NUESTRA DIVERSIDAD CULTURAL Y SOCIAL

La población de nuestro país es muy diversa en cuanto a sus manifestaciones culturales y a la sociedad en que se desarrollan; con todo, compartimos una misma historia, formamos un Estado y aspiramos a vivir en un país que sea cada día mejor, a pesar de las diferencias que nos distinguen unos de otros.

La población de nuestro país es el resultado del mestizaje que se inició en el siglo XVI, con la unión biológica y cultural de varios grupos humanos: las culturas indígenas que habitaban lo que hoy constituye nuestro territorio nacional, y las culturas de los europeos y de los esclavos traídos de África.

De esta unión biológica y cultural se originó una sociedad con una identidad diferente, con nuevas formas de interpretar la vida, nuevos usos y funciones que abrieron paso a otros horizontes. Con el paso del tiempo esta sociedad se fue acrecentando y dio origen a una nueva unidad de la población al sujetarse a un mismo gobierno, al desarrollar una economía propia y al compartir la misma religión y lengua.

Sin embargo, dada la gran extensión de nuestro país, la sociedad en cada región fue adquiriendo características propias. Esto se vio acentuado por el predominio de la influencia de los grupos de origen que conformaron tales sociedades.

Hoy en día en nuestro país la mayoría de la población es mestiza, aunque hay regiones del país en que la población presenta características marcadamente europeas, indígenas o negroides, además de las de otros grupos que a lo largo del tiempo han venido a establecerse en nuestro territorio.

El constante intercambio cultural entre la variada población permitió que nuestro lenguaje, arte, costumbres y tradiciones se enriquecieran, dando origen a manifestaciones culturales muy propias de nuestro país que hoy en día forman parte de la riqueza y diversidad de la cultura mexicana.

 

UN PAÍS DE CONTRASTES 

México es un país grande y generoso. Por su ubicación geográfica incorpora algunas de las características que distinguen a los paisajes norteños templados, pero se encuentra salpicada de elementos típicos del trópico. Y es en estos paisajes en donde vivimos los mexicanos y en los que construimos nuestra historia.

Dadas las condiciones geográficas y nuestro reciente pasado histórico, hemos tenido que realizar diferentes actividades para impulsar nuestra economía, y como consecuencia de ello, se han generado diferentes niveles de desarrollo que se manifiestan en las condiciones de vida de la población.

Durante la época colonial se fueron desarrollando en torno a los centros de población diferentes actividades económicas, principalmente las del llamado sector primario, como la minería, la agricultura y la ganadería, que determinaron en gran medida el predominio las localidades de tipo rural en todo el país, principalmente en el sur; la población urbana se concentró en ciudades como México, Guadalajara, Monterrey y Puebla.

Con el paso del tiempo, a las actividades económicas de la población se incorporaron las de tipo industrial, o del sector secundario, destacando la de los hilados y textiles, que impulsaron el desarrollo de otros centros urbanos en el norte y centro del país, en las costas del Golfo de México y en la península de Yucatán. Otros tipos de industrias que favorecieron este desarrollo urbano lo fueron la petrolera, la eléctrica, así como la ferroviaria; no obstante este desarrollo, la mayor parte de la población seguía siendo rural.

A partir de la cuarta década del siglo XX la industrialización del país se aceleró y como consecuencia de ello el sector terciario, en el que se incluyen el comercio, los transportes y los servicios de administración, tuvo un notable crecimiento, principalmente en los centros urbanos. A pesar de esto, la mayoría de la población continuaba viviendo en zonas rurales, aunque se incrementó notablemente la migración del campo a las ciudades.

Es así como el país fue adquiriendo diferentes perfiles tanto poblacionales como ocupacionales. El sector primario en el norte y centro del país, dadas las condiciones geográficas de la región, se fue tecnificando; mientras que en el sur, al contar con mejores condiciones climáticas, se mantuvieron las técnicas tradicionales de cultivo. Por su parte, el sector secundario se desarrolló principalmente en Nuevo León, el estado de México, Jalisco, Puebla y el Distrito Federal, al mismo tiempo que el terciario se expandía en los principales centros urbanos y turísticos del país.

A diferencia del sector primario, los otros sectores de la economía requieren de una mayor variedad de servicios, como energía eléctrica, agua potable, así como de cierta capacitación para el trabajo; por lo que los centros de población en los que se encuentran o bien los que se desarrollan alrededor de ellos, tienen mayores facilidades de contar con estos servicios.

Es por lo anterior que nuestro país muestra marcadas diferencias y contrastes regionales, pues las inversiones privadas y públicas se han enfocado a aquellas zonas en las que hay una mayor posibilidad de impulsar los sectores industriales y de comercio, transporte y servicios, a diferencia de las zonas de nuestras serranías y regiones tropicales, las cuales no cuentan con los servicios públicos que dichos sectores requieren.

El lograr un mayor beneficio social para la población, independientemente del sector productivo en que se desarrolle, es y debe ser una de las actividades fundamentales del Estado, para que se logre una verdadera satisfacción de los derechos sociales que, incluyen el derecho a la educación, a la propiedad, a condiciones justas de trabajo y a la salud. Obtenerlo no es una tarea sencilla, pues depende de las condiciones y características de cada región, como el aprovechamiento racional de sus recursos naturales, de la disponibilidad de dinero para invertir en obras y servicios, así como la de las modernas tecnologías aplicadas en las actividades productivas.

La satisfacción de los derechos sociales es uno de los principales motivos que ha llevado a algunos sectores de la población a dejar su lugar de origen.