La fábula es un relato o cuento de la que se puede sacar una enseñanza o un consejo, al que se le llama moraleja.

En las fábulas, los personajes son animales o cosas que hablan o actúan como personas.

Seguramente conoces algunas fábulas, como la de la gallina que ponía huevos de oro, o como ésta que te presentamos a continuación: la tortuga y la liebre.

Cierto día una tortuga dijo a una corredora liebre que apostaba a correr con ella. La liebre se puso a reír, pero aceptó.

Ambas emprendieron al mismo tiempo su carrera. La liebre corrió en un momento tanto trecho que, aprovechando su paso por un pradillo de fresca hierba, tubo tiempo de detenerse a comer los troncos más jugosos. Después de comer le entró sueño y se echó a dormir, ¡Venía tan despacio la tortuga que le sobraría mucho tiempo!

Por su parte la tortuga siguió su camino, sin detenerse nunca,

La liebre cada vez más confiada en su fácil triunfo, charló largo rato con algunas compañeras que encontró en el monte cercano, merendó con ellas y echó un sueñito. Cuando despertó de nuevo, se acordó de su apuesta, y en dos brincos se puso en la meta que habían acordado.

Cuando llegó se sonrojó, porque la tortuga ya estaba allí: no había dado rodeos ni había perdido un minuto.

¿Por qué este relato es una fábula? Para responder a esta pregunta analicemos los personajes y la situación que se presenta en él.

Los personajes son la liebre y la tortuga, los cuales actúan como personas.

La situación que se plantea es una competencia de velocidad; la liebre, sabedora que es mucho más rápida que la tortuga, se confía y no le da ninguna importancia a la lenta tortuga. Algunas personas actúan así, pensando que son mejores que los demás, no reconocen las virtudes que pueden tener otras personas o no le dan la debida importancia a las cosas que tienen que hacer.

Por su parte la tortuga, sabiendo que no es muy rápida, pone en práctica las virtudes que tiene: el empeño en lograr su meta y la constancia, es decir, no se distrae en otras cosas.

El resultado final es que gana la tortuga, lo cual significa que ganó la constancia y no la arrogancia de la liebre; ésta es la moraleja de la fábula.

¿Cómo ejemplificamos esta fábula en una situación cotidiana?

Por ejemplo, cuando alguien tiene que presentar un examen, sabe que tiene que estudiar. Hay algunas personas muy inteligentes, que no necesitan estudiar mucho, pero nunca está demás dar un buen repaso. Probablemente esta persona muy inteligente pensará que no necesita estudiar y se dedicará a hacer otras cosas, como jugar o ver sus programas favoritos de televisión; tal vez a última hora se le ocurra dar un repaso rápido. Si realmente es muy inteligente, probablemente presentará un muy buen examen y obtendrá una muy buena calificación; pero si está persona no es tan inteligente como piensa que lo es, tal vez obtenga una mala calificación y se lamente por no haber estudiado lo suficiente.

Si otra persona que sabe que no es tan inteligente, pero le pone muchas ganas al estudio y se prepara lo suficiente, probablemente obtendrá una muy buena calificación, pues hay que recordar que aprender no es solo memorizar algo, sino comprender lo que está estudiando.

Así la constancia al hacer algo seguramente nos dará mejor resultado que confiarnos simplemente al hecho de que podamos hacerlo.

Así que hay que ponerle muchas ganas a lo que hacemos.

Y tú…¿conoces alguna otra fábula? Nos la puedes enviar por correo; los mejores trabajos que recibamos los vamos a publicar en esta página.