Una carta debe contener los siguientes datos:

  • Fecha, saludo (en el que se agrega el nombre de la persona a quien se dirige)
  • Cuerpo de la carta (lo que se quiere decir)
  • Despedida y firma.
  • Si se desea agregar algo al texto que se haya olvidado mencionar o que se quiere destacar se agrega en la posdata (datos posteriores, se abrevia P.D.).

 

El siguiente es un ejempo de carta que escribió un famoso escritor español, Federico García Lorca.

 

Nueva York, viernes 28 de julio de 1929.

Queridos padres y hermanos:

     Aquí me tienen en Nueva York después de un delicioso viaje gracias a don Fernando de los Ríos. No sé qué habría hecho sin él; se ha portado conmigo de tal modo que muchas personas han llegado a pensar que era mi padre.

     París me había producido una gran impresión, pero Londres lo superó, y ahora Nueva York me ha dado como un mazazo en la cabeza. Los rascacielos son inmensos. En tres edificios de éstos cabría Granada entera. Son casillas donde habitan ¡treinta mil personas!

     Tendría necesidad de escribir doscientas cuartillas para contarles mis impresiones.

     El viaje ha sido prodigioso. La mar no se ha movido en los seis días. La vida en el barco es alegre. Yo tuve un amiguito de cinco años, un niño bellísimo de Hungría que había hecho el viaje a América para ver por vez primera a su padre. La llegada a esta ciudad anonada. Es increíble. Los rascacielos iluminados confundiéndose con las estrellas, las miles de luces y los ríos de autos te ofrecen un espectáculo único en la Tierra.

     Al llegar tuve una gran sorpresa, un grupo de amigos españoles se habían reunido para recibirnos.

     Federico de Onís no ha querido que fuera a la Residencia Internacional porque, como según dice, allí hay muchos sudamericanos y yo me la habría pasado hablando siempre en español. "Hay que poner al poeta bloqueado de ingleses" -dice- "para que no tenga más remedio que hacer su esfuerzo".

     Por lo pronto, sepan que el cuarto me cuesta barato y tiene vistas espléndidas, y que estoy inscrito en la clase de inglés y de literatura inglesa. Además, andar por aquí es muy fácil porque las calles tienen su número y toda la ciudad es matemática y cuadriculada. Así pues, ya me encuentro bien aclimatado. Nueva York es alegrísimo y acogedor. La gente es ingenua y encantadora.

     Pero como les iba diciendo, lo que me pasa a mí es siempre notable, anoche fui con León Felipe, con Maroto y un señor Flores, al corazón del inmenso Broadway. Su espectáculo me cortó la respiración. Los inmensos rascacielos se visten de arriba abajo de anuncios luminosos de colores que cambian y se transforman con un ritmo insospechado y estupendo. Chorros de luces de colores cambian y saltan hasta el cielo.

     Pues bien, cuando yo estaba más encantado, de una ventana de un restaurante sale una voz que me grita: "Federrico, Federrico" y yo veo a un muchacho que da un salto, se tira a la calle con riesgo de romperse una pierna y me abraza. Era el inglés Colin Hackforth, que estuvo en Granada y se hizo amigo mío. Tuve una alegría enorme, porque encontrarse en Nueva York es insólito.

     Maroto se quedó estupefacto y decía: "Esto no le pasa a nadie más que a ti". He tenido realmente suerte, pues Colin, que es escritor, será mi mejor maestro de inglés.

     Otra cosa también rara. ¿Se acuerdan que yo les había contado de un buen poeta norteamericano, Cummings? Pues me lo encontré en el tren de Madrid a París, donde no me habría divertido tanto sin él, y me invitó a pasar el mes de agosto en su casa de Canadá. Así es que yo he aceptado.

     Ustedes estarán quizás en la huerta de San Vicente oyendo las campanas de la catedral. Yo oigo el murmullo de Nueva York.

     Espero que me escriban mucho. Saluden a toda la familia. Ustedes reciban el gran cariño de su hijo y hermano. Yo les envío un abrazo y mil besos.

Federico

     PD. Escríbanme pronto. ¡Adiós!