El hombre es un ser vivo, que depende de los recursos de los ecosistemas para sobrevivir; sin embargo, en nuestros días pareciera que la naturaleza es ahora quien depende de las actividades del ser humano para no convertirse en un gran desierto.

En la antigüedad, el hombre cazaba, pescaba y recolectaba frutos; pero cuando aprendió a cultivar la tierra, dejó de viajar de un sitio a otro y se estableció en un lugar fijo; dejó de ser nómada y se convirtió en un ser sedentario.

Aprendió a criar animales, a construir viviendas y poco a poco supo cómo utilizar los recursos naturales para alimentarse, vestirse y hacer sus casas, fue así como surgieron los pequeños pueblos y ciudades.

Al paso del tiempo, el hombre fue conociendo mejor su entorno, logró enormes progresos en la agricultura, en la cría de animales y en la pesca, además aprendió también a curar algunas enfermedades; todo esto trajo como consecuencia un considerable aumento en la esperanza de vida y con ello el crecimiento del número de personas que vivían en cada comunidad. Esas personas originaron a la población humana.

Al número de personas que habitan en una comunidad, ciudad o país, se le llama población.

En el primer siglo de nuestra era, se calcula que la población mundial era de aproximadamente 250 millones de habitantes; para 1850, la población estaba cerca de los mil millones y en la actualidad somos más de cinco mil millones de seres humanos.

Cuando el número de personas que integran a la población aumenta de forma acelerada, se le llama explosión demográfica.

Las principales causas que provocan la explosión demográfica son la disminución de la mortalidad (personas que mueren) y el aumento de la natalidad (personas que nacen).

Es necesario recalcar que muchas enfermedades que antes causaban la muerte, en nuestros días ya sepan tratarse, que existan vacunas para prevenirlas y que los avances tecnológicos hayan otorgado grandes beneficios a la humanidad, pero...

En nuestro país la explosión demográfica es un problema que se refleja al aumentar la necesidad de alimentos, casa y vestido. Se construyen más y más casas, más comercios, más industrias, aumenta la necesidad de trabajo y transporte y también la contaminación.

La gráfica muestra cómo ha crecido la población de la República Mexicana desde el año 1800.

Sólo con un adecuado manejo de la naturaleza podrá el hombre sobrevivir, porque en la actualidad, desafortunadamente, ya no son únicamente los fenómenos naturales (ciclones, terremotos, etcétera) o el abastecimiento de alimentos, los factores que determinan la supervivencia del hombre, también los problemas políticos y las guerras afectan la permanencia del ser humano en la Tierra.

Desde que el hombre aprendió a modificar el medio ambiente, incluyendo a las plantas y a los animales; el agua, el aire y el suelo han sufrido las consecuencias.

Muchos animales han desaparecido, muchos más están en peligro, enormes zonas de bosques han sido taladas y los problemas de contaminación afectan cada vez más a la Tierra y al hombre.

La población de las ciudades cambia de manera constante, ya sea por factores naturales o sociales.

Los factores naturales son el nacimiento y el fallecimiento; los cuales determinan el aumento o disminución de la población.

Los factores sociales se refieren al desplazamiento de la gente de un pueblo o ciudad a otro, ese desplazamiento de personas se conoce como migración. La emigración se presenta cuando alguien deja el lugar en donde vive e inmigración, cuando alguien llega a un nuevo sitio.

Una de las causas del crecimiento poblacional de ciudades como las de México, Monterrey o Guadalajara, se debe principalmente a que las personas de otros estados migran a ellas buscando mejores oportunidades para trabajar y vivir; sin embargo, los recursos como el agua, vivienda, alimentos o fuentes de trabajo, son cada vez más difíciles de obtener en ellas y se vuelven aglomeraciones que no brindan suficientes recursos para el número de habitantes que sostienen.

Como resultado, se generan problemas sociales como la marginación, pobreza y, consecuentemente, vandalismo y agresividad.

Así como la sociedad y economía de un país resienten las consecuencias de la explosión demográfica, la naturaleza también resulta perjudicada por la excesiva demanda de alimentos o agua; además, se altera el equilibrio ecológico y, paulatinamente, se agotan los recursos.