Los presidentes Manuel Ávila Camacho y Miguel Alemán Valdés, que gobernaron México de 1940 a 1952, se centraron en la industrialización como medio para alcanzar el desarrollo del país, a fin de mejorar el nivel de vida de la población.

La urbanización de las grandes ciudades ocurrió sin planeación ni desarrollo en la mayoría de los casos.

Se crearon muchas industrias, pero también se adquirieron deudas con otros países mediante préstamos internacionales, la mayoría provenientes de Estados Unidos. Para cumplir su objetivo de industrializar México, estos gobiernos impulsaron la construcción de carreteras, presas, muelles, aeropuertos, ferrocarriles, telecomunicaciones. También estimularon la producción de electricidad, gas, petróleo y agua.

La industrialización, junto con el crecimiento de los grandes centros urbanos, creó un desequilibrio en la economía porque la riqueza se concentró principalmente en las ciudades. En el campo, las actividades agrícolas y ganaderas se descuidaron; por tanto, la escasez y la pobreza no se hicieron esperar y los campesinos se vieron obligados a trasladarse a las ciudades o a los Estados Unidos para trabajar y mejorar sus condiciones de vida.

Al término de la Revolución las ciudades no crecieron, los caminos y los medios de transporte seguían siendo el caballo, los ferrocarriles y los tranvías. Los automóviles de motor, el teléfono y la luz eléctrica empezaron a ser usados en las grandes ciudades. La modernización empezó a llegar a la población hasta las décadas de 1940 y 1950. La seguridad social, el agua potable, los transportes masivos y la educación llegaron a la mayoría de los mexicanos hasta la década de 1960. Actualmente, el país cuenta con los más avanzados medios y vías de comunicación que lo enlazan con todo el mundo. Todo esto ha cambiado el modo de vida de los mexicanos. La industria es moderna y competitiva.

A partir de los años cincuenta, el modo de vida mexicano se modificó gracias a los avances tecnológicos logrados en esos años: automóviles, radio, televisión, cine, aparatos eléctricos, entre otras cosas.

Pero todos estos cambios y progreso, no beneficiaron a las mayorías. Surgió la inconformidad en la clase media por la injusta distribución de la riqueza. Había estabilidad pero no democracia.

Los presidentes que gobernaron el país de 1952 a 1970 fueron Adolfo Ruiz Cortines (1952-1958) y Adolfo López Mateos (1958-1964). En este periodo se frenó el reparto de tierras, ocasionando el atraso de la agricultura frente a la industria. La pobreza aumentó, ya que la población seguía creciendo. La riqueza se concentró en manos de banqueros, industriales y comerciantes.

En estos años aparecieron nuevas organizaciones políticas y sociales que proponían diversas formas de solucionar los problemas del país, como el enorme crecimiento de la población, que requería de una serie de servicios como vivienda, agua, luz, transportes. Sin embargo, estas organizaciones no favorecieron la participación popular.

A pesar del crecimiento industrial y de la modernización del país, aún faltaba mucho por hacer.

La década de los años cincuenta se recuerda porque en 1952 se reconoció el derecho de la mujer a votar. También porque la ciudad de México sufrió un terremoto el 28 de julio de 1957 y su consecuencia más notable, además de las decenas de muertes, fue la caída del Ángel de la Independencia de su pedestal en el Paseo de la Reforma.

Los cambios económicos que se hicieron en el país después de la Revolución ocasionaron el crecimiento de la población y la concentración de los habitantes en las grandes ciudades, como la zona metropolitana del valle de México, donde se encuentra el Distrito Federal, una de las mayores aglomeraciones urbanas del mundo, además de Guadalajara, Puebla y Monterrey.

Lo anterior se debió a que se trató de industrializar al país, aunque sus condiciones eran distintas a las de los países desarrollados.

Entre los cambios sociales que se dieron en aquel entonces, fue el aumento de la migración interna. Estos movimientos de población llevaron a miles de personas del campo a las ciudades, la gente llegó buscando trabajo, porque aunque tenía tierra, no contaba con maquinaria ni recursos para soportar la pérdida de sus cultivos ocasionadas por las inundaciones, producto de los ciclones y de la sequía.

Para contrarrestar lo anterior, se recurrió a préstamos para comprar tractores, construir presas, abrir canales de riego y crear seguros de desastre.

Lo anterior alivió la situación, pero la mayor cantidad de inmigrantes prefirió permanecer en las ciudades antes que regresar al campo. Las "comodidades" de la ciudad los habían fascinado, y siempre quedaba la esperanza de lograr el triunfo económico y social que anhelaban.

El gobierno contribuyó indirectamente a esto porque dotó de servicios principalmente a las zonas urbanas y relegó a las regiones rurales.

En las grandes ciudades se ofrecieron nuevas oportunidades de trabajo, pero no todas las personas fueron beneficiadas, ya que se necesitaba que tuvieran una mejor preparación y la mayoría no la tenía; así, el desempleo aumentó considerablemente, originando miseria, que destacaba aún más junto a la riqueza de grupos minoritarios.

La mayoría de las personas que llegaron del campo fueron empleadas en las fábricas como obreros, y tan sólo algunos tenían cierta preparación ocuparon cargos menores en las oficinas. Unos y otros, después de actividades de capacitación, pudieron lograr un mejoramiento de sus conocimientos y habilidades y, por lo tanto, de sus ingresos; aunque la mayoría tuvo que conformarse con el salario mínimo.

Hacia los años cuarenta, los obreros y empleados de oficina formaron un nuevo grupo social, éste no podía incluirse dentro del grupo de los campesinos, pero tampoco al de los profesionistas y mucho menos al de las clases altas; por lo tanto quedaba ubicado entre ambos.

Estos grupos tuvieron la oportunidad de organizarse en sindicatos para defender sus intereses en el proceso de distribución de los beneficios de la actividad social.

La Revolución se comprometió a apoyar las peticiones de los grupos mayoritarios para evitar que se repitiera el desequilibrio en el reparto de la riqueza.

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