La función más importante de los seres vivos es la reproducción.

Cuando una pareja de animales se reproduce, asegura la continuidad de su especie. De la misma manera, la especie humana tiene la posibilidad de continuar la vida cuando nacen nuevos individuos.

Desde el punto de vista biológico, la función reproductora es prácticamente igual en todos los seres vivos: una célula masculina debe unirse a una célula femenina para formar una célula huevo o cigoto que dará origen a la cría.

Sin embargo, en el hombre y la mujer existen otros atributos necesarios e indispensables que también deben tomarse en cuenta antes de tener un hijo. Uno de ellos y el que debe tener mayor relevancia es la afinidad, comprensión y amor entre la pareja.

Cuando un hombre y una mujer decidan tener un hijo, deben hacerlo de mutuo acuerdo, estableciendo el compromiso que implica educar, proveer de recursos materiales y amor a su hijo.

Existen muchos casos de animales que pueden usarse como ejemplo de lo que significa una paternidad y maternidad responsables.

El águila real, una de las más hermosas aves mexicanas, cuando encuentra a su pareja se mantiene unida a ella durante toda la vida.

Tanto el águila macho como el águila hembra colaboran en la construcción del nido y el cuidado de los polluelos, a quienes protegen y crían trabajando en conjunto.

Es admirable ver cómo se turnan para cuidar el nido, alimentar a los polluelos, conseguir alimento y protegerlos. Cuando no tienen crías qué cuidar, la hembra y el macho vuelan juntos, como paseando por el aire. De igual manera, las palomas forman parejas, y al igual que las águilas, la pareja dura mientras vivan.

En el ser humano, que es la especie más inteligente de todo el mundo vivo, debe ocurrir lo mismo.

Madurez sexual: Durante el crecimiento, el cuerpo cambia gradualmente. En los primeros meses de vida se crece mucho; más adelante los cambios ocurren lentamente y son más difíciles de observar.

Por ejemplo, los bebés entre los tres y los seis meses pasan de casi no poder moverse a gatear y manipular objetos con las manos; mientras que de los ocho a los 10 años, los cambios son casi imperceptibles. Sin embargo, entre los 11 y 15 años de edad se presenta una etapa de maduración en la que los niños se convierten en adolescentes. En esta etapa se presentan los cambios más notables en el cuerpo.

En ese periodo, llamado pubertad, las hormonas producidas por la glándula hipófisis envían "mensajes químicos" al aparato reproductor para que inicie su desarrollo.

Entre los niños hay algunos que empiezan a desarrollarse antes que los demás y ocasionalmente les hacen bromas de mal gusto relacionadas con los cambios en su organismo, pero no debe ser así porque a cada persona le va llegando el periodo de madurez sexual que los convertirá de niños a hombres y de niñas a mujeres.