El relieve de los continentes ha sido formado por los movimientos de las placas de la corteza terrestre, dando lugar a la existencia de montañas, mesetas, llanuras y depresiones o hundimientos. Las montañas generalmente se encuentran agrupadas en cadenas o cordilleras, ya que los plegamientos que las forman abarcan regiones muy extensas.

     Por otra parte, existen elevaciones que resultan de la acumulación de material que sale del subsuelo a través de una abertura que libera la energía contenida hasta un punto límite. Así se forman los volcanes. Los movimientos de las placas y el surgimiento de volcanes provocan sismos o temblores de tierra de diferente potencia y amplitud. Los sismos de origen tectónico afectan a grandes regiones y los causados por un volcán afectan a zonas de menor tamaño.

     Los sismos son manifestaciones de la inestabilidad de la Tierra. Un sismo o un terremoto, es una violenta sacudida de la corteza terrestre, que se produce a partir de un punto, llamado foco o epicentro, situado en las profundidades. Los sismos son fenómenos violentos pero de intensidad variable. En ocasiones sólo son perceptibles con instrumentos muy sensibles, pero en otras provocan verdaderas catástrofes. En los grandes terremotos, es usual que a las sacudidas principales, las más fuertes, sigan otras sacudidas de menor intensidad. Las sacudidas más fuertes ocasionan la apertura de fisuras en el suelo con consecuencias dramáticas en zonas urbanizadas, como hundimientos de construcciones, inmuebles o presas y la ruptura de tuberías de gas y agua, frecuentemente acompañada de incendios.

     Zonas sísmicas y volcánicas

     De acuerdo con su sismicidad, la Tierra se divide en tres zonas:

     Asísmicas. Donde nunca ocurre un sismo.

     Penisísmicas. Donde los sismos no son frecuentes y con regular intensidad.

      Sísmicas. Porque son muy frecuentes los sismos y de gran intensidad.

     Las principales cadenas de montañas se encuentran distribuidas en todos los continentes, pero podemos decir que el eje es el llamado Cinturón de Fuego del Pacífico, un gigantesco arco que circunda este océano y que está formado por innumerables volcanes, la mayor parte activos, de ahí su nombre. Comprende Nueva Zelanda, las costas orientales de Asia, Japón y las costas occidentales de América, desde Alaska hasta los Andes chilenos.

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