Los ecosistemas pueden transformarse como consecuencia de factores naturales y artificiales. Entre los factores naturales están fenómenos como huracanes, ciclones, tempestades, terremotos, erupciones volcánicas, etcétera.

Los factores artificiales son ajenos a la naturaleza y están provocados por las actividades humanas.

La tala inmoderada, los incendios, el cambio del uso de suelo para convertir bosques o selvas en terrenos agrícolas o ganaderos, la construcción de presas que desvían el cauce de los ríos y el establecimiento de ciudades, son algunos ejemplos de alteraciones provocadas por la especie humana.

Un aspecto que en nuestros días se ha convertido en un tema de interés público es la contaminación, que es la alteración de las condiciones naturales del ambiente ocasionada por sustancias, materia o energía elaboradas por el hombre.

Los contaminantes invaden el agua, el aire y el suelo hasta llegar a los seres vivos, rompiendo el equilibrio ecológico.

 

¿QUÉ LE HEMOS HECHO AL AIRE? 

El aire está formado por una mezcla de gases, entre los cuales se encuentra el oxígeno que respiramos, sin el cual no podemos vivir. Sin embargo, el aire cada día se contamina más por los desechos de fábricas que salen por las chimeneas, por los gases que arrojan los vehículos, por la basura, por los desechos agrícolas así como por el ruido.

Los contaminantes del aire pueden ser gases, partículas sólidas, polvo, etcétera.

Entre los gases más peligrosos están el dióxido de carbono, el monóxido de carbono y los óxidos de nitrógeno; todos ellos son producto de las combustiones.

El dióxido de carbono es un componente natural del aire, pero cuando aumenta en exceso se convierte en un peligro para la salud.

El dióxido de carbono proviene de la quema de carbón, leña, petróleo y gas natural. La mayor parte se produce en los escapes de automóviles, camiones y otros vehículos. Este gas es tan tóxico que una persona expuesta a él pierde el conocimiento y se desmaya, y si la concentración es alta, muere asfixiada porque impide el intercambio gaseoso entre dióxido de carbono y oxígeno en los pulmones.

Los óxidos de nitrógeno también proceden de vehículos y automotores. Su daño se manifiesta al provocar irritación en las vías respiratorias y lesiones al sistema nervioso.

Otros gases contaminantes provienen de la manipulación de gasolina, de la combustión del gas doméstico, del rociado de pinturas o de quemar petróleo.

Cuando se usan productos en aerosol también se contamina el aire, pues contienen clorofluorocarbono (CFC), utilizado como propulsor (que permite la salida del contenido). Esa sustancia que sube a la atmósfera como gas destruye la capa de ozono, necesaria para filtrar la radiación del Sol, pues sin ella todos los seres vivos morirían quemados; además, quien emplea aerosoles inhala dicho químico, el cual resulta tóxico para el organismo.

Las partículas contaminantes pueden ser microbios, pelos, granos de polen, plumas, etc., que ocasionan alergias y enfermedades como asma bronquial, fiebre del heno y otras alteraciones de las vías respiratorias.

Otras partículas están formadas por arena, tierra, polvo, basura, humo, ceniza, rastros de insecticidas, etcétera.

Estas partículas pueden causar modificaciones o daños en el medio ambiente, como impedir que las plantas lleven a cabo la fotosíntesis y por consiguiente que los animales no puedan alimentarse de ellas; en los seres humanos pueden ocasionar diversos tipos de problemas en las vías respiratorias.

Otro grupo de contaminantes proviene de la radiactividad; se originan por las explosiones nucleares que dejan restos de compuestos radiactivos en el ambiente.

Cuando esas partículas caen junto con la lluvia, se generan las lluvias radiactivas que afectan los componentes del suelo y por lo tanto a plantas y animales.

Si esos seres vivos son fuente alimenticia, las sustancias radiactivas pueden llegar al hombre, y se depositan principalmente en los huesos, lo que impide la formación normal de glóbulos rojos.

Los residuos radiactivos en ocasiones son arrojados al mar en contenedores sellados de cemento, pero siempre existe el riesgo de fugas que dañen el ecosistema marino y por extensión al ser humano.

Actualmente estos residuos se llevan a lugares subterráneos.

El ruido intenso o constante también es un contaminante del aire, y cuando rebasa los límites de audición origina sordera, pérdida del equilibrio y mareos, falta de sueño (insomnio), mal humor, falta de apetito y agresividad.

Las fiestas o conciertos al aire libre con música a un alto volumen también contaminan el ambiente; del mismo modo lo hacen los cohetes de las fiestas, la maquinaria pesada o las bocinas de los automóviles.

 

 ¿QUÉ LE HEMOS HECHO AL SUELO?

El suelo es el lugar donde crecen los árboles y plantas, sobre él construimos nuestras casas, pueblos y ciudades.

Pero también al suelo lo hemos dañado talando bosques, provocando incendios, arrojando basura y toda clase de desechos.

Cuando se talan árboles se pierden extensas zonas de bosques dejando desprotegido al suelo y sin hogar o alimento a muchos animales. Lo mismo sucede con los incendios, que en pocas horas pueden destruir miles de hectáreas convirtiéndolas en desiertos.

El suelo, sin su cubierta vegetal, queda expuesto a la acción del viento y del agua, los que al arrastrar la materia orgánica nutriente provocan erosión.

El pastoreo desordenado también lo perjudica, pues el pisoteo constante del ganado lo hace compacto, impidiendo la oxigenación de las raíces de los vegetales y la filtración de agua.

En las actividades agrícolas también se utilizan compuestos químicos como plaguicidas y fertilizantes para mejorar el rendimiento de los suelos, pero también esas sustancias contienen químicos que alteran la composición del suelo y que al ser arrastrados por la lluvia o ser utilizados incorrectamente envenenan ríos, lagos y depósitos acuáticos subterráneos.

 

¿QUÉ LE HEMOS HECHO AL AGUA?

Cuando el agua pierde sus propiedades originales o cuando se agregan a ella productos que alteran su composición, se contamina.

Las aguas residuales de las casas, llamadas aguas negras, así como las de la lluvia, son transportadas por las tuberías que forman el drenaje y son depositadas en ríos, lagos o el mar, dejando gran cantidad de basura en ellos.

Estas aguas llevan restos de materia fecal y de materia orgánica que pueden contener organismos dañinos, como las amebas, las lombrices intestinales y otros parásitos que producen enfermedades como salmonelosis, amebiasis o cólera.

Otros productos contaminantes del agua son los detergentes que se usan para el lavado de ropa o trastes. Los detergentes afectan al agua porque no pueden ser desintegrados por las bacterias, causan daño a los peces, disminuyen la cantidad de oxígeno disuelto en el agua y favorecen el crecimiento de maleza acuática que impide el desarrollo de otros vegetales.

Algunos desechos sólidos como plásticos y vidrio pueden llegar por el desagüe y contaminar también los ecosistemas acuáticos.

El agua utilizada en procesos industriales de transformación o fabricación de diversos productos también contamina el medio ambiente si lleva disueltas sustancias tóxicas como plomo, mercurio, cadmio, aluminio, aceites, grasas, detergentes y derivados del petróleo, ya que se vierten en aguas continentales u oceánicas.

El plomo, mercurio y cadmio son venenos muy tóxicos para cualquier organismo vivo.

El plomo origina una enfermedad llamada saturnismo, que afecta a los sistemas digestivo y nervioso y puede causar la muerte.

El agua supuestamente potable puede contener cantidades variables de esos elementos y ocasionar graves daños, sobre todo en los niños.

Algunos productos marinos como pescado, ostiones o camarones pueden estar contaminados por esas sustancias y así llegar al hombre cuando los consume.

El petróleo y sus derivados también causan daños, cuando por accidente ocurren derrames al mar o cuando lavan sus depósitos en él.

La capa de petróleo derramada en el mar impide la oxigenación del agua y, consecuentemente, la fotosíntesis de los vegetales acuáticos; a las aves se les adhiere una gruesa capa que les impide volar.

En el campo se utilizan millones de litros de agua para el cultivo de los vegetales, sin el cual no podrían desarrollarse. Pero también se utilizan muchos productos químicos como insecticidas y plaguicidas que pueden depositarse en el agua o el suelo.

Si reciben tratamientos químicos adecuados, las aguas negras pueden volver a utilizarse. Sin embargo, sólo sirven para riego de parques, jardines o cultivos de vegetales que no se consuman crudos, para limpieza o en procesos industriales.

Algunas industrias cuentan con plantas tratadoras de agua en las que mediante procesos físicos y químicos las purifican para volver a utilizarlas en sus actividades.

Un problema grave que también daña a los ecosistemas es la basura.

Para disminuir el problema de la basura, debemos aprender a comprar sólo lo necesario, y al hacerlo leer las etiquetas para asegurarse de que no sean productos tóxicos, sobre todo los aerosoles, que deben exhibir la leyenda: "Este producto no daña la capa de ozono".

La basura se puede separar de acuerdo con su clasificación en:

  1. Basura inorgánica
  2. Basura orgánica
  3. Basura sanitaria

La basura de origen inorgánico puede venderse para que las empresas la reciclen o bien reutilizarse, es decir, volver a usarse para hacer cosas útiles; un frasco al lavarse se puede decorar y después guardar en él botones, clavos o cualquier cosa, como pasadores, dulces; hacer una pequeña maceta, etcétera.

De una lata se pueden hacer portalápices, ceniceros o macetas; si tienen tapa, pueden servir para guardar pastas, semillas, harina, galletas y otras cosas.

Incluso las corcholatas se usan en las escuelas para enseñar a contar a los niños pequeños y, si se pintan, para que aprendan los colores, o simplemente para jugar.

Con la basura de origen orgánico se prepara la composta, un abono muy útil para la agricultura; también se puede utilizar para preparar la tierra de las macetas o los jardines.