Gracias al valor y a la tenacidad de muchos hombres a lo largo de la historia, quienes fueron capaces de entregar sus vidas defendiendo sus ideas, podemos ahora gozar de los derechos que enaltecen y dignifican nuestra vida como humanos.

Antes de la Revolución Francesa, iniciada el 14 de julio de 1789, el gobernante de Francia era el monarca absoluto. Se le llamaba así porque su mandato lo ejercía el rey sin consultar con el pueblo. Protegía a los poderosos que abusaban del poder y no existían los derechos humanos, lo que provocaba descontento.

Después de algunos enfrentamientos armados e ideológicos, los franceses se dieron a la tarea de redactar una tabla de los derechos del hombre sobre la cual fundarían su nueva sociedad. Así, el 26 de agosto de 1789 terminaron su Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, la cual sirvió de prólogo y base de la primera Constitución francesa.

La importancia de esa Declaración es que ésta no sólo es efectiva para Francia, sino para todos los países del mundo en todos los tiempos, es decir, tenía un alcance universal.

Entre todos los derechos de esa Declaración se destacan la libertad, la igualdad y la soberanía.

La libertad era entendida como el más preciado de los bienes del hombre, la igualdad como un derecho necesario e indispensable para la relación entre los hombres, y la soberanía como la expresión de la voluntad del pueblo.

Muchos de los movimientos independentistas en América estuvieron influidos por las ideas de la Revolución francesa.