Las formaciones que se ven en el agua desplazándola de un lado a otro se llaman ondas.

El sonido y la luz también se transmiten por ondas semejantes a las que se producen en el agua.

Cuando una persona habla, el aire pasa por sus cuerdas vocales e igualmente las hace vibrar.

Partes de una onda.

Para describir los sonidos se toma en cuenta principalmente la longitud de onda y la frecuencia. La longitud de onda es la distancia que hay entre dos puntos iguales y consecutivos de la onda, por ejemplo, de una cresta a la siguiente o de un valle al que le sigue; y frecuencia es el número de veces que una onda pasa por un punto determinado cada segundo.

El sonido puede propagarse a través de sólidos, líquidos o gases como el aire; su velocidad depende del material y la temperatura del medio.

En el aire y cuando la temperatura ambiental es de 20º C, el sonido viaja a una velocidad de 340 metros por segundo; pero si lo hace en el agua alcanza 1 450 metros por segundo.

Un sonido se distingue de otro por su intensidad, tono y timbre.

La intensidad se define como la potencia del sonido; puede ser fuerte como el rugido de un león o el sonido de un tambor, o débil como un susurro.

Los diferentes tonos permiten que haya sonidos graves, como la música de un contrabajo o agudos como una flauta.

Los sonidos graves tienen una frecuencia menor que los agudos.

El timbre es el sonido peculiar que produce un objeto, aunque tenga la misma frecuencia o intensidad que otro.

Esto puede observarse si se escuchan los diferentes sonidos que producen los instrumentos de una orquesta, aunque toquen la misma melodía con las mismas notas; un piano tiene su propio sonido, así como una guitarra o una flauta tienen el propio.

El sentido del oído

Antes de inventarse la televisión, la gente se entretenía escuchando programas de radio. Las historias eran narradas por personas que cambiaban su tono de voz dependiendo de cada situación, además utilizaban toda clase de recursos para imitar sonidos que ayudaran a imaginar lo que estaba pasando. Si por ejemplo decían: "El carruaje se acercaba lentamente por el camino pedregoso, mientras la lluvia no cesaba", los productores golpeaban una mesa con cáscaras de coco para imitar el paso de caballos, trozos de lámina para simular los truenos y cubetas con agua para que pareciera lluvia.

Los sonidos permiten a las personas saber qué está sucediendo y comunicarse con los demás.

Esos sonidos son captados mediante el oído, que además de permitir escuchar, ayudan a mantener el equilibrio corporal.

Para estudiarlo, el oído se divide en tres partes: oído externo, oído medio y oído interno.

El oído externo está formado por el pabellón de la oreja, el conducto auditivo externo y una membrana delgada llamada tímpano.

El oído medio, por la trompa de Eustaquio y tres huesecillos: martillo, yunque y estribo.

El oído interno consta del laberinto, caracol y el nervio auditivo.

El oído y sus partes. Haz click aquí para ampliar la imagen.

Los sonidos son colectados por el pabellón de la oreja, luego pasan por el conducto auditivo hasta chocar con el tímpano haciéndolo vibrar. Eso provoca que los huesecillos que están al otro lado del tímpano también vibren y transmitan su movimiento al caracol. El interior del caracol contiene un líquido y unas estructuras semejantes a pelos delgados que presentan terminaciones nerviosas. Al moverse el líquido, esos pelos lo hacen también y con ello mandan las señales sonoras al nervio auditivo y éste las envía al cerebro.

Los oídos también intervienen regulando el equilibrio del cuerpo.

Cuando una persona ha estado dando vueltas en un carrusel y repentinamente se detiene, la sensación de mareo suele permanecer durante más tiempo. Eso sucede porque el líquido y las estructuras del interior del laberinto mandan un mensaje al cerebro indicando que la cabeza se está moviendo; cuando ya se detiene, un nuevo mensaje va al cerebro indicando que el movimiento ha cesado; sin embargo, aún cuando ya se detuvo, el líquido puede seguir moviéndose por un rato causando mareo.

Aunque existen millones de sonidos en la naturaleza, el ser humano no puede captar todos. Algunos animales tienen el sentido del oído más desarrollado y son capaces de percibir frecuencias que una persona no puede apreciar.

De los sonidos que se pueden escuchar, algunos suelen ser perjudiciales, principalmente si son muy fuertes, repentinos o constantes. Ruidos como el despegue de un avión o un taladro mecánico pueden desgarrar el tímpano y hacer perder la audición.

Para cuidar el oído, debe mantenerse limpio, evitar ruidos intensos o constantes y nunca introducir objetos en la oreja.

Al igual que existen perros guía para las personas invidentes, también hay perros entrenados para ayudar a quienes no pueden oír. Estos perros alertan a sus dueños sobre los sonidos que se producen a su alrededor.

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