Cuando llegaron a la capital del Imperio azteca, los españoles entraron por la calzada de Iztapalapa. Su aspecto infundía miedo a las personas que los veían pasar.

El pueblo observaba silenciosamente a los extranjeros. Moctezuma salió al encuentro de Cortés acompañado de doscientos hombres. Éste quiso abrazarlo en señal de paz; pero los acompañantes de Moctezuma impidieron este gesto que, de acuerdo con las costumbres indígenas, resultaba ofensivo.

Sin embargo, Moctezuma les dio la bienvenida y pensando en que tal vez Cortés era Quetazalcóatl, lo alojó, junto con los capitanes españoles, en el palacio de su padre, el anterior gobernante azteca, el señor Axayácatl.

El 12 de noviembre de 1519, cuatro días después de su llegada a Tenochtitlan, Moctezuma acompañó a los extranjeros a que visitasen el templo y el mercado de Tlatelolco.

Cortés pidió al tlatoani que le permitiese conocer el Templo Mayor. Estando ahí, el español –inexplicablemente para Moctezuma- empezó a hablar mal de los dioses aztecas. Moctezuma le impidió seguir hablando y entonces se dio cuenta de que Cortés no podía ser uno de sus dioses. Por su parte, Cortés se percató de que estando en Tenochtitlan se hallaba en grave peligro y decidió, para protegerse, tomar preso a Moctezuma. Acompañado de sus dos intérpretes y seis soldados, Cortés se dirigió al palacio del tlatoani y los obligó a seguirlo al lugar donde se alojaba, en el que tenía su cuartel general. Aunque de hecho Moctezuma era prisionero de Cortés, por seguridad de los españoles y para protegerse de la ira del pueblo azteca, éste decidió aparentar que Moctezuma estaba cordialmente hospedado con los conquistadores. Pasaría aproximadamente un año antes de que Cortés se declarara abiertamente hostil a Moctezuma.

Después de haber apresado a Moctezuma, Cortés se dedicó a organizar algunas excursiones para explorar y conocer otras tierras —Oaxaca, Tuxtepec y Coatzacoalcos—, con la intención de extender sus conquistas.

En eso estaba cuando se enteró de que había llegado a la Vera Cruz un ejército al mando de Pánfilo de Narváez con la clara intención de apresarlo por órdenes del gobernador de Cuba, a quien había desobedecido. Inmediatamente salió a combatirlo, dejando al frente de Tenochtitlan a Pedro de Alvarado con 120 hombres.

Mientras Cortés derrotaba a Pánfilo de Narváez en Cempoala, Alvarado organizó un ataque contra los mexicas durante la celebración de una fiesta religiosa. Se ha pensado que Alvarado los atacó por miedo ante una posible rebelión en ausencia de Cortés, o que quiso apoderarse de las valiosas joyas que llevaban los indígenas a la fiesta.

La reacción de los mexicas no se hizo esperar: atacaron al cuartel de los españoles y éstos hicieron aparecer a Moctezuma en la azotea para que calmase al pueblo. Se terminó el combate, pero mantuvieron rodeado el edificio. Cortés se enteró de lo acontecido y regresó a la ciudad.

Como los alimentos se agotaron y los mercados estaban cerrados, Cortés pidió a Moctezuma que ordenara abrirlos, pero le contestó que estando preso no podía hacerlo; entonces el español liberó a Cuitláhuac, hermano de Moctezuma, para que él lo hiciera.

Estando libre Cuitláhuac, se dedicó a organizar otro ataque en contra de los invasores.

El ataque fue contestado con fuego de cañones. Al no cesar la ofensiva mexica, se pidió la intervención de Moctezuma y cuando salió a hablarle a la gente, recibió insultos y una pedrada en la cabeza.

Al empeorar las cosas, ante la falta de alimentos, Cortés decidió abandonar la ciudad el 30 de junio de 1520, y antes de salir ordenó la muerte de Moctezuma y otros prisioneros. En una noche lluviosa y perseguidos por los mexicas, quienes les redujeron sus fuerzas a casi la mitad, se dirigieron a Tlacopan (Tacuba) y de ahí a Tlaxcala para preparar su regreso. Esa fecha pasó a la historia como "La Noche Triste", aunque para los mexicas fue todo lo contrario.

Camino a Tlaxcala, en Otumba, los españoles fueron rodeados por cientos de indígenas, los cuales se retiraron cuando en el combate cayó quien llevaba la insignia real.

Ya en Tlaxcala, Cortés con calma preparó la contraofensiva, para lo cual mandó traer hombres y caballos de Las Antillas, entrenó a sus aliados indígenas y construyó 13 barcos para atacar a Tenochtitlan también por agua.

Cuitláhuac, por su parte, reorganizaba la defensa y solicitó ayuda a los tlaxcaltecas y purépechas; pero como siempre habían sido sus enemigos se negaron a apoyarlo. Para empeorar la situación, se desató una terrible epidemia de viruela que mató a mucha gente, incluyendo a Cuitláhuac.

Muerto Cuitláhuac, Cuauhtémoc fue nombrado tlatoani y continuó con las tareas de organización de la defensa. Cortés decidió atacar a fines de mayo y pensó en aislar la ciudad para que no tuviera alimentos ni agua. Los combates fueron terribles y había victorias por ambos lados, pero aunque Cortés ofrecía la paz los mexicas no la aceptaron, a pesar de las desventajas, y decidieron seguir la lucha hasta vencer o morir.La última plaza en caer fue Tlatelolco.

Los mexicas pudieron resistir durante días, hasta que finalmente se declararon vencidos cuando fue capturado Cuauhtémoc el 13 de agosto de 1521.

Rojas están las aguas, cual si las hubieran teñido,

y si las bebíamos eran aguas de salitre.

Golpeábamos los muros de adobe en nuestra ansiedad

y nos quedaba por herencia una red de agujeros.

En los escudos estuvo nuestro resguardo, pero los escudos

no detienen la desolación.

Poema de la Conquista (1528)

Estar en la ciudad vencida era insoportable, por los muertos y la destrucción general, así que Cortés se retiró a Coyoacan, en donde se dedicó a celebrar la victoria y a repartir el botín; además, ordenó reconstruir la ciudad y darle un nuevo trazo.

El oro rescatado fue acumulado y fundido. Separadas las partes del rey y la de Cortés, los soldados recibieron su tanto, e inconformes con lo que les había tocado presionaron a Cortés para que atormentara a Cuauhtémoc y así dijera el lugar en que ocultaba el tesoro. Cortés accedió a la petición, pero lógicamente no obtuvieron respuesta del tlatoani, quien fue acompañado por el señor de Tacuba en el suplicio.

Cortés se enteró de que Cristóbal de Olid, uno de sus oficiales, había decidido rebelarse y ya no recibir órdenes de él.

Entonces se dirigió hacia la zona en donde estaba de Olid, pero se llevó a Cuauhtémoc como rehén. En la ruta, y pretextando una conspiración, mandó ahorcar al último tlatoani.

Ante la derrota de los mexicas, quienes habían dominado una vasta región, los señores de los otros grupos indígenas prefirieron declararse vasallos de los conquistadores.

Al reconstruirse la ciudad, los indígenas aprendieron de los españoles nuevas técnicas para el trabajo de los metales, de la madera y la construcción. En el campo, las labores agrícolas también sufrieron modificaciones con la introducción del arado de hierro, el azadón, la explotación de especies animales y vegetales traídas de Europa, así como la rotación de cultivo y los fertilizantes.

La religión católica fue impuesta a los indígenas para sustituir el culto a sus antiguas deidades. La religión ayudó a aceptar la Conquista como un hecho irremediable.

Todo lo anterior cambió bastante el modo de vida de los mexicanos y poco a poco, junto con otras tierras que sucumbieron más fácilmente ante el poderío militar español, el Virreinato se fue conformando.

El llamado Viejo Mundo, desde luego, también se modificó con las aportaciones que recibió de América, como plantas medicinales y otros conocimientos relacionados con frutas y animales desconocidos para sus habitantes, riquezas minerales, sobre todo plata, oro, cobre, esmeraldas y diversas piedras preciosas.

La fusión de los dos grupos no fue fácil ni rápida: se sufrieron combates, pérdida de vidas, el dolor de la derrota, enfermedades, malos tratos, y todo para iniciar una nueva vida, en la que se unieron europeos y americanos para formar la nación mexicana.

Entre los factores que permitieron que la Conquista se llevara a efecto se encuentran:

  • El mito de Quetzalcóatl (en el que este personaje había prometido "…regresar del otro lado del mar…") hizo dudar a los indígenas sobre si debían venerarlos y obedecer a los españoles o atacarlos.
  • Los aztecas, cuando combatían, procuraban no matar a sus enemigos, sino capturarlos para poder ofrecerlos en sacrificio a sus dioses. Cortés mismo fue hecho prisionero y rescatado cuando lo conducían ante los dioses.

La división y rivalidad que existían entre los pueblos indígenas fue aprovechada hábilmente por los españoles. De esta manera formaron poderosas alianzas.

  • Las tácticas de combate y las armas españolas eran mejores que las indígenas; las macanas con navajas de obsidiana, los arcos, flechas y lanzas no pudieron oponer resistencia a las espadas, ballestas, arcabuces y cañones. El uso de la pólvora, los caballos y los perros fue insuperable.
  • La epidemia de viruela también desempeñó un papel importante, ya que debilitó considerablemente la salud y fuerza, aunque no la combatividad de los mexicas.

Bernal Díaz del Castillo fue un soldado de Cortés que se dio a la tarea de escribir lo que él vio y vivió durante la Conquista; su obra lleva el nombre de Historia verdadera de la conquista de la Nueva España.

La lucha en México-Tenochtitlan duró unos tres meses. Después de ese tiempo, la capital azteca quedó destruida a causa de la guerra. Los aztecas habían sido vencidos; los españoles y sus aliados indígenas, por su parte, estaban muy cansados por la lucha.

Hernán Cortés fundó en Coyoacan el primer ayuntamiento. Instaló así el primer gobierno europeo formal en México. A continuación emprendió la reconstrucción de la ciudad y estudió con mucha atención los mapas que los indígenas habían dibujado antes de la llegada de los europeos. Se dio cuenta de que Tenochtitlan era sólo una pequeña parte de un territorio muy grande; de inmediato pensó en organizar nuevas campañas de exploración hacia sitios hasta entonces desconocidos por los europeos.

Pero Cortés no era el único que quería explorar lugares nuevos; también, otros españoles comenzaron a hacerlo, guiados siempre por los mapas dibujados por los indígenas.

Gonzalo de Sandoval, que había estado bajo el mando de Cortés, se dirigió hacia Oaxaca y consiguió vencer a los mixtecos y organizar un gobierno español en esa región, después de muchos encuentros.

Los tarascos, a los que nunca pudieron dominar los ejércitos aztecas, se aliaron a los españoles y de esta manera aseguraron éstos su gobierno en Michoacán.

Los nuevos territorios conquistados por los europeos iban siendo más amplios. Cortés se vio en la necesidad de enviar a dichos territorios cada vez más ejércitos, para así asegurar el control del gobierno español sobre el actual territorio de México.

Encargó a Cristóbal de Olid expediciones a pueblos muy alejados de Tenochtitlan, por ejemplo a Colima; a Pedro de Alvarado, otro de sus capitanes, lo envió al istmo de Tehuantepec, para ayudar a los indígenas de esta región en su guerra contra algunos de sus vecinos.

Las expediciones de colonización y conquista iban siendo cada vez más numerosas y las regiones conquistadas cada vez más grandes. Ante tales circunstancias, Cortés debió establecer algunas reglas de gobierno, por ejemplo:

  • Repartir los territorios entre españoles, dándoselos como encomienda, o sea, como sitios controlados por los españoles en los que trabajaban los indígenas.
  • Exigir a los soldados casados que trajesen a sus familias a México, a fin de poblarlo con europeos.
  • Traer a este lugar animales de cría y semillas para desarrollar la agricultura y la ganadería.

Si bien es cierto que los europeos habían llegado a Tenochtitlan provenientes del golfo de México, ahora era necesario hacer el camino de regreso a este sitio con el fin de consolidar el gobierno de España, sobre todo lo que después sería llamado Nueva España.

Este camino de regreso tuvo varias etapas y en él se descubrieron y exploraron, asimismo, regiones completamente nuevas. El propio Cortés envió a Cristóbal de Olid, uno de sus capitanes, a explorar las Hibueras (la actual Honduras), pero de Olid pretendió emprender una conquista de la región declarándose independiente de Hernán Cortés.

Cortes fue en su búsqueda. Se dirigió primero hacia el actual Tabasco y tuvo que atravesar pantanos enormes para llegar a las Hibueras.Expediciones de Cristóbal de Olid y Pedro de Alvarado. Haz click para ampliar la imagen

Después, Pedro de Alvarado siguió un camino muy parecido al de su jefe, pero fue más adelante y llegó al actual territorio de Guatemala.

Cuando los europeos llegaron a América, hacía varios siglos que la cultura maya —una de las más notables del México antiguo— había desaparecido.

Cortés tomó el corazón del Imperio azteca en unos cuantos meses. Pero la conquista en Yucatán duró 18 años porque la región era muy hostil; pues se alternan en ella espesas selvas y lugares sin agua, además de que la población no estaba concentrada en ciudades grandes y se escondía entre las selvas.

Tocó a dos Francisco de Montejo, el padre y el hijo, la conquista de Yucatán. Después de algunos años se establecieron ahí frailes franciscanos que estudiaron la cultura y lengua mayas, promoviendo así la difusión pacífica de la cultura europea entre la población indígena.

Así pues, el centro, sur y sureste de México habían sido ya conquistados por los europeos; pero faltaba explorar el oeste y norte del país.

El propio Cortés emprendía una exploración hacia la actual Baja California; Nuño Beltrán de Guzmán se asentarían en lo que hoy es Jalisco, y uno de sus soldados fundaría la ciudad de Guadalajara.

Nuño de Guzmán gobernó también la región del Pánuco y sería el primer presidente de la Audiencia, o sea, la forma de gobierno instituida por los españoles antes de la organización del virreinato.

Debe mencionarse, finalmente, a Álvar Núñez Cabeza de Vaca, otro explorador español. Cabeza de Vaca había naufragado en la actual Florida y luego fue capturado por indígenas del norte de México.

Cuando al final pudo ponerse otra vez en contacto con sus compatriotas europeos, contó a éstos historias maravillosas acerca de lugares muy ricos y poblados, lo cual entusiasmó a otros exploradores y aventureros y los motivó a emprender nuevas expediciones.

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