La naturaleza cambia constantemente, algunos cambios son naturales y otros artificiales.

     Los cambios naturales son provocados por fenómenos como inundaciones, terremotos, huracanes, tornados, heladas, etcétera.

     Los artificiales son producidos por las acciones del ser humano, entre ellas están las siguientes:

  • Construcción de carreteras, caminos, puentes, ciudades, etcétera.

  • Desviación del cauce de los ríos para hacer presas o balnearios.

  • Tala inmoderada de bosques y selvas para convertirlos en zonas de cultivo, áreas para ganado o para explotación de la madera.

  • Incendios en zonas forestales para cambiar el uso del suelo.

  • Explotación exagerada de recursos naturales.

     Cuando esas acciones no son hechas de forma adecuada, a la naturaleza le es casi imposible reponerse.

     Un caso grave está ocurriendo con los bosques. En México se pierden anualmente entre 400 y 600 mil hectáreas de bosques, cifra que equivale a que cada año desapareciera totalmente la vegetación en estados del tamaño de Aguascalientes, Morelos o Colima; de seguir así los recursos boscosos se extinguirán en 40 años. Lo mismo ocurre con las selvas, que son lugares de gran biodiversidad.

     Las selvas se destruyen para convertirlas en terrenos de cultivo que al poco tiempo son abandonados, pues el suelo de la selva no sirve para eso; también arrasan con la vegetación para sembrar pastos para el ganado.

     Al destruirlas, no sólo acaban con la vegetación, sino con los animales que dependen de ella.

     Otra consecuencia es que la atmósfera recibe menos oxígeno por la falta de vegetación y el clima se vuelve más caluroso y seco; la falta de árboles también afecta al agua, porque ellos retienen la lluvia y la humedad, al quitarlos llueve menos y llega menor cantidad de agua a los ríos, lagos o depósitos subterráneos.

     Día con día se talan selvas para dar otro uso al terreno, acabando no solamente con la vegetación, sino con la fauna tan variada que habita en ellos.

     Para conservar los recursos naturales se deben aprovechar sin destruirlos; es posible utilizar lo que nos brinda la naturaleza sin hacerle daño.

     El primer paso consiste en conocer el ecosistema, cómo funciona y qué tipo de plantas y animales habitan en él.

     Por ejemplo, una comunidad que viva cerca de un bosque de pinos sabe que estos árboles tardan cerca de 30 años en crecer, por lo tanto no los cortará todos al mismo tiempo, porque se quedarían sin nada. En cambio, van cortando los árboles viejos y reponiéndolos con nuevos, para mantener el recurso indefinidamente.

     De igual manera evitarán extinguir a los animales que viven allí si saben que su presencia es útil para mantener el equilibrio del bosque y la armonía en las cadenas alimentarias.

     Si en ese bosque vivieran zorros y ardillas y la gente cazara a los zorros, las ardillas se reproducirían tanto que después las poblaciones serían tan numerosas que acabarían con el recurso, perjudicando a la comunidad que depende de ellos.

     Un bosque o cualquier otro ecosistema se mantiene en equilibrio de forma natural, por ello, al aprovechar los recursos, se debe tomar en cuenta no sólo el recurso en sí, sino también a los seres vivos que dependen de él.

     Desde pequeños, se debe aprender a cuidar los recursos, para tener siempre presente la importancia de proteger a la naturaleza.

 

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