En la Constitución mexicana están consagrados los principios de no intervención de un país en los asuntos de otros, así como la autodeterminación de los pueblos.

Con ello, nuestro país no tolera que ninguna otra nación le imponga puntos de vista sobre la forma en que debe gobernarse.

También plantea que los países son soberanos y sus ciudadanos pueden determinar la forma de gobierno que habrá de regirlos.

Con base en estos principios, México forma parte de organismos internacionales como la ONU y OEA y se ha solidarizado con países que luchan por su libertad y progreso; por eso es considerado protector de la soberanía.

A los mexicanos nos cabe el orgullo de formar parte de una de las naciones que se ha distinguido por el respeto ejemplar que ha tenido hacia otros países. Nuestra política internacional es pacifista y se fundamenta en los principios de autodeterminación y de no intervención en los problemas internos de otros países.

A lo largo de su historia como país independiente, México sufrió en seis ocasiones la triste experiencia de ver invadido su territorio por potencias extranjeras. Esto nos ha servido para entender que por ninguna razón un país debe intervenir en los asuntos de otro.

La política de no intervención ha sido sostenida por México desde el siglo pasado. El 31 de marzo de 1823, Carlos María de Bustamante, diputado por Oaxaca, defendió ante el Segundo Congreso Constituyente el principio de autodeterminación de los pueblos, principio rector de la política internacional de México.

Heredero de esta tradición, un siglo después, Genaro Estrada, secretario de Relaciones Exteriores de México, elaboró en 1930 la llamada Doctrina Estrada, en la cual se sustentan, entre otros, los principios de Autodeterminación de los pueblos y el de No intervención.