El gobierno de la Nueva España se inició como capitanía general, continuando con oficialías reales y audiencias, para terminar con el virrey. Además, en España fue creado el Real Consejo de Indias, que resolvía los problemas de las colonias. Para gobernar el virrey se auxiliaba de las audiencias de México y Guadalajara; de corregidores en los pueblos de españoles; de alcaldes mayores, en los pueblos de indios, y de cabildos o ayuntamientos en las ciudades. Tiempo después el territorio se dividió en intendencias, gobiernos y provincias.

EL GOBIERNO VIRREINAL

Los gobernantes del México colonial se llamaban virreyes, pues representaban en la Nueva España la autoridad del rey español. Es decir, durante la época colonial los virreyes eran representantes de los reyes que vivían en España y que les permitían gobernar la Nueva España en su nombre.

El gobierno colonial era compartido por los virreyes con la Audiencia. La Audiencia era un grupo de personas que se reunían para discutir asuntos de gobierno y que vigilaban que el virrey gobernara respetando las instrucciones del rey de España. Había alcaldes y corregidores, así como ayuntamientos en las ciudades.

La Iglesia y los obispos eran tan importantes que hasta hubo algunos que fueron virreyes; por ejemplo, el obispo Palafox y Mendoza y fray Payo Enríquez de Rivera.

LA IGLESIA Y LA INQUISICIÓN

En cuanto los españoles tomaron México-Tenochtitlan, denominaron Nueva España al territorio conquistado, porque les parecía que este territorio era una extensión natural de su propia patria, e intentaron establecer en la nueva colonia un gobierno, una organización y una forma de trabajo muy semejante a los de la vieja España.

Pero al poco tiempo se hizo evidente que para organizar a la Nueva España era necesario conocerla, no sólo en su aspecto geográfico, sino prioritariamente, en su aspecto humano, en vista de que la habitaba una multitud muy grande de pueblos con costumbres por demás variadas.Catecismo zapoteco.

Quienes se esforzaron por comprender el mundo indígena fueron los sacerdotes europeos, las personas que más habían leído desde que vivían en España. Se distinguieron en esta tarea los franciscanos, quienes fundaron en el año de 1524 el Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco. En esta escuela los sacerdotes daban clases a niños indígenas a fin de enseñarles los fundamentos de la cultura europea.

Bernardino de Sahagún, sacerdote franciscano, reunió a varios ancianos indígenas que habían vivido su juventud antes de la conquista española y que, en consecuencia, recordaban muchas cosas sobre cómo era la vida en esos tiempos.

Sahagún les preguntaba acerca de las plantas que cultivaban, los dioses en que creían y las fiestas que celebraban en su honor; también respecto a sus formas de gobierno y costumbres, por ejemplo, las relacionadas con el nacimiento y las bodas.

En vista de que Benardino de Sahagún era un educador, le interesaba mucho saber cómo educaban los padres y maestros indígenas a los niños. Así, durante varios años escribió un libro llamado Historia general de las cosas de la Nueva España, gracias al cual hoy sabemos mucho sobre los antepasados prehispánicos.

Otros sacerdotes escribieron diccionarios donde aparecían las palabras propias de las lenguas indígenas junto con su significado en español. Esto hicieron fray Andrés de Olmos y fray Alonso de Molina, un sacerdote con una historia muy interesante.

Cuando Molina era pequeño acostumbraba jugar con los niños indígenas, de tal manera que desde niño podía hablar el castellano (la lengua de los europeos) y el náhuatl (la de los indígenas). Cuando fue un joven, los sacerdotes franciscanos pidieron a la madre de Alonso que permitiera a éste enseñarles el náhuatl. Así lo hizo Alonso. Después también se convirtió en sacerdote y escribió un diccionario náhuatl-español que fue muy útil para los sacerdotes de su tiempo, pero de igual modo sigue siendo útil, porque con él es más fácil conocer la manera como se hablaba en México antes de que llegaran los españoles.

La Iglesia dominó espiritual, económica y políticamente a la población novohispana y, para asegurar su poder, se apoyó en la inquisición que era un tribunal que juzgaba y perseguía a quienes tenían otra religión o se alejaban de la fe católica.

LOS GRUPOS HUMANOS DE LA NUEVA ESPAÑA

Durante el tiempo que duró la Colonia, varios grupos humanos coexistieron en lo que hoy es México. Había, desde luego, indígenas provenientes de diversos sitios: otomíes, tarascos, mexicas, tlaxcaltecas, etcétera. También europeos nacidos en España, y negros africanos que éstos habían traído a América.

Estos grupos básicos se dedicaban a varias labores. Los puestos importantes de gobierno eran ocupados por los españoles peninsulares, o sea, los que habían nacido en España. De igual manera los puestos más relevantes en la Iglesia eran ocupados por peninsulares.

Los indígenas trabajaban sobre todo en el campo y en la construcción de edificios, puesto que morían fácilmente si se les ponía a trabajar en las minas. En previsión de ello, los españoles trajeron a personas de raza negra al Nuevo Mundo, y las destinaron al pesado trabajo de las minas. Así, pues, durante la Colonia en el inmenso territorio de la Nueva España, el inesperado encuentro de razas distintas, con diferentes estadios en su evolución cultural y humana, había de producir conflictos.

Los miembros de los grupos humanos fueron mezclándose entre sí. A tal mezcla entre diferentes grupos humanos se le denomina mestizaje. Durante la Colonia a los nuevos grupos humanos, productos del mestizaje, se les llamó castas. A la mezcla entre indio y negro se le llamaba lobo; negro y español (mulato); mulato y mestizo (cuarterón); indio y español (mestizo); mestizo y cuarterón (coyote).

El mexicano es producto del mestizaje, en el que han intervenido por partes iguales todos los grupos humanos fusionados durante la época de la Colonia.

La vida cotidiana durante la Colonia era muy pintoresca. En sus canoas, los comerciantes ofrecían frutas y verduras, al mismo tiempo que animales vivos o muertos; empero, el comercio se desarrollaba también en los tianguis.

En el centro de las grandes ciudades se vendían artículos de lujo: sedas y porcelanas traídas de Oriente por el Galeón de Manila; joyas de marfil, oro y plata, que sólo podían comprar las personas muy ricas.

La mayor parte de las actividades giraban en torno de la Iglesia. La gente asistía mucho a misas, aunque también a espectáculos públicos tales como el teatro y las corridas de toros.

Los domingos se paseaba por los alrededores de la ciudad o por la alameda del lugar. La alameda de México fue durante muchos años el jardín particular de los virreyes.

En los conventos había servicios religiosos a todas horas del día, inclusive de la noche. Las monjas daban instrucción religiosa a los niños y les enseñaban a leer y a escribir.

Durante la noche, como la ciudad era muy oscura pues no se contaba aún con alumbrado público, había guardias vigilando para que no se cometieran robos y se cerraban las calles por medio de cadenas.

LOS CRIOLLOS Y LAS REFORMAS BORBÓNICAS

Como los españoles a finales del siglo XVIII gozaban de mayores privilegios en el gobierno, la Iglesia, el Ejército y los negocios, los criollos se sintieron relegados y se aliaron con los mestizos, quienes tenían sentimientos semejantes, para hacer frente a esa situación. Estos hechos, más las noticias de los movimientos liberales de Estados Unidos y Francia, crearon inquietudes de liberación entre la población de la Nueva España.

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