Además de la educación, otro derecho social, también protegido por las leyes mexicanas es el de la salud.

Una persona sana realiza normalmente sus funciones corporales, experimentando al mismo tiempo un bienestar generalizado que le permite efectuar su trabajo o actividades diarias con plenitud.

Un niño sano juega, corre, ríe, tiene buen apetito y estudia contento; en cambio, un niño enfermo parece triste, silencioso, inapetente y desanimado.

Las naciones de la Tierra, considerando la importancia de conservar la salud de sus ciudadanos, dedican gran parte de sus recursos para impulsar la investigación médica y combatir las enfermedades, así como proporcionar servicios para la prevención y conservación de la salud social.

La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en su artículo 4°, establece el derecho a la salud, separando por una parte, la obligatoriedad del Estado para proveer a la población, sin excepción de ninguna persona, de los servicios médicos y de la protección familiar necesarios a fin de conservar su salud. De la misma manera determina el deber de los padres de satisfacer las necesidades de alimentación y preservación de la salud física y mental de los menores, atendiendo a su derecho.

Estar sano no es solamente no tener enfermedades. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la salud es "un estado de completo bienestar físico, mental y social". Se trata de mejorar en conjunto nuestra calidad de vida, para lo cual se requiere tener atención médica adecuada y centros de salud comunitarios, luchar contra la desnutrición, las enfermedades y adicciones; dar cuidado especial a los discapacitados, reducir la contaminación, hacer deporte, no ver demasiada televisión, tener tiempo para divertirse, estar vacunados, recibir una buena educación sexual, etc. Entonces, la salud está relacionada con tener una vida digna, es decir, con vivir bien y satisfacer nuestras necesidades materiales y emocionales.

México ocupa el 14º lugar mundial en mortalidad infantil. Entre las causas están la desnutrición, las enfermedades intestinales (diarrea, parásitos) y las respiratorias (bronquitis, neumonía).