es imprescindible copiarlo íntegramente.

Los signos de interrogación (¿?) se emplean para formular preguntas o para señalar el desconocimiento de un dato, por ejemplo, Juan Ruíz de Alarcón (1580 ? – 1639)

Los signos de admiración (¡!) expresan admiración, queja, ponderación, énfasis o ironía.

Los paréntesis ( ) se emplean para cortar el sentido de un discurso con una oración de sentido independiente, para intercalar fechas o datos aclaratorios y para las indicaciones de una obra teatral.

Las comillas (" ") se utilizan para transcribir un texto o palabra dicha por alguien. También se emplean para señalar el título de una obra, periódico, etcétera.

El guión corto (-) se emplea para dividir una palabra que queda al final de la línea y entre dos palabras que, sin llegar a fundirse, forman una sola, por ejemplo, teórico-práctico.

La raya o guión largo () se utiliza para indicar diálogo y para sustituir al paréntesis.

En el siguiente fragmento de "Murmurita y el Gigante" de Josep Sarret, se ejemplifican algunos de los signos de puntuación arriba explicados.

 

     Cuando el gigante y su mujer regresaron de la despensa, encerraron a Murmurita dentro de la bota.

     Al cabo de tres o cuatro días, el gigante, que era muy glotón, fue y le dijo a Murmurita:

    —Tú,  mocosa,  saca un dedo  por  este agujero  de la bota, que quiero ver si ya estás gordita.

    Pero Murmurita, en vez del dedo, sacó la cola del ratón. ¿Véis ahora para qué la quería? En cuanto el gigante vio aquella cosa tan escuchimizada, se puso muy furioso.

    —¡Oye, túle dijo a su mujer¡A ver si le das  de  comer  a  esta mocosa, que no engorda! ¡Auméntale la ración!

    Una semana más tarde, el gigante le pidió de nuevo a Murmurita que le enseñara el dedo. Pero esta vez había perdido la cola y no pudo engañarle.

    —¡Ah, veo que ya estás más gordita! ¡Creo  que  te  voy  a  comer hoy mismo!

    Al gigante se la hacía la boca agua sólo de pensar en lo sabrosa que estaría la niña, y, dirigiéndose a su mujer, le dijo:

    —¡Oye, tú, prepara la olla que yo voy a buscar a mis amigos para invitarles al banquete!